Definición de destierro

Written by on 23 junio, 2019 in Academia, Critica, Política, Sociedad - No comments
Academia. Política. Sociedad. Crítica.
Por Hugo J. Byrne.

Logo. Author: Mr. Penguin 20. Wikimedia Commons.

Dedico este trabajo in memoriam a mi amigo el capitán piloto René García, héroe de la Brigada 2506 y del Congo en 1963-64, donde los guerreros de Cuba libre batieron a los terroristas de Guevara.
Cuando en septiembre de 1961 arribé por la vez primera a esta tierra norteamericana, el primer exiliado político que me encontré era un antiguo compañero de luchas. Este viejo amigo irradiaba optimismo y confianza en el futuro de Cuba, los que se manifestaban en su pensamiento: “Nunca te preocupes por lo que haga el prójimo, cumple siempre tu obligación cubana y olvídate del resto. Yo procuro que no pase un solo día sin hacer algo práctico contra el régimen”. Y con convicción firme, agregaba: “Si todos y cada uno de aquellos que abandonamos Cuba por oposición a la tiranía hacen otro tanto, los días de Castro están contados”.
 
Ese patriota de cuerpo entero no imaginaba que alguien abandonara Cuba solamente para escapar del oprobio totalitario. El exilio presumía para mi amigo una decisión colectiva, no sólo de escapar de un sistema que sofocaba la esencia fundamental del ser humano, sino al mismo tiempo un paréntesis vital, una retirada estratégica que garantizara la supervivencia y por consiguiente la habilidad de luchar por la libertad de la patria una vez más.
Este cubano, quien pasó a la historia hace muchos, años  era un verdadero exiliado político. ¿Lo es quien escribe estas líneas? ¿Lo es Vd., amable lector?

Plaque in front of Versailles Restaurant, Little Havana, Miami, Florida. 26 de abril de 2008. Author: Jesper Rautell Balle. Wikimedia Commons.

Tratemos de definir serenamente, sin ánimo ofensivo ni divisionista, la frase “exilio político”. Y aprendamos si esa definición de veras se nos aplica, pues es fundamental saber si realmente somos exiliados, o sólo creemos serlo, sin actuar como tales. Actuar es en este caso como en todos, el verbo que define. Aceptemos que solamente la acción nos cambia. El pensamiento nos deja en el mismo lugar en el espacio, pero la actividad nos mueve. Nos avanza si inteligente y práctica y nos retrocede si festinada y estúpida, pero siempre nos mueve. ¿No ha conocido el lector una persona de esas que se pasa la vida soñando proyectos brillantes, los mismos que nunca lleva a cabo? La vida se le termina cuando aún alimenta esas quimeras, las que permanecen para siempre quimeras.
 
La actuación en el caso del exiliado político siempre entraña sacrificio. Pues, ¿cómo es posible hacer algo práctico contra la tiranía, sin dedicar el tiempo necesario para esta actividad? Y ¿cómo es posible que podamos “encontrar el tiempo necesario” si nuestro día, nuestra semana, nuestro mes, los últimos cinco años fueron totalmente consumidos por nuestras obligaciones laborales y familiares? Este es un argumento poco válido.
 
Seamos honestos en la respuesta a estos interrogantes; durante todos estos años, ¿nunca tomamos vacaciones, ido al cine, a la playa, a un museo, nunca nos ocupamos en alguna actividad ajena a las obligaciones cotidianas? Durante ese tiempo, ¿nunca encontramos unos minutos para mantener, en beneficio de nuestra conciencia, la honrosa condición de exiliados?
 
Existe otro argumento totalmente espurio que pretende justificar la inacción de quien lo esgrime y que sólo resulta en insulto a la inteligencia de quien lo escucha: “¡Que me llamen cuando se unan! ¡El exilio está totalmente dividido y lleno de individuos que engañan a todo el mundo con promesas incumplidas y que pintan situaciones que no responden a la realidad!
 
¿Qué relación existe entre la división del exilio o las inconsistencias de otros y la pasividad e inactividad de esos presuntos exiliados? ¿Es este un argumento legítimo? No. Es sólo una pobre excusa nacida del deseo de autojustificación.
Si realmente deseamos la unificación del exilio, ¿por qué no trabajamos para alcanzar ese objetivo? ¿Es quizás que nos hemos cansado? Félix Varela, José A. Saco y Francisco Aguilera nunca se cansaron. Ciertamente Martí nunca se cansó. Gracias a su perseverancia se logró la República. Mientras dure la tiranía el exiliado no tiene derecho a cansarse. Martí, quien como nosotros pasó en el destierro más de la mitad de su vida, definió ese deber así: “De la patria puede tal vez desertarse, pero nunca de su desventura”.
 
Recuerdo un individuo quien sostenía que el ser humano tiene que imitar lo que hacen quienes lo rodean: “Si estoy en la administración pública y veo que todo el mundo roba, yo robo también. Y si Vd. se cree por encima de eso y se encuentra en la misma situación, verá que Vd. también roba”. Le respondí que sólo los carneros hacen lo mismo que ven hacer a sus semejantes y que yo era hombre, no carnero. Le dije que gracias a Dios y a mis padres, poseía una conciencia moral y que trataba que esa conciencia presidiera mi vida.
 
La definición más adecuada al destierro político la da la firmeza y continuidad de ese exilio. Si Vd. amable lector abandonó el territorio cubano como protesta al régimen que lo destruye y como vía para obtener la desaparición de ese régimen, mientras ese último objetivo no se logre Ud. debe permanecer en el exilio, para poder llamarse exiliado. Quien abandona esa posición visitando Cuba bajo Castro, simplemente renuncia a ser exiliado. Eso no quiere decir que quien lo haga sea necesariamente malvado. Conozco emigrantes económicos que son muy buenas personas y mejores amigos. Este cronista no trata de decirle a nadie lo que tiene que hacer. Dios me libre de semejante pretensión. Ese debate dfícil es esencialmente entre cada cubano y su conciencia.
 
Por lo que a mí respecta, tengo problemas circulatorios para los que estar mucho tiempo sentado no ayuda a los 84. Pero no puedo escribir en mi PC de otra manera. Viene a la memoria un aforismo del forjador de nuestra nacionalidad José Martí, quien parece haber previsto muchos de los tristes derroteros de nuestra historia: 
 
“Mientras un pueblo no tenga conquistados sus derechos, el hijo suyo que pisa en son de fiesta la casa de quienes se lo conculcan, es enemigo de su pueblo”.
[Pasadena, 22 de junio de 2019]
©Hugo J. Byrne. All Rights Reserved

About the Author

Nacido en la Ciudad de Matanzas el 8 de octubre de 1934 Padres: Mario F. Byrne y María J. Roque de Byrne. Datos académicos: Bachiller en Ciencias, dos años en la Escuela de Arquitectura de la Universidad de La Habana, diplomado como Dibujante Profesional por la Escuela de Artes y Oficios Fernando Aguado y Rico, de La Habana. Datos Profesionales: Más de treinta años de trabajo en varias multinacionales de Ingeniería y Construcción, incluyendo Bechtel Corp., Fluor Daniel, etc. Retirado en 1996. Militancia: Antiguo miembro de Unión Nacional de Integración Revolucionaria (UNIR) y de la Organización Revolucionaria Triple A. Servicio honorable en el Ejército de Los Estados Unidos. Vicepresidente Ejecutivo de Frente Baraguá (Delegación de California). Periodismo/Ensayo: Antiguo editor político del desaparecido semanario La Prensa de Los Angeles. Columnista del periódico 20 de Mayo. Colaboraciones a Contacto, The Orange County Register, etc.

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