La lógica antinacional del general Castro

Política. Economía. Crítica.
Por Roberto Álvarez Quiñones.

Raúl Castro. Wikimedia Commons.

Con el “período especial  II”, que en su fase inicial ya agobia a los cubanos de a pie, esta vez viene de la mano un fantasma que le da características nuevas, únicas: la crisis socioeconómica en esta ocasión es terminal. No tiene solución a menos que se desmantele el estatismo estalinista, a lo que se niega a rajatabla el dictador Raúl Castro.

Y es que no hay en el horizonte internacional ningún otro posible “paganini” (mecenas dadivoso) dispuesto a hacerse cargo de mantener la economía más parasitaria del mundo, absolutamente incapaz de autosustentarse.

La única solución posible es liberar las fuerzas productivas, pero la alta burocracia comunista, coordinada por Díaz-Canel, lejos de dar más espacio y libertades al sector privado para que haya más alimentos, bienes y servicios de todo tipo y poner fin a la pobreza  —ya de dimensión africana—, lo que hace es acosarlo con más trabas, controles y prohibiciones. Kafka no se lo habría podido imaginar.

Desde el 1 de agosto están en vigor topes de precios  y nuevos impuestos sobre el salario.

Miguel Diaz-Canel. Wikimedia Commons.

En La Habana y otras provincias rigen techos máximos para los precios de las cervezas, refrescos, maltas; jugo, néctares y zumos, aguas, precisamente los productos que aportan el grueso de sus ingresos a decenas de miles de cuentapropistas, según dijo Víctor Manuel, uno de ellos, quien aseguró: “De esto no vamos a recuperarnos”. Para la emprendedora Rebeca Monzó el propósito del tope de los precios es “acabar con los negocios privados”, porque “tienen más éxito que los negocios estatales”.

A la intransigencia jurásica de la cúpula “histórica” se suma la ineptitud e ignorancia de los burócratas más jóvenes. Los fundadores de la “revolución” mataron a mediados del siglo XX  la gallina de los huevos de oro, la economía de mercado. Desde entonces hay en la isla un desconocimiento tal de las leyes económicas que ya pasó al ADN del castrismo.

Así, Díaz-Canel asegura que el tope de precios para el sector privado evitará que se dispare la inflación luego de haber lanzado a la calle una masa de dinero adicional de 7,000 millones de pesos en un aumento de salarios. Por no haber en Cuba una verdadera cultura económica, la “burguesa”, muchos creen que ese aumento de salarios, si es acompañado de un tope de precios, mejorará su precario nivel de vida. Craso error. Será exactamente al revés, empeorará el “período especial II”, porque agravará la escasez al reducir la oferta de todo. Y  los precios en general subirán, y no solo en el mercado negro o informal, sino también en el formal.

Con el tope de precios el tiro sale por la culata

La ilustración ha sido tomada de la página Desmotivaciones.

Lo explicó muy bien un productor privado de carne de cerdo en Holguín, llamado José Ramón, al periodista independiente Osmel Ramírez. El tiene ahora un tope de precio para vender, pero “la comida de los animales sigue carísima. Si no nos da negocio, cómo vamos a seguir criando”. Elemental, si no hay ganancia para quien la produce, habrá  cada vez menos carne de puerco, y encima más cara.

Es simple, los productores privados de alimentos, y de cualquier cosa, al ver caer sus ganancias por el tope de precios producen menos, o no producen, o colocan lo producido en el mercado negro, pero obviamente más caro, para cubrir sus costos más altos al pagar más al Estado por los insumos y equipos, pues en la isla aun a estas alturas no existe un mercado mayorista. Además, los productores cobran una prima adicional para protegerse del riesgo que corren al comerciar clandestinamente sin pagar impuestos.

O sea, la medida “antiinflacionaria” del Gobierno socialista causará más inflación. Todos los productos, y particularmente los alimentos, serán más caros que antes de que se impusieran los topes de precios. Aquí el tiro sale por la culata, para decirlo en buen criollo.

Y lo peor, la inevitable subida paulatina de los precios no solo engullirá los aumentos de salarios, sino que reducirá los ingresos reales familiares a niveles más bajos que antes de haber sido aumentados, pues el exceso de dinero en circulación, sin un aumento de la producción y los servicios,  devaluará la moneda. Caerá  el poder de compra del cup y del cuc.  Todos serán más pobres aún. Y habrá que pagar más, por menos.

En Vietnam el Partido Comunista eliminó el control de precios

Nadie, salvo que sea un  prisionero ideológico de la izquierda dogmática, puede entender por qué La Habana no ha seguido a Pekín y Hanoi  con el llamado “socialismo de mercado”. En China y en Vietnam gobiernan las mismas implacables dictaduras de los partidos comunistas de Mao y Ho Chi Minh, solo que allí fueron liberadas las fuerzas productivas y salieron de la pobreza cientos de millones de personas.

En Viet Nam, antes de la guerra (1955-1975), todas las tierras eran estatales, estaba prohibida la propiedad privada. Por eso al terminar el conflicto bélico, en el que murieron tres millones de personas, el hambre siguió matando miles de vietnamitas, pues la agricultura comunista era incapaz de alimentar al país.

El mismo año en que Gorbachov lanzó su perestroika (1986), en Vietnam los líderes de la vieja guardia estalinista de los tiempos de Ho Chi Mihn fueron obligados a renunciar. Se iniciaron reformas económicas de mercado que se llamaron doi moi (renovación) y se restableció la propiedad privada.

Lo primero que hicieron los reformistas de Hanoi fue precisamente eliminar los topes de precios de los que se jacta Díaz-Canel. Y entregaron las tierras a quienes las querían trabajar,  sin regulaciones. Campesinos, cooperativistas y arrendatarios empezaron a producir lo que querían y a vender en el mercado sus cosechas, a importar y exportar, y a obtener créditos de fuentes estatales o privadas, nacionales o extranjeras.

Se permitió que los vietnamitas acumulasen capital y creasen medianas y grandes empresas privadas en todas las ramas económicas, autorizadas a importar y exportar, y a contratar a sus empleados. El país se abrió al capital extranjero. Para que se tenga una idea, Vietnam en 2018 recibió $35,460 millones en inversiones extranjeras, según datos oficiales, incluidas cuantiosas inversiones de los vietnamitas “gusanos” residentes en el extranjero, que además aportan su valioso know-how.

Los militares no dejan crecer al sector privado

¿Resultado? Se acabó el hambre y Vietnam devino potencia mundial exportadora de arroz y de café, al punto de que superó a Colombia y es hoy el segundo exportador mundial cafetero luego de Brasil. Antes de las reformas capitalistas el 80% de los vietnamitas era muy pobre y el 70% padecía hambre. Pero a principios de 2016 solo el 5.7 % de los vietnamitas era muy pobre y el hambre desapareció. Hoy de las 500 mil empresas que hay en Vietnam el 96.7% son privadas y generan el 60% del PIB.

¿Por qué Castro II y su Junta Militar no hacen lo mismo? Una de las principales razones es que los militares, dueños ya del grueso de la economía cubana, consideran a los negocios privados independientes como competidores que obstaculizan sus planes de monopolizar toda la economía y avanzar en el modelo de capitalismo de Estado al servicio solo de ellos. Mantienen el sector privado, pero como complemento accesorio muy controlado para que no crezca.

Los generales y comandantes históricos, ya muy ancianos,  quieren dejar bien posicionados en el poder económico a sus hijos, nietos y hasta biznietos. No quieren que un creciente sector privado independiente los aplaste, lo cual podría ocurrir si permiten que se desarrolle. O sea, son ellos quienes obstruyen toda vía posible de desarrollo del sector privado.

Esta es la lógica autista y antinacional del general Castro y de su claque cívico-militar, que retarda  irresponsablemente, de espaldas a su pueblo, lo que inevitablemente va a ocurrir en Cuba: el resurgimiento de una libre empresa masiva y pujante,  la única que puede sacar al país de la crisis y la pobreza,  y que  necesariamente será  la que reconstruirá la devastada economía cubana.

 

 

 

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About the Author

Roberto Álvarez Quiñones (Cuba). Periodista, economista, profesor e historiador. Escribe para medios hispanos de Estados Unidos, España y Latinoamérica. Autor de siete libros de temas económicos, históricos y sociales, editados en Cuba, México, Venezuela y EE.UU (“Estampas Medievales Cubanas”, 2010). Fue durante 12 años editor y columnista del diario “La Opinión” de Los Angeles. Analista económico de Telemundo (TV) de 2002 a 2009. Fue profesor de Periodismo en la Universidad de La Habana, y de Historia de las Doctrinas Económicas en el Instituto Superior de Relaciones Internacionales (ISRI). Ha impartido cursos y conferencias en países de Europa y de Latinoamérica. Trabajó en el diario “Granma” como columnista económico y cronista histórico. Fue comentarista económico en la TV Cubana. En los años 60 trabajó en el Banco Central de Cuba y el Ministerio del Comercio Exterior. Ha obtenido 11 premios de Periodismo. Reside en Los Angeles, California.

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