La poesía de Amada García Puentes

Written by on 14 febrero, 2018 in Critica, Literatura, Poesia - No comments
Literatura. Poesía. Crítica.
Por Waldo González López.

Conocí a la poeta hispana Amada García Puentes el año pasado, en ocasión de una visita suya a Miami, adonde viajara con otro destacado escritor: José María Álvarez, laureado poeta y narrador también español, invitados por sus colegamigos Patricio E. Palacios y Maricel Mayor Marsán, ambos director y subdirectora respectivamente de Ediciones Baquiana, como asimismo creadores.

Gracias a ellos, los amantes de la buena poesía pudieron disfrutar de un encuentro y lectura de poemas de José María en el Centro Cultural Español, como otro de ambos en Art Emporiun Gallery, donde fueron invitados por Vivian Pérez, profesora universitaria y artista plástica, gracias a la que el público participó de la agradable velada, tras la cual Amada me obsequió gentilmente sus cuatro poemarios.

Mucho disfruté la detenida, morosa lectura de los cuadernos de la poeta —nacida en la Cartagena de 1956—: Viento de Levante (I Premio Valdemembra, 2001), Mientras todo sucede (2005), Voluntad de piel (2006) y Bronce (2007), como de otro inédito: La última Coca Cola del desierto y 9 poemas sin título, que me enviara tras su regreso a España.

Antes de entrar en el análisis de otros aspectos de su poesía, creo oportuno señalar las lecturas de Amada en esos momentos (horas, días…) tan decisivos para quienes nos dedicamos a escribir poiesis: ‘conocimiento’ y ‘creación’, según la traducción al español de esa mágica palabra del griego antiguo.

Así, de acuerdo con los fragmentos de versos de otros poetas que prefiguran, como heraldos, los textos de su segundo libro: Mientras todo sucede, aparecen los grandes nombres de Kavafis, Unamuno, José Hierro y Pessoa, quienes, de algún modo, definen su propia poesía, en tanto la sustentan.

Ahora evalúo varias características observadas en los cinco títulos, que ofrecen las que considero las más significativas aristas de su quehacer. Ante todo, Amada revela una definida voluntad de estilo, significativa peculiaridad no siempre lograda por los poetas y narradores, a pesar de ser anhelada por tantos, por todos.

Arthur Rimbaud (1854-1891), Les illuminations. Lithographs by Fernand Léger, preface by Henry Miller. Lausanne: Éditions des Gaules, 1949. One of 395 copies. Graphic Arts Collection 2014- in process. From Pinceton University.

Y justamente en todos sus textos sobresale otra virtud que denomino: iluminación, por emplear un término grato al gran poeta galo Arthur Rimbaud, quien titulara su definitorio y definitivo volumen de poemas en prosa Les illuminations (1886), vocablo a su vez, retomado en la filosofia moderna por el notable pensador alemán Martin Heidegger (1889-1976).

Mas, se observan, además, entre otros recursos: el lirismo, la sugerencia, el erotismo, la evocación, la (leve) ironía, el neologismo y la síntesis que, en amplio haz, trazan una amplia parábola donde se incluye una temática común, pero que por su tratamiento, aquí alcanza alto vuelo: el amor, nutrido de aristas complementarias: la ternura, la soledad y otras, dibujadas con la fina caligrafia de la nostalgia, leídas y/o escuchadas, siempre disfrutadas, como la chanson medieval que tanto marcara la canción contemporánea, interpretada por las ya míticas voces de Gilbert Bécaud, Edith Piaf, Jacques Brel y otros.

Así, leemos en el poema inicial de su primer libro: Viento de Levante, los siguientes versos que confirman mis palabras sobre la asunción de la nostalgia en su poética: «Parece que solo nos pertenece el recuerdo. / Como si la vida fuera un ido. Y el hoy, / levantara sobre historias donde hay luz / mediterranea, aire  mojado, ruido de olas que llegan / de tiempos desconocidos. // Acaso tememos  que somos en verdad  solo recuerdo. / Fragmentos construidos, museos con humo, / denso paso de existencia perpetua».

Creative Commons CC0.

Solo pocas páginas adelante, acontece, suave, el sugerente erotismo, enriquecido por un atinado neologismo de la poeta, subrayado con negritas por mí—: «En el encuentro silencioso / dentro de la luz de las sombras / escucho el rumor de mi sangre. / Labios que cabellean al viento […] Te busco entre los pliegues / de mi piel, en todas / las temperaturas del otoño, / en cada estremecer».
Y en otro momento y poema —al evocar Amada el consejo y brevisimo poema de Juan Ramón (¿es necesario el apellido Jiménez?): «¡No le toques ya más, / que así es la rosa!», incluido por el poeta en la tercera edición de su cuaderno Piedra y cielo, publicada en la Buenos Aires de 1968—, Amada escribe, precisa, al escoger solo las necesarias palabras para obtener la justa proporción: «Me ciñes a tu cuerpo. / Sigues inquietante la suavidad de mi piel. / Te detienes en aquellos / confesados secretos. Lugares / para desesperar en el suave / mar de angustias y suspiros. // Adormeces. // Reclino mi ser agotado / y me cubro de olor, / de tu silencio, del después».

Particolare de ” Amore e Psiche”. Antonio Canova. 1788. 23 April 2007 (original upload date). Louvre Museum. Wikimedia Commons.

En su segundo poemario Mientras todo sucede aumenta la dosis de erotismo, mas, como en el anterior, que llevado por las extremas sensibilidad y fineza de Amada, le permite, tal bien remarcara Pascual García en su prólogo: «Las manos del olvido», su andar «bajo el que circula un río turbio de tristeza, un subterráneo de secretos y asechanzas que desembocan en el misterio mismo».

Tanto mi apreciación como la del colega hispano, se corroboran en los siguientes versos de uno de los primeros textos: «He sentado la noche», donde, sucinta, expresa: «Con el cuerpo de siempre / llenas la cama de almizcle y sexo. / La luna tiene la sombra de las manos frías. / Tú no sabes cómo duele la soledad. / Me recojo sobre mi destino. / Mira mis ojos, son la huella / de silencios antiguos y cansados».

Asimismo en este cuyo título es igualmente el primer verso, reaparece ese halo: «No sé si reconocería / un trozo de mi piel / entre otras pieles. / Si el color de mis ojos / en otros ojos / son los mismos ojos, / ni si mis dedos y mis manos / son la misma vida / de tus manos y tus dedos. / Si mis labios llevan / el sabor de los besos / de los labios que te han besado. Tampoco sé, / si reconocería un pequeño corazón / ya que trato con la derrota. // Pero es la llegada de la luz oscura / la que temen mis ojos.»

En su siguiente cuaderno, Voluntad de piel, justamente me detengo más, porque el erotismo es dimensionado por la poeta, quien entrega breves textos sin título en los que, justamente por su síntesis, crece también su prolijo discurso, tal se constata en el siguiente fragmento: «Viene el mar a ver / unos ojos de gato. / Tu boca sabe / a luz tardía y sexo. / Tu mano me abraza / como la niebla.»

Como en este poema, donde el sensualismo cobra aun más audaz belleza: «Atrapo tu mano protegida / la dirijo serena y firme / entre mis muslos inquietos. / Me acerco suave a besar tus ojos».

Del propio modo, sucede en «Esclavo de tu imagen / avanzas sinuoso / los brazos, las manos, / el torso, las piernas / en un recorrido / suave, rapido, feroz / por tus deseos / como la caída del jaguar / durante la siesta.»

Y aun crece más en «Dos cuerpos desnudos / descansan en la cama. / Las palabras de las manos rozan / descuidadamente el costado tendido / sudorosos por el placer. / Los rostros del remanso / corren livianos sus ojos / en el sonido íntimo del aire.»

Siempre el lirismo le sirve de puntual compañía a sus versos, según acontece en el siguiente: «Junto a un copa recuerdo el mar / llovido en la mañana. / La brisa mueve el alcohol en mi memoria. // Comienzo a sentir más allá del juicio / el sonido de las olas ya rotas / que mecen los muslos en el salado sabor del verano / en la luna de los amantes, / donde dos cuerpos de agua y sal, / durmieron semidesnudos bañados en el levante. / Unidas las manos en la alta noche / sin palabras que tocaran las pieles / ni esperando más albas. / Fuimos agua y calor.»

La arena húmeda es la huella del viento. Creative Commons.

Y ya casi al final de este breve, pero intenso haz de poemas, surge el clímax erótico/poético del sucinto y, por ello, excelente trío de textos: «La arena húmeda es la huella del viento. / El crepúsculo al poniente evoca en el mar batido, /  la perdida de tu cuerpo, lo único que quería /…y que aún deseo. / Quise poseerte por dentro, / moverme esa noche /…tu sexo.»

«Es suave la luz que yace / en tu rostro, esa sonrisa de huella mojada, / los poros abiertos en la piel, / la diferente humedad en los muslos / producida al frotar mi sexo abierto / restregándome sobre ti, enardecida, / pidiendo más terso el músculo, / más alto baile y más vigor en la embestida, /  donde nada existe de lo que eres, / donde la palabra y el sexo / son sudor, humedad, color, sabor, olor… / Donde no hay besos.»

Y el último de la tríada, que no por breve, resulta menos intenso: «Deslizar boca y dedos, / mantener silencios, / los ojos brillantes, / carnosos los labios, / hacer el tiempo, / porque el deseo hay que saciarlo / con otro cuerpo.»

En su cuarto volumen, Bronce, Amada apenas parece distanciarse algo de la poesía erótica, aunque sin olvidarla del todo, pues en ciertos momentos reaparece, teñida por el enigma del tiempo, la trascendencia y la muerte, para corroborar  que, según afirma con acierto en su prólogo Carmen Escribano:

Nos encontramos ante una poeta cuya vida y obra son culto a la trascendencia, conductor de calor entre el género humano, capaz de acuñar la palabra, confiriendole el valor  del tiempo y el sentimiento, espejo donde vienen a descubrirse autora y lector, el Universo entero.

De tal suerte, igualmente titula sus poemas con los primeros versos, tal ya demuestra en su breve «El camisón de seda, / las ventanas abiertas, / el perro a mis pies, / el mar, el aire, olvido, / la bondad vendida. / Un fuerte brandy / para los que conocéis el sabor a hiel.»

Carretera de asfalto en la puesta de sol. Libre de derechos.

Las preocupaciones existenciales resurgen en «Sin destino seguro /  ni tocar la carne, etérea en la mar lejana, / suena al alba una voz, / para bruñir la muerte.»

Como en este, aun dotado de mayor nostalgia por los idus perdidos: «Nada tengo, / yo que tuve todo. // Tuve padre que no está, tengo / madre que el tiempo atrapó, /  y jugué con hermanos bajo la luz. / Pero la mar sí está en mis ojos. //  No queda nada, / nadie, / ni lugares. // Tuve la mar y su luz / y tu cuerpo y el mío /dorados y libres / no pudieron esperar.»

En otro instante, remontará a la literatura clásica, para ofrecer este excelente poema: «El alma en desorden, / el candado en la puerta. / Derrotas. / El amor de Marco Antonio / reclamado por su reina, / el lado de tu cuerpo /  en el aire del verano, / los ojos y el cielo, / un desván almacena la vida. / La mar que posee el sabor de la eternidad.»

Otro poema, dedicado a su colegamigo y coterráneo José María Álvarez —con quien, tal dije antes, viajara a Miami— evidencia una vez más el aliento conceptual de su poética, alegórica, sugerente. Leámoslo: «Una silueta de fórcola / se desplaza por el cuerpo. / El viento y su noche / como sorda brisa de oro, / cubre las cúpulas de niebla / y los suelos de agua, / para doblegar los ojos / y quedar dormidos / sin saber  a dónde.»

Su quinto poemario, La última Coca Cola del desierto y nueve poemas sin título, evidencia en uno de sus primeros textos: «Material  de aprendizaje», la calidad ascendente de su obra, aliada a la “salvaje nostalgia”: «Todos mis maestros han muerto / mi padre, mi psiquiatra, mi perro… / Quedan las lecturas, la música, / el vacío en las raíces, / el movimiento del aire, / la locura, el insomnio, / vagar en la cama con la mirada / ocupada y las manos llenas de huellas. / Es otro día, / será otro paseo en la nada / otra confusión, otra rutina / y tu voz trae placeres / consigue ahuyentar la locura, / para volver a los dorados rincones, / a tu mano y a mi cuerpo.»

En otro momento: «Aún queda tarde», siguiendo su línea poética, escribirá: «El invierno es más desolador. / El frío interno nunca te abandona / y no es por la edad, / es la deuda como lesión de vida.».

Más adelante, damos con otro texto de valía, también sugerente, por cuya calidad, comparto con el lector: «Vestida por la madrugada» / El bullicio ruge a través de la ventana, / imagino los coches, las motos, la gente / las copas, los rápidos sabores a labios ligeros, / localizar los dispensadores en la farmacia de guardia, / ¡Algo mejor que una noche sin nombre y adiós! // En tu cama amaneces, / Puede que se repita algo parecido, o no. / Recoger, nada. Nadie. // Qué equivocación querer envejecer a mi lado / o desear una foto con ese tacto mimoso; como mucho, si te ha valido la pena, / guardarás una sonrisa feroz en tu mente,  / ninguna fecha, un olor y un sabor endiablado / como un recuerdo incurable.Por último, concluyo este comentario y, a un tiempo, breve periplo por su hermosa poética, guiada por un delicado erotismo que evita lo vulgar, para asumir la propia poesía vertida en ese acto esencial y no menos poético: la entrega de dos cuerpos que se aman y desean.

De tal suerte, confiere al lector estos hermosos versos: «Dominar a la bestia» / El gemido del sexo / vence al lamento en la noche, / y antes que esto suceda, / las palabras son una letania. / La vela ha prendido bajo el aceite, / olor a mezcla de romero y linaza. / Fausto y su Diablo. Ha nevado. / Es verano, apetece  / abrir el cielo…»

En fin, confío haber demostrado que la poética de Amada García Puentes trasciende como un hecho literario y estético relevante por las característcas apuntadas y corroboradas por los lectores en este breve pero sólido análisis.

 

 

 

©Waldo González López. All Rights Reserved

 

 

About the Author

Waldo Gonzalez Lopez es poeta, ensayista, crítico literario y teatral, y periodista cultural cubano residente en Miami. Primero en la Isla, desarrollaría durante decadas una intensa y extensa labor cultural, como asimismo desde su arribo en 2011 a La Florida, donde mantiene una intensa vida cultural: integra el Pen Club de Escritores Cubanos del Exilio y colabora con la Academia Norteamericana de la Lengua Española (ANLE, filial de la RAE) y su revista RANLE (Nueva York), como de distintas webs y blogs: Encuentro de la Cultura Cubana (España) y teatro en miami.com (Miami); las revistas digitales Otro Lunes (Alemania), Palabra Abierta (California), Baquiana y Letra Urbana (Miami), como el blog Gaspar. El Lugareño. Asimismo, ha sido jurado en los Concursos Internacionales de Poesía: Voces de Hoy (2012) y «Facundo Cabral», del Gremio de Artistas Latinoamericanos (GALA, 2013). Igualmente, en los eventos escénicos: I Festival Internacional de Obras de Pequeño Formato (ArtSpoken, 2011) y I Festival Internacional de la Comedia (Havanafama, 2013), como de dos ediciones de los Miami Life Awards. Ha participado en dos importantes eventos teórico-escénicos: con una ponencia sobre la dramaturgia de Cristina Rebull el «Congreso Internacional de Dramaturgia y Artes Escénicas. Teoría y Práctica del Teatro Cubano del Exilio Celebrando a Virgilio Piñera, en su Centenario» (Universidad de Miami, 2012) y con el también crítico teatral Luis de la Paz, realizó la edición, para su lectura dramatizada, de la pieza de Héctor Santiago: Vida y pasión de La Peregrina (Premio Letras de Oro de Teatro, 1995) en el Congreso Internacional «Peregrinar sin ausentarse: Gertrudis Gómez de Avellaneda y Gastón Baquero, un puente perdurable entre Cuba y España», efectuado en junio, 2014, en la Universidad Internacional de La Florida. Integró los Consejos Asesores del Festival Internacional de Monólogo “A una voz” y del Gremio de los Artistas Latinoamericanos (GALA). Tercer Premio de Poesía en el Concurso Internacional «Lincoln-Martí» (mayo, 2012), en julio de 2015, Ediciones Baquiana publicó, en su Colección Caminos de la Poesía, su tercera antología poética y primera en Miami: Trazo estos signos en la arena, presentada en el Koubek Center por la poeta, narradora, dramaturga y profesora universitaria Dra. Maricel Mayor Marsán, el laureado narrador y dramaturgo Rodolfo Pérez Valero y el periodista y promotor cultural Baltasar Santiago Martín.

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