El debate sobre el fascismo y la guerra en el exilio italiano en Argentina

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Historia. Pensamiento. Academia.
Por María Luján Leiva.

Italianos en la Argentina. Foto tomada de “Círculo Italiano de Buenos Aires”.

El propósito de esta ponencia es concentrarse en los italianos antifascistas en Argentina en el espacio temporal (1922-1945) que se extiende desde la llegada de los primeros refugiados por las persecuciones de Benito Mussolini hasta el fin de la Segunda Guerra Mundial.  Este numeroso grupo de refugiados se inserta en una colectividad amplia y organizada, fruto de la inmigración masiva previa, con importantes nexos con el mundo político e intelectual local, regional e internacional. La inmigración laboral italiana se caracterizó por contar con contingentes politizados en un espectro abarcativo del liberalismo republicano, el socialismo, el anarquismo y el marxismo. La llegada del fascismo (1922) produce una renovación del colectivo, con los llamados fuoriusciti. En la ponencia se señalarán las tensiones internas del grupo y en relación con la política local y las colectividades exiliadas en otros países. La diáspora antifascista emprende también la discusión sobre los orígenes y consecuencias de las guerras mundiales, como también el posicionamiento frente a la guerra colonial en Etiopía y la guerra de España, la reordenación del mundo una vez vencido el fascismo. El aporte de la diáspora se resolvía entre el seguimiento de las directivas provenientes de los centros decisionales en Europa y Estados Unidos aportando también  valiosas contribuciones locales.

Introducción

La inmigración/emigración italiana constituye un tema fundamental de la historia contemporánea, con más precisión a partir de la segunda mitad del siglo XIX. En este momento poblacional, se produce un encuentro de pueblos, determinados por cambios estructurales profundos de la economía, la sociedad y la política, sea en Italia como en la Argentina.

Italia considerada entonces como un país que apelaba a la emigración de masa como respuesta a los desequilibrios producidos por un desarrollo capitalista tardío y desigual, concentrado en el norte, acentuando  más que remediando las diferencias regionales. Esta  división norte (industrial o en proceso de industrialización) con el sur de preponderancia agrícola, que por un siglo y medio se convertiría en una situación  estructural y una fuente renovada de mano de obra disponible a la emigración regional e internacional.

La emigración masiva y la cuestión meridional se relacionaban con la particular política económica de la Italia posunitaria y la conformación de un bloque político formado por la burguesía capitalista del norte y la agraria del centro y el sur de Italia. La liberalización de la emigración por parte de la burguesía liberal italiana fue una “operación de ahorro”, “un sustituto de la caridad pública” (Sori:73)   y la activación de la  “válvula de seguridad” cuando las tensiones sociales y políticas se tornaban amenazantes para el desarrollo del capitalismo italiano y la reproducción de la clase política tradicional. Precisamente, esta emigración económica masiva estuvo acompañada por una emigración política consistente, en cantidad y en capacidad de activismo y tejido de redes entre los diferentes lugares de la emigración (Buenos Aires, Montevideo, Nueva York, París, Marsella, Viena, los distintos cantones suizos, Alejandría, Egipto y Constantinopla). Esta emigración política y económica se inicia incluso con anterioridad a la Unidad Italiana, la migración Risorgimentale  y se continúa en el período posunitario. La emigración política no cesó desde Italia y se “entrelazó y acompañó a la inmigración económica de los trabajadores”. (Ragiomeri, 1962:647). Los italianos se insertaron como trabajadores inmigrantes en movimientos obreros de mayor tradición y organización en Alemania, Francia o devinieron  sujetos políticos determinantes para el nacimiento y organización de los movimientos obreros en países tales como Argentina, Uruguay y Brasil.

Esta inserción en las sociedades de inmigración no debe entenderse como desentendimiento de la política italiana y del movimiento obrero internacional. Precisamente, en los prolegómenos de la declaración de la guerra de 1914, ante el temor de una  insurrección en Italia, preocupaba  la capacidad de propaganda,  de visualización y de financiamiento por parte de los “emigrados políticos italianos” (republicanos, socialistas, anarquistas) que se encontraban en Francia, Suiza, Nueva York, Londres y Buenos Aires (Vigezzi:249) entre quienes la propaganda antimilitarista, oposición a la guerra, antimonárquica, era muy fuerte y encontraba eco en sectores afines a lo ideológico y en  pertenencia de clase de los países de emigración. Un feed back inesperado y obviamente poco agradecido por parte de los sectores tradicionales de Italia y del exterior.

Squadrismo. Wikipedia.

El componente de la emigración que dejó Italia después del 1922 presenta trazos diferentes a las precedentes: una componente política indudable, especialmente proveniente de las zonas centrales y septentrionales donde la violencia squadrista había tornado insegura la vida y la posibilidad de trabajo; trabajadores con mayor capacitación técnica y políticamente más formados.

Se inicia así un período nuevo, donde la discusión acerca de la participación en la política italiana es predominante, renovación del colectivo inmigrante, reforzamiento de los sectores más críticos en el seno de los partidos y organizaciones socialistas, republicanas y comunistas locales, e incluso surgimiento de diferencias generacionales con los más jóvenes ansiosos de una agenda con prevalencia de temas locales.

La situación local, italiana e internacional estarán imbricadas fuertemente hasta el fin de la guerra. No pueden separarse. Su estudio  implica un esfuerzo de conocimiento de lo histórico-social-político de las dos realidades (Italia y Argentina) como mínimo, más  sería incluso desviante esta bilocalidad porque el exilio conforma una red densa de asociaciones, relaciones, publicaciones y residencias cambiantes de los exiliados debido a los avances de la ocupación nazi y/o expulsiones desde los países de acogida. Alianzas políticas y redes que entraman Francia, Bélgica, Estados Unidos, Montevideo e incluso México, después de la derrota de la España republicana. En las distintas fases se podrá observar el cambiante peso en lo organizativo y en la discusión teórica de las distintas diásporas, dependiendo no solo de la cantidad y la capacidad de acción de los grupos exiliados, sino de los acontecimientos históricos (crisis del 30, la guerra de España, la invasión alemana en Bélgica, Francia). Nótese, como ejemplo, el largo predominio de Francia al modo de foco rector del exilio antifascista con sus políticas e intelectuales refugiados, luego el péndulo oscila hacia Estados Unidos, con implicancias importantes para la posguerra. La Argentina siempre ocupó un lugar destacado, por la cantidad de asociaciones y su larga historia de emigración política desde el Risorgimento y por la posibilidad de ponerse al flanco de asociaciones, partidos, movimientos obreros locales y con otras activas comunidades inmigradas (españoles, alemanes, polacos, franceses, judíos, etc.). Fue un período en que la participación de la lucha por la libertad y democracia en Italia, representaba un proceso de defensa de la democracia en la sociedad argentina, también está amenazada de corrientes fascistas, reaccionarias y militarismo.

El estudio del exilio antifascista implica una superación del nacionalismo metodológico: la historia de la emigración separada de la historia de la inmigración. Son realidades, procesos inseparables para una comprensión profunda y a la vez compleja.

Primeras organizaciones antifascistas

Italia fue el primer país donde se estableció la dictadura fascista, favorecida por el apoyo monárquico y el aparato del Estado, por la Iglesia y los fuertes sectores económicos agrarios e industriales. Los partidos de izquierda y el movimiento obrero demoraron en entender la nueva naturaleza del proceso político que se abría a la violencia, el individualismo, la prepotencia y la instauración de un régimen que impediría la vida social, política y cultural democrática y que negaba la fraternidad de los hombres (Polanyi: 245).

El triunfo de la revolución socialista en Rusia y el peso político y de organización de la clase obrera alcanzado durante el Bienio Rojo había convencido a los sectores de izquierda de la posibilidad de una insurrección victoriosa contra la monarquía y el capitalismo. Sin embargo, la situación internacional y la relación de fuerzas entre las elites capitalistas y los trabajadores habían cambiado en beneficio de los primeros. Las burguesías decidieron abjurar del liberalismo político y económico en pos de mantener la estructura del poder económico, talando el creciente peso que en la vida social y política habían alcanzado los trabajadores. Se tejió una alianza de la burguesía agraria e industrial con los sectores medios y pequeños burgueses captados por la demagogia anticapitalista para justificar el ascenso de un “gobierno fuerte” que prometiera soluciones fáciles a problemas difíciles, aunque fuese  a cualquier precio final (Polanyi: 245).

Este proceso de instauración del fascismo fue precedido por una violencia squadrista ejercida contra asociaciones de trabajadores, bibliotecas populares, cooperativas, casas del pueblo, poniendo en acto el lema fascista que duraría un ventenio “Rendere la vita impossibile” a los opositores.

Argentina. Hinchada antifascista. Del blog “El bar de Fabián”.

Ya a partir de 1922 arribaron a Buenos Aires los primeros emigrantes políticos antifascistas y las publicaciones italianas y argentinas se hacen eco declarándose contrarias al cambio de régimenen Italia. El antifascismo encontrará un terreno fértil en los grupos políticos de izquierda, Partido Socialista, Partido Socialista Internacional, el Partido Comunista y en las fuertes organizaciones anarquistas. Tengamos presente que la Argentina atravesaba un momento político de “ensanchamiento de la democracia” contemporáneamente a fuertes represiones obreras durante la Semana Trágica (enero 1919) y en las huelgas patagónicas investigadas magistralmente por Osvaldo Bayer.

Los nuevos exiliados procuraron por un lado insertarse en los partidos y asociaciones, ya existentes, mientras iniciaban la estrategia de reconstrucción de sus propios  partidos en el exilio. La actividad antifascista se despliega en distintas áreas: a) nivel de partidos y movimientos (Partido Socialista), Partido Comunista, Partido Republicano y los grupos anarquistas. b) a nivel de asociacionismo mutualista y regional c) frentes antifascistas

Partidos Políticos Italianos  en el Exilio en Argentina

Las dos tendencias del socialismo italiano: la reformista y la maximalista se organizan en Buenos Aires en el seno del Partido Socialista Argentino que pone a disposición su estructura partidaria. Estos exiliados prontamente introducen nuevas temáticas y propuestas de acción política más radicales que la posición reformista de Juan B. Justo, Adolfo Dickman y Nicolás Repetto. La tendencia maximalista resultaba la más fuerte con 12 secciones en Buenos Aires (Boca, Parque Chacabuco, Ciudadela) y en las provincias: Mar del Plata, Rosario, Tandil, Mendoza y Pergamino. Es interesante recalcar que se desarrollaron propuestas de superar las divisiones internas tanto del Partido Socialista Italiano como del Partido Socialista Argentino (escisión con De Tommaso y Federico Pinedo).

El peso político de Francia como núcleo decisional y organizativo de los socialistas en exilio y las dificultades económicas y de comunicación obraron negativamente en cuidar el apoyo y la relación con el movimiento en Argentina. Esto influyó negativamente en el desarrollo de los partidos latinoamericanos y dificultó la ayuda desde el Cono Sur cuando se desencadenó más agudamente la persecución fascista y de los nazis en Europa.

Las organizaciones comunistas

El Partido Comunista en la Argentina de la década del 20 estaba constituido preponderantemente de una base obrera, con menos figuras intelectuales y profesionales que el Partido Socialista. La llegada a Buenos Aires del exdiputado italiano Giuseppe Tuntar significó una renovación que lamentablemente terminó en escisión y luego expulsión de Tuntar, opuesto a seguir la línea de fidelidad a Moscú y a la preponderancia en la temática argentina (Leiva, 1982:559). El grupo escindido publicó con grandes dificultades L´Antifascista e Il Lavoratore.

Los anarquistas

Anarquismo. Tomado del blog El Libertario.

Errico Maslatesta. Wikimedia Commons

Los viejos militantes antifascistas lo consideraban el grupo más organizado de los años 20. Sin embargo estuvieron atravesados por la discusión sobre el recurso a la  violencia en la lucha contra el fascismo. El exilio de Luigi Fabbri en Montevideo permitió una renovación de la discusión teórica, de la difusión de ideas y disminución de la violencia que, sin embargo, no significó una acción común contra el fascismo ni siquiera con los diferentes grupos anarquistas (Fabbri Luce, 1996). Se fortaleció la línea malatestiana, leída  a través de L´Adunata, Risveglio, Studi Sociali, donde Errico Malatesta reiteraba la necesidad de la unión de esfuerzos, de un gradualismo que permitiera crear un frente antifascista (Malatesta:396) y la condena de la acción individualista. Analizaba desde Roma una renovación en el análisis y en la estrategia política ante un régimen reaccionario de masa,“facendoci l´illusione che la massa ci seguisse …. anzi credendo di non essere che gli interpretie….” (Malatesta:394). Malatesta reiteraba que la anarquía llegaría en la medida que la masa la conociera y deseara (Malatesta: 264) y rechazando lograr el comunismo postergando la libertad.

El carácter secreto de las logias, el cerrado  control del régimen obsesionado con el complot giudaico  massonico y renovado en el período peronista, hacen difícil la reconstrucción precisa de su actividad antifascista. Sin embargo, la actividad puede deducirse de la actividad de sus exponentes en las filas de varios partidos políticos argentino e italiano y como su actividad dentro de las asociaciones mutuales republicanas con un fuerte componente masónico. Una lista  incompleta de las logias masónicas incluye: Umanita, Liberi Pensatori, Rinnovazione, Sarmiento, Giordano Bruno, Loggia Nuova Roma, Ugo Bassi, Stell d’ Oriente y la Asociación Italia Unita, en la cual convivían anarquistas y masones. La firma del Concordato indujo a reforzar la actividad contra Mussolini: se constituyó el CAPTI (Cenacolo di Azione contro la Tirannia Italiana) donde convergían argentinos, españoles e italianos. El programa se coordinaba en acuerdo con la masonería francesa y preveía una intensificación de la campaña periodística contra el Tratado de Laterano y ayudaba a las iniciativas de insurrección.

La LIDU (Lega Italiana per i Diritti del l‘Uomo) era expresión del Partido Republicano, con oposición obstinada a la monarquía y con fuerte componente masónico, con sedes importantes en Paris y Bruselas, se constituye en Buenos Aires en octubre del 1928. Su objetivo era reunir a los antifascistas que tenían diferencias con los comunistas. Se declaraba apolítica en relación con la realidad argentina

la nostra opera, quindi nella Repubblica Argentian sará política per quanto si riferisce all’Italia e eminentmente sociale per quello che si rifereisce con liitlaianti emigrante e profughi….noi  siamo un pó la Croce Rossa dell’antifascismo. Ma con  fede purissima fino al sacrificio.

(Manifesto, 21 ottobre, 1928)

Su acción fue restringida, aunque consiguió abrir una sección en Bahía Blanca y publicar allí un periódico L’Avvenire.

Asociacionismo mutualista y cultural antifascista

Las antiguas asociaciones, preponderantemente de orientación garibaldina y mazziniana, gozaban de una tradición prestigiosa y contaban con estructuras aptas para conferencias, reuniones sociales a fin de conseguir fondos para publicaciones y/o socorro de los antifascistas detenidos y perseguidos. Numerosas asociaciones regionales (Sociedad Marchigiana, Unione Operaia Friulana, Unione Sarda) se asocian con Unione e Benevolenza, la Giuseppe Verdi, XX Settembre, etc,  para evitar que las asociaciones fuesen  infiltradas por adeptos al régimen, obedeciendo a la acción de los consulados italianos en el exterior. Enriquecieron la acción política a través del mutualismo, la participaicon de tres diputados italianos exiliados Oreste Chiosi, Albano Corneli y Fernando Garosi. La difusión de la propaganda antifascista por estas asociaciones preocupaba a las autoridades italianas que trataron de crear sus propias asociaciones, las Dopo Lavoro o las Casas d´Italia. A excepción de La Nazionale Italiana y la Dante Alighieri, todas las otras asociaciones defendieron su carácter democrático.

Alianza antifascista argentina

Desde el año 1925 se procuraba en el exilio crear un organismo multipartidario, unitario de todas las expresiones antifascistas. La constitución de la Concentración Antifascista de París en abril de 1927 obró como un estímulo para la formación de la Alianza que tuvo su primer congreso en 1928 con la participación de 40 asociaciones. No obstante, las escisiones que se produjeron entre socialistas, comunistas y republicanos, la Alianza se convirtió en la organización más activa y extensa. Sus órganos de difusión fueron L´Antifascista y L´Italia del Popolo. En octubre del 1929, el segundo congreso acentúa la línea antifascista como lucha de clase, separándose entonces de la Concentración de París. El golpe del 30 disolvió la Alianza y la declaró ilegal.

La década infame mundial: Expansión del nazi-fascismo y dictadura en Argentina

El golpe militar del 30 rompió de manera traumática el proceso de consolidación y ampliación de la democracia en curso.  La persecución a dirigentes políticos,  sindicales y los estudiantes debilitó a los partidos y organizaciones democráticas. Muchos activistas argentinos y extranjeros antifascistas se refugiaron en el Uruguay. El antifascismo se apoyó en las asociaciones de socorro mutuo y regionales para retomar sus  actividades. A partir de 1932, esa protesta “contenida” por las prácticas persecutorias del Gobierno argentino coordinada con los agentes de la embajada del régimen se derrama en un extenso movimiento antifascista en la ocasión de la guerra de España y la guerra de Etiopía. Momento de portada mundial que tuvo la virtud de construir una alianza entre el Partido Comunista y el Partido Socialista (1935) y aunar a los distintos exilios, el español, alemán, austríaco y el italiano. La defensa de la República Española significó para los italianos el retorno a la vida europea y del problema ético a la política (Garosci,1981:410)

Antifascismo italiano durante la guerra: New York-Río de la Plata-México 

La invasión de Polonia por la Alemania nazi en septiembre de 1939 y la entrada en guerra de Italia (junio 1940) como aliado del Führer es determinante en un cambio de estrategias y alineamientos entre los exiliados. Primero, se rompe la alianza entre socialistas y comunistas debido al Pacto Berlín-Moscú. La invasión alemana en países europeos, sedes de comunidades exiliadas, obliga a muchos de sus líderes y activistas a buscar refugio en Londres, en Estados Unidos y  en México. El caso de México es particular por ser el país que recibe a numerosos republicanos españoles, quienes constituirán el grupo más consistente de los exiliados antifascistas de ese país.

En el período 1940 se destacan como asociaciones antifascistas Italia Libera, la Mazzini Society, Alianza Garibaldi y el grupo Socialismo y Libertad. Todas estas asociaciones funcionaron fuera de Europa. Se distinguieron por concepciones ideológicas muy diferentes y por su componente social, su posicionamiento en relación con las potencias aliadas y sus proyectos para la posguerra (liberalismo, liberalismo social, socialismo).

Italia Libera en Argentina  surge en 1940 de la convocatoria de socialistas y republicanos obteniendo una buena acogida de los grupos italianos. Realiza una obra de proselitismo en el interior del país: Rosario, Santa Fe, Mar del Plata, Mendoza, Córdoba y La Plata. Con la entrada en guerra de la URSS (junio 1941), los comunistas solicitaron participar de Italia Libera. Italia Libera asumió  una rígida línea anticomunista y de subordinación a la Mazzini Society.

La Alianza Garibaldi se conformó en México con propuestas unitarias (socialistas, republicanos y comunistas), antimonárquicas y populares (Primo Manifesto, México, 12 de noviembre 1942). Fuertes personalidades del exilio, Francesco Frola (socialista), Vittorio Vidali y Mario Montagnana (comunistas) la conforman, logrando el apoyo de Vicente Lombardo Toledano e incluso del presidente Cárdenas en México.

En la Argentina se constituyó la Unione Italiana Garibaldi, de izquierda, incluyendo a los comunistas. Algunos integrantes de Italia Libera y la sección Rosario de Italia Libera se unen a ella. Consideraban que la Mazzini Society e Italia Libera actuaban subordinadas a un proyecto de EE.UU. e Inglaterra de evitar un movimiento de masa antifascista que influyera en la reconstrucción del orden político e internacional de la posguerra (Frola: 290 y Frola: 322). La Acción Garibaldi propuso primero una acción más limitada del exilio,  “La liberazione dell’ Italia deve essere frutto degli itlaini stessi. Non verrá dall´esterno …ma dall’ interno” (Primo Manifesto, 12nov.1941) para luego proponer una junta en el exterior de delegados de todas las fuerzas política antifascistas fuera de Italia y dentro de Italia, para intervenir en la “contesa armata” y en la solución del problema italiano (Segundo Manifesto, 12 julio 1942).

En enero de 1942, se realizó un congreso antifascista en México con la participación de los socialistas españoles, catalanes y las asociaciones Francia Libre, Alemania Libre, Unión Polaca, Grecia Libre, etc. (Frola:292).

Precisamente estas posiciones intransigentes de Italia Libera y la Alianza Garibaldi impidieron  su crecimiento a nivel de las colectividades emigradas y sobrellevaban —en su lucha en el exilio— las luchas de poder en el seno de las potencias aliadas.

Socialismo y Libertad

Exiliados de distintas nacionalidades  de orientación republicana y socialista “antitotalitaria” (Victor Serge, Marceau Pivart, Julián Gorkin, Leo Valiani, Gustav Regler, Ricardo Mestre y otros) confluyeron  en  México al concluir la Guerra Civil de España. Dieron vida a la sección mexicana de Socialismo y Libertad y a la Revista Mundo. En Uruguay se constituyó Socialismo y Libertad con una publicación periódica en español, francés e italiano. Luce Fabbri y Torquato Gobbi se ocupaban de la sección italiana; Julien Coffinet de la sección francesa y los republicanos Fernando y Pilar Cárdenas de la sección en español. Republicanos, anarquistas y socialistas  se proponían como un “foco de irradiación de ideas” y de discusión sobre las perspectivas de la nueva Europa con los distintos movimientos de refugiados. Una Europa que nacía de los horrores de la guerra y también de los sacrificios de la Resistencia y de los sufrimientos del destierro (Socialismo y Libertad, N°3, 10 dic.1943).

Un posicionamiento claramente anticapitalista, “Libertad y socialismo son escindibles. La lucha antitotalitaria es lucha contra la desigualdad económica y contra el centralismo estatal (Socialismo y Libertad, n°2, oct.30, 1943) e internacionalista “…es necesario no excitar los nacionalismos” y unirse en el exilio “para aprender a conocernos y para trabajar en común para la nueva Europa, para el mundo nuevo” (Socialismo y Libertad, N°1, 18 de septiembre, 1943). Se considera al exilio y a las poblaciones residentes en América con un rol fundamental para contribuir a volcar “la solidaridad antifascista hacia la emancipación de las masas y no hacia la política ambigua y conservadora de las clases dirigentes” (Socialismo y Libertad, n°1, septiembre, 1943).

El fascismo se define como un fenómeno de clase  “…el trust que se ha vuelto estado”, con una clase privilegiada que “…se ha congelado alrededor de un hombre y de una policía para no perder sus privilegios” (Socialismo y Libertad, n°2, 30 de oct., 1943).

Socialismo y Libertad sobresale por su preocupación alerta ante los riesgos de continuación de la monarquía y de que el régimen tramite el Gobierno Badoglio, los compromisos tejidos  por los norteamericanos en el desembarco en Sicilia y la política vaticana mirando a que los aliados frenasen toda movilización antifascista de carácter social (Socialismo y Libertad, n°1, 18 de septiembre, 1943 y n°3, 10 de dic., 1943). Luce Fabbri sintetiza la dramaticidad del último año de la guerra entre los antifascistas y los exiliados, la perentoriedad y decisión de comprometerse a defender la libertad, incluso con la vida y el presagio que la victoria contra el nazifascismo pudiese parir  un neofascismo, “…un fascismo senza Mussolini, cioé senza velleitá imperiali e piú docile ai cenni della city e di Wall Street(Socialismo y Libertad, n°4, 20 de feb., 1944).

Conclusiones

“Pero los hay también que no pueden quedarse sin perecer y que son preciosos para la Europa de mañana, por su experiencia, su firmeza, su idealismo, su saber …Por qué entonces las puertas de las Américas se entreabren difícilmente para acoger a algunos de esos combatientes” (Victor Serge, Mexico,1942).

El exilio antifascista italiano entró en un proceso de dejar el exilio a partir de 1945. El período 1945-1948 concentró un fuerte retorno y un  modo de goteo durante los años 50. Algunas personalidades señeras del exilio permanecieron en Argentina y Uruguay, como fue el caso de Rodolfo Mondolfo, Luce Fabbri y Gino Germani.

Italia se reconstruye y sanciona una constitución republicana, fruto de una conciliación entre los sectores católicos, los socialistas y los comunistas. El Pacto de Laterano fue incluido en la Constitución como símbolo de ese acuerdo. Posterior al 1948, la izquierda socialista y comunista es excluida del Gobierno por décadas. Se consolida un bloque político de centro-derecha católico-liberal, fuertemente sostenido por el Vaticano. En política exterior e interior, el alineamiento con Estados Unidos es neto.  El modelo económico implementado es un desarrollo industrial dual sin reformas agrarias, por consiguiente la emigración caracterizó el nuevo orden. Se trató de una emigración con destino  preponderante a Estado Unidos, Canadá, Australia y los países  europeos en plena reconstrucción industrial. Emigración económica que se insertó con un asociacionismo de sesgo regionalista y hegemonizado por la Iglesia. En la Argentina, se provoca un hiato con la anterior inmigración italiana. Las instituciones tradicionales resisten hasta la década del 80 y 90 del siglo pasado, aquejadas por envejecimiento de la base social, un débil contacto con la Italia oficial  y el capital social de los sectores católicos y conservadores —cuando no nostálgicos— de la inmigración de  posguerra.

Durante más de los veinte años del régimen fascista, el exilio debatió sobre las características del fascismo, proceso anormal, inmadurez cultural con rasgos étnicos culturales, paréntesis del liberalismo o una expresión nueva y autoritaria del capitalismo en crisis. Debatió en las etapas finales de la guerra sobre la reconstrucción de la democracia, el neofascismo, el rol de las clases trabajadoras y las formas del futuro socialismo estatal o libertario  (L. Fabbri: 1949; Levi: 1948).

Los acuerdos previos al fin de la guerra con la victoria de las Naciones Unidas ya  consideraban el ostracismo del exilio en la reconstrucción, premisa propulsada por la política vaticana (Di Nolfo: 61). Ciertamente no hubo en la inmediata posguerra, un reconocimiento público de  la acción de los exiliados, los “fuoriusciti”, cuánto habían contribuido en la defensa de la libertad, frenado el adoctrinamiento del régimen, visualizado y denunciado ante la opinión pública  “sobre el desastre y los horrores producidos por el fascismo  en Italia”*, contribuyendo económicamente (sacrificio ingente para  colectivos de dura vida cotidiana) y esfuerzos intelectuales y de acción  solidaria para conseguir la democracia en Europa, y en Italia en particular.

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Nota:

*Carta de Rodolfo Mondolfo a Renato Treves, en Treves, 1979:24

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About the Author

María Luján Leiva. Docente de la Universidad de Buenos Aires. Magister en Políticas de Migración (Universidad de Buenso Aires), PhD. en Estudios del Desarrollo (Universidad de Zacatecas, Mexico). Especialista en Estudios Migratorios, Refugiados y Exilios. Ha publicado "Latinoamericanos en Suecia. Una historia narrada por artistas y escritores". Uppsala University. Múltiples trabajos sobre Inmigración Calificada, Exilios, la inmigración política italiana y la relación de la migración con el desarrollo.

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