El deseo de los peces

Written by on 6 Abril, 2016 in Critica, Literatura - 2 Comments
Literatura. Crítica.
Por Jorge Muzam…
Mi amigo Gabriel quiere vender su sepulcro en Santiago. Trabajó un par de décadas como portero de edificio en esa ciudad, y entre tantas personas que tuvo que atender no faltó el vendedor viajero que le encajó un sepulcro pagadero en cuotas. Como es un tipo bonachón y sentimental no supo decir que no y se vio durante años sumido en una pesada carga financiera. Lo pagó finalmente y fue suyo, con papeles que lo acreditaban como propietario. Extraño a su modo de ver pues nunca tuvo nada más a su nombre. Problemas que entonces no imaginaba lo trajeron a vivir a San Fabián, entre yermos espinosos y conejos escurridizos. El hecho es que hoy necesita dinero urgente, contante y sonante. Los trabajos andan mal. Los alimentos están caros. Se viene el invierno. Hay bocas que mantener y no habrá suficiente leña. El hambre y las carencias se exacerban con el frío. Gabriel es aún joven, tez morena, algo calvo, tiene dos años más que yo. Está algo jodido de los riñones pero en su mirada no se adivinan amancebamientos mortuorios. La penumbra de sus ojos dice tener demasiados asuntos pendientes con la vida. Asuntos que tienen que ver con la marcha de otras vidas, con alivianar senderos a través de contribuciones tan humildes como significativas. Remontar fracasos no está en su itinerario, ni cumplir ningún sueño propio. Eso queda para la imaginación previa al descanso nocturno. A ratos lo siento decaer, ensimismarse, como niño abandonado en la Antártica. Ve que a otros les va tan bien. Construyen casas enormes, pagan estudios universitarios privados a sus hijos, renuevan celulares cada mes, tienen perros afganos y compran en las tiendas sin preguntar cada precio. Son los mismos que pasan raudos en sus camionetas lujosas. Rostros prepotentes, despreciativos, casi siempre blancos, como los que se ven en la tele. Le digo que no se engañe por el glamour televisivo, ni por la burbuja exitista de la mariconada política, que la mayoría no somos así y que lo usual es fracasar. Que mis propios sueños se apagaron a medio cielo como bengalas defectuosas. Y muy tempranamente. Le digo que a mi desesperación la arropé de cinismo. Y no sé si es lo más correcto pero me ha permitido seguir viviendo. Finalmente nos reímos. Lo único importante está a nuestros pies, en esta tierra que no se hunde, que nos prodiga piedras para patear tanta ira. Y el resto, ya veremos. Nos hemos propuesto brindar en noches tranquilas, con cerveza y vino tinto, a la hora en que los peces piden deseos a las estrellas fugaces.
[Imagen: M.C.Escher, Sky and Water I, 1938]
©Jorge Muzam. All Rights Reserved

About the Author

Escritor chileno. Licenciado en Historia en la Universidad de Chile. Nació en San Fabián de Alico en 1972. Ha publicado crónicas y relatos en diversos medios americanos y europeos. Es autor de las novelas Ameba y El odio, y de tres libros de relatos: La vida continúa, Intimas Solemnidades y El insomnio de la carne. Todas sus obras han sido publicadas por Sara Bell Editores. Es, además, columnista en HuffPost Voces (EEUU), y un controvertido bloguero político, cuya voz independiente se ha expandido a todo el mundo hispano, incluyendo a los Estados Unidos. Se le ha descrito como un autor de pluma corrosiva, provocadora y amarga.

2 Comments on "El deseo de los peces"

  1. Maria Mayer 6 Abril, 2016 at 1:09 pm · Responder

    De la mejor Vendimia Muzam, esta “botella”

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