Presentan en Miami el libro “1959. Cuba el ser diverso y la Isla imaginada”, del escritor Manuel Gayol Mecías

Written by on 31 diciembre, 2018 in Critica, Ensayo, Literatura, Pensamiento - No comments

Literatura. Critica. Ensayo. Pensamiento. Promoción.
Por Reynaldo Fernández Pavón

Eniola Publishing se complace en presentar un artículo, mediante las propias palabras del autor, así como diferentes textos del contenido del libro 1959. Cuba, el ser diverso y la Isla imaginada, del escritor y periodista Manuel Gayol Mecías. Premio Nacional de Cuento de la UNEAC (1992) y Premio Internacional de Cuento Enrique Labrador Ruiz del Círculo de Cultura Panamericana de New York (2004). El lanzamiento de este libro se efectuó en el Festival VISTA el pasado 15 de diciembre, en el Miami Hispanic Cultural Arts Center. La obra, sin duda, será muy polémica y aporta muchos aspectos a tenerse en consideración a la hora de analizar la identidad y la complejidad de la psicología de los cubanos.

En palabras del autor:

El hecho de ser cubano es una broma muy seria, dice Gayol Mecías, incluso es un juego profundo de identidad. Desde hace muchos años, la “cubanidad” anda desperdigada por el mundo, afectando o favoreciendo a otros lares y, al mismo tiempo, enriqueciéndose, por la aculturación y la transculturación. Pero algo que refleja todo esto, y de lo que nunca se ha hablado, es de la imagen que ha desprendido el cubano a lo largo de su historia, debido a su carga psicológico-imaginativa que muchas veces ha llevado al cubano a confundir la realidad concreta: su entorno, su sociedad, la política misma con una espejidad imaginativa, a veces de profunda negatividad humana.

La intuición
Para hablar de la imaginación hay que proyectar las ideas mediante la intuición. No creo que de otra manera pueda analizarse (aun el hecho de realizar indagaciones) el mundo imaginario que rodea la dimensión profundamente psicosociológica de las personas, más específicamente un ser tan sui generis como el cubano, por la hibridez de su genética, por su traumática historia de guerras, dictaduras y corrupciones y por su complejidad egotista (racional e irracional) que se imbrica en una relación de imaginación-realidad corpórea.

En este libro se intenta entonces a través de la intuición, como discurso catalizador, obtener la posibilidad de un acercamiento a ese mundo, en ocasiones misterioso y mágico, de este caribeño insular que es el isleñis cubichi.

Espejismo versus realidad corpórea
Una lectura continuada de años, digamos, sobre una gran diversidad de temas cubanos, nos llevaría (al menos, pienso que a mí me llevó) a darnos cuenta de que el cubano es muy imaginativo y de rapidísima chispa, pero también —en un cercano sentido a su naturaleza— es contradictorio, paradójico, incluso, y deja de ser pragmático para deslizarse entre los oropeles políticos de una imaginación nada sustentada por una realidad corpórea. Y esto es un problema tan grave que nos llevó, en los inicios de 1959, a confundir promesas, ilusiones y medias verdades con una supuesta realidad que casi nada tenía que ver con el verdadero (y físico) entorno que se estaba llevando a cabo en la Isla. De aquí que mientras los discursos del “Máximo Líder” hablaban eufóricamente de hipotéticas terribles cosas que habían sucedido en el pasado e incluso durante la guerrita librada contra el ejército batistiano, y nos daba —promesa tras promesa— grandes proyectos de futuro, en la realidad física y contextual de toda la Isla se hacían, constantemente, juicios amañados, sin garantías, se apresaban personas arbitrariamente y se fusilaban a cientos de ellas, sin ningún tipo de miramientos. Es decir, los discursos, las promesas, los proyectos eran todo un conjunto de imágenes que iban poco a poco estructurando un Espejismo gigantesco, que después se vino a conformar con cinco primeros mitos que en mi libro alcanzan —a mi modo de ver— la categoría de fundacionales:

Los mitos
—El mito de Robin Hood
—La Isla de la Utopía
—El mito bíblico de David contra Goliat
—La Isla bloqueada por el Imperio
—El mito del Invencible Comandante en Jefe

Los defectos
Indiscutiblemente que el cubano posee grandes virtudes, pero hasta ahora no he podido leer su aceptación de los defectos que tenemos, que también son unos cuantos, y que entre ellos pende —como espada de Damocles— la fácil transformación hacia un ego irracional. De mi libro extraigo entonces este fragmento:

A mi modo de ver, nuestra identidad es indefinida por algunas razones que a veces pasamos por alto, y ha sido así por lo inmerso que hemos estado en el asombro de esas virtudes que siempre nos identifican. Pero si hacemos un esfuerzo y nos salimos del álbum que colecciona las eficacias de nuestros egos, entonces es probable que encontremos el camino para un acercamiento más cabal a la realidad de saber de dónde venimos, quiénes somos y hacia dónde vamos.

Los orígenes
Si estas tres preguntas pueden ser universales, en nuestro caso específico son imprescindibles, pues para contestar la primera no tenemos que pensar que venimos de otra tierra o de otro planeta, sino que debemos analizar nuestros valores genéticos. ¿De dónde venimos?, pues, venimos de una hibridez original, y, al mismo tiempo, una mezcolanza de hibridez muy diversa, digamos: españoles y nativas; españoles y negras africanas y españoles y chinas, o más tarde en el tiempo, con mucha seguridad de mulatos y chinas o chinos y mulatas; o mulatas (tos) con blancas (cos) españoles y así de diversidad en diversidad. Posteriormente, con los años, el criollo se fue fundiendo con otras razas, muchísimas razas, que se iban asentando en Cuba. Por otra parte, y hasta nuestros días, el cubano también se ha repartido arbitrariamente por el mundo y está dando nacimiento a nuevos tipos de híbridos.

Por eso, realmente, pienso —y esto lo planteo más ampliamente en el libro, cuando me propuse pensar en quiénes somos— que no tenemos una identidad definida, sino indefinida. Sería, supongo, una identidad en progreso, debido al cruzamiento tan rápido que siempre hemos tenido a causa de la aculturación (primero) que hemos hecho en otros países; a la aculturación (también primero) que han hecho los extranjeros que históricamente se han residenciado en Cuba y (después) la transculturación que tanto le ha ocurrido al cubano fuera de la Isla como a los de otros países que se han quedado a vivir en ella, en todo el proceso que va desde la Conquista, la Colonia, la República y por último la dictadura castrista.
¿Hacia dónde vamos? Pues no sabemos. Nadie puede decir ni predecir qué seremos. Hemos cambiado mucho y seguiremos cambiando. El cubano, por su indefinición, es y será un ser impredecible, como impredecible sigue siendo el estado de cosas en la Isla. Después de 60 años de dictadura, ni aun cuando se desmoronara esa satrapía castrista y castrense. Ni aun cuando se demolió el Muro de Berlín se pudo predecir lo que iba a ser el cubano.

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Evolución-involución
Otro asunto que se activa en el libro es lo de la evolución del cubano: evolución en espiral que procede desde la Conquista. Claro es un proceso lento, porque es una pulsión genética que cae dentro de todo ritmo biológico mediante el tiempo; o sea, su decurso. La evolución del cubano ha ido desde la ignorancia y la incultura (habría que leerse El alma cubana, de Fernando Ortiz, uno de los grandes pilares para este libro, y también, por supuesto a Jorge Mañach y otros) hasta un desarrollo muy positivo durante todos los años de la década de 1950 y que vino a pararse en el exacto año de 1959, cuando a partir de la supuesta Revolución surgió la Involución, y la espiral se fue hacia atrás como un verdadero viaje a la semilla.

Su historia del miedo
Otro tema más en el libro es la historia del miedo en el cubano. Miedo que viene desde la Conquista, cuando los españoles pusieron a trabajar frenéticamente a los indios y también trajeron una cantidad de virus y bacterias que fueron diezmando a la población nativa y, fundamentalmente, por la brutalidad del trato que el conquistador empleó contra el nativo. Este miedo se expandió con la vida miserable de la población esclava, con el temor de los mismos colonos a una rebelión de negros. Con el miedo en las dos guerras de los mambises por la independencia: puro pánico hubo ante la Reconcentración de Valeriano Weyler; el pavor, la alarma y el susto ante las pandillas y gánsteres, y las pequeñas guerritas de la República y, por último (bueno, hasta ahora) el terror, el sobresalto, el recelo, la aprensión y desconfianza, la turbación, el desasosiego y la cobardía durante todos estos 60 años que ha sufrido el apaleado y cambiante pueblo cubano por parte de la dictadura castrista.

Manuel Gayol Mecías, hablando durante la presentación de su libro. Al fondo el crítico Luis Leonel León.

Paradoja de suicidio y vida
(Esto ha sido tomado textualmente del libro)
“En mi criterio, y aun reconociendo que el atentado contra la propia vida cuenta con parte constitutiva de la herencia histórica y además por la fuerte influencia del medio, pretendo inducir la idea de que en realidad pudiera existir un elemento más en la psiquis del cubano que, al sumarse a los anteriores contextos que mencioné (el económico, político y social), acelera la depresión a extremos inusitados y reactiva los deseos de morir, de autodestruirse, y es la actitud fatal de la autosuficiencia (claro, hablo de una autosuficiencia temperamental bastante pronunciada y negativamente desgastante, una autosuficiencia colmada de apasionamiento, de instintos y nada de cordura). En otras palabras, hablo del desbocado ego irracional”.

“Esta actitud forma una tendencia a creernos centro del mundo, ser egocéntrico, en mucho es el sentimiento exagerado de ser uno mismo por encima de los demás, y que nos distorsiona, nos desarticula, esa otra imaginación resplandeciente que alguna vez se alcanzó (en un proceso que principalmente podría tomar desde después de la Segunda Guerra Mundial y toda la década de 1950), y que formaba parte de lo mejor de nuestra naturaleza humana y de nuestro espíritu”.

“Un estado de ser psicológico, pues el desmoronamiento se puede tornar en algo catastrófico; algo que sucedió y desajustó el control imaginativo real que teníamos del mundo, para llevarnos entonces a buscar el cero de la existencia”.

El internacionalismo y el ombliguismo del mundo
“En este tópico, interesantísimo, hay que recurrir a una esclarecedora conferencia de Carlos Alberto Montaner, “Cuba, intervencionismo y pretencionismo”116. Aquí, este analista político hace un recuento exacto y muy singular dentro de la historia cubana, para destacar una buena cantidad de eventos que contribuyeron a formar ese temperamento injerencista del cubano; aunque no creo que, de todos los cubanos, pero sí de una importante cantidad de los mismos, que hasta hoy en día —en mi criterio— no ha sido tomado muy en cuenta por los historiadores y sociólogos”.

Manuel Gayol Mecías, firmando otro de sus libros, Coincidencias de un editor (o el exorcismo de Joel Merlín).

“En su conferencia, Montaner deja bien claro este afán del cubano en participar en cuanto suceso internacional importante tuviera lugar, y donde la Isla pudiera involucrarse, como un factor decisivo de hazaña histórica, para conformar así otro de los rasgos que llegarían a definir más su aspiración de ser centro de los conflictos mundiales; protagonismo que le viene de España desde el siglo XVI, por la importancia que tuvo la Metrópoli en numerosos acontecimientos de carácter mundial, y que fueron implicando a los nacientes cubanos a través de distintas etapas de su historia”.

“El internacionalismo así no es otra cosa que una manera más de manipular el ego, cuando este se inclina hacia lo irracional. El ego racional de una buena cantidad de cubanos, es débil, y como este ego se encuentra un tanto cercano al alma, pues debilita ese ánimo que tiene de pensar con inteligencia. Ello hace que dé rienda suelta a sus tontas emociones. En otras palabras, el cubano siempre está presto para creer que, masificando sus almas, en un evento internacional importante, pasarán a la historia como los nuevos héroes de su momento. Entre el miedo por lo que les pueda pasar si no aceptan ir a pelear a Angola y, por otra parte, la creencia de que, definitiva y esencialmente, combaten por un ideal que será reconocido por el mundo y que este ideal no se puede traicionar, entonces terminan cediendo y viéndose así en medio de una guerra que no entienden y que, en definitiva, nunca van a ganar ni tampoco comprender, mientras la sigan pensando desde una absurda, por impuesta, perspectiva patriótica”.

De la mulatez al estereotipo de lo exótico
“El mulato como la mulata pueden ser listos, rápidos, de chispas, como se decía en mi época de juventud (años 70 y 80); y por naturaleza podrían tener una visión más larga que la del blanco y la del negro, puesto que sumarían ambas visiones. Sucede que a los mulatos y a los negros se les ha encasillado en Cuba, antes de 1959 y después de ese año, como seres representativos de lo exótico cubano que tanto atrajo a la cultura light mexicana y al cine hollywoodense de Estados Unidos. El estereotipo que se les ha impuesto es el de bailadores, tocadores de congas, guaracheros de música popular, delincuentes de toda laya y gente a la que le gusta vivir en promiscuidad. Un estereotipo general sería el de marginados, y dentro de este enorme y pérfido saco entran los mulatos. Y la respuesta es que este estereotipo es falso, totalmente falso”.

“Al negro y al mulato nunca se les ha enseñado ni, en realidad, se les ha dado las oportunidades de cómo deben canalizar una vida más dada a la ciencia, a la tecnología y a las humanidades. En general, esa raza, la negra (que es una raza posiblemente fundacional no solo para los cubanos, sino también para todo el género humano en el orbe), en determinados momentos de la Historia del mundo, el negro y posteriormente el mulato han sido desprovistos de posibilidades para una existencia activamente inteligente y cultural, en relación con la vida de un ser humano que quiere progresar. No obstante, muchos negros y, entre ellos mulatos, han logrado sobresalir. Lo que demuestra que sí tienen la suficiente sustancia gris para rebasar cualquier tipo de inferioridad, y que pueden optar por profesiones universitarias. La inteligencia, visión y habilidades, la memoria y el afán de conocimientos no están afectados por la raza, ni por el color, sino por la cantidad de neuronas felices o productivas (como se les quiera llamar) que cada persona (¡de cualquier raza!) pueda tener.

La jinetera ilustrada
“El jineterismo, por su parte, es un producto exclusivo de la dictadura castrista. La versión socialista de la prostitución. La jinetera es la nueva prostituta que pulula en Cuba85. Esta nueva cortesana cubana se diferencia de las anteriores, en la Isla, y de las que han existido y existen en el mundo hoy en día, porque un gran número de ellas son “ilustradas”86, además de ser una de las más baratas del planeta, y de componer una categoría que se divide en varias clases: las carroñeras (de baja estofa, digamos y que buscan a todo aquel que le pague en dólar) hasta las que se dedican a cazar turistas y otras a empresarios y diplomáticos extranjeros87 “.
“El jineterismo es uno de los fenómenos más sobresalientes del total desastre social que impera en Cuba actualmente, y en esta categoría podemos incluir todo lo que atañe a la prostitución en general, incluyendo el proxenetismo y la pornografía infantil que han sido temas alarmantes desde hace muchos años a la fecha”.

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El poco conocido sonido de la otra música
“A diferencia de la buena música popular, que presenta un frente sólido, podría decirse que las excelentes interpretaciones de las orquestas sinfónicas y grupos de cámara, la creación de óperas y ballets, de innumerables obras orquestales y para pequeños conjuntos han sido (y son aún) el estado de un umbral entre el sí y el no, digamos, en el que este tipo de música compleja, también llamada clásica, ha conformado un submundo que, por diferentes razones, ha reflejado siempre un brillo intermitente entre épocas de nuevas potencialidades creadoras y otras de silencios y vacíos que terminan en incertidumbres o en caminos inciertos en los que solo recibimos la tenue luz de una penumbra”.

“Durante el siglo XIX, y en la primera mitad del XX, se hicieron muchos esfuerzos por resaltar la cultura de los clásicos en casi todos los géneros teatrales y musicales, pero, a la larga, nunca la imagen de una Cuba culta pudo imponerse en forma mayor, como sí lo ha hecho la imagen de la Cuba típica, habitual, de ritmo trepidante. Esto no quiere decir que el sentido artístico de ese sonido no fuera bueno, sino que, por ser lo popular demasiado bueno y además mucho más apegado a lo comercial, terminó siempre imponiéndose como el modelo o representación de una abrumadora proyección creadora. Desde luego, tomada en su totalidad, la Isla siempre ha sido un hervidero de creatividad, en todos los géneros musicales”.

Manuel Gayol Mecías, en la oficina de su casa.

Manuel Gayol Mecías. Escritor y periodista. Ganó el Premio Nacional de Cuento de la UNEAC en 1992 y en 2004 el Premio Internacional de Cuento Enrique Labrador Ruiz del Círculo de Cultura Panamericana de New York. Ha publicado más de una docena de libros entre los que figuran La penumbra de Dios (ensayo), Ojos de Godo Rojo (novela) y La noche del Gran Godo(cuentos). Trabajos suyos han sido traducidos al inglés y al italiano. Es miembro del Pen Club de Escritores Cubanos y de la Academia de Historia de Cuba en el exilio. Es vicepresidente de Vista Larga Foundation y dirige la revista Palabra Abierta y su editorial homónima.
El lanzamiento del libro 1959. CUBA EL SER DIVERSO Y LA ISLA IMAGINADA, se efectuó en el Festival VISTA el pasado 15 de diciembre, en el Miami Hispanic Cultural Arts Center, obra que sin duda será muy polémica y que aporta muchos aspectos a tenerse en consideración a la hora de analizar la identidad y la complejidad de la sicología de los cubanos, así como los factores que hasta la fecha han influido en la percepción que tenemos de nosotros mismos, desde los estudios de los etnólogos y antropólogos de la era republicana, hasta los acontecimientos políticos y sociales que han conmocionado nuestra historia reciente.

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Reynaldo Fernández Pavón. Escritor y compositor. Productor Musical.
www.EniolaPublishing.com | www.EniolaRecords.com

About the Author

Reynaldo Fernández Pavón nació en Ciudad de La Habana, Cuba en 1951. Cursó estudios de nivel medio superior en música en la Escuela Nacional de Artes. Es Licenciado en Historia del Arte de la Universidad de La Habana y desde el año 2000 ha impartido clases como profesor adjunto del Departamento de Español y Portugués de Temple University, donde le otorgaron un Máster en Composición. Obtuvo el Premio de Música 13 de Marzo de la Universidad de la Habana como compositor en1975. "Presagios", Su primer libro de poemas recibe la Primera Mención del Concurso David de Poesía, de la Unión Nacional de Escritores y Artistas de Cuba, en 1979. En 1980 obtiene el Primer Premio David de Poesía UNEAC con el poemario "Cruzando mares", publicado en 1981 por Ediciones Unión. Posteriormente publica poemas en "Juventud Rebelde", "Caimán Barbudo", "Casa de las Américas", "Revolución y Cultura" y la "Gaceta de Cuba". Sus obras sinfónicas y de cámara han sido interpretadas por prestigiosas agrupaciones, tales como la Orquesta Sinfónica de Matanzas, la Orquesta Sinfónica Nacional de Cuba, la Orquesta de Cámara de La Habana, la Orquesta de Cámara Brindis de Salas y la Orquesta Filarmónica de la República Federativa Rusa. En 1982-1983 recibe el Premio EGREM al Mejor Productor Musical de Cuba por su obra discográfica con el grupo Irakere y el Cuarteto de Jazz de Chucho Valdés. Ha escrito música para documentales del Instituto Cubano del Arte y la Industria Cinematográfica (ICAIC) y para seriales y documentales del Instituto Cubano de la Radio y la Televisión (ICRT). En 1996 compuso la música de la obra de teatro Cuentos Negros de Lydia Cabrera, estrenada en el Teatro del Repertorio Español de la Ciudad de Nueva York, obra que gana el Premio a la Mejor Producción Musical de 1997 otorgado por la Asociación de Críticos de Espectáculos (ACE) de New York City. Para mayor información visite: www.elliriodelprado.com y www.eniolarecords.com.

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