La constitucionalidad de Dios

Written by on 13 junio, 2019 in Critica, Política, Sociedad - No comments
Política. Sociedad. Crítica.
Por Hugo J. Byrne.

El ojo de Dios. Public domain.

El pensamiento libre proclamo en alta voz

y muera quien no piense igual

que pienso yo.

Muchos veredictos anunciados por el Noveno Distrito de la Corte de Apelaciones del Gobierno federal, relacionados con la presunta “inconstitucionalidad” de la frase “bajo Dios”, al jurar fidelidad a la bandera, demandan ciertas reflexiones nuestras.

La Primera Enmienda de la Constitución norteamericana, sin duda, implica una justa independencia del Estado de toda religión, tanto de la organizada como de cualquier otra fe que se practique individualmente.

Sin duda, ese es un elemento esencial en la libertad individual que los fundadores de esta república quisieron preservar para futuras generaciones norteamericanas. Las lecciones de la historia proclaman la sabiduría de la tolerancia religiosa, cuando se la compara con la barbarie que produce el poder político al servicio del fanatismo mesiánico.

Desde las invasiones islámicas, pasando por las cruzadas, las guerras religiosas que asolaron a Europa después de la Reforma, la Inquisición y el conflicto irlandés, hasta el presente terrorismo del llamado “Islam fundamentalista”, la combinación del poder político con la fe religiosa ha resultado siempre en terrible sufrimiento humano.

No es misterio que esta cultura nuestra se fundara originalmente por peregrinos que escapaban de opresiva intolerancia religiosa. Sin embargo, el concepto de Dios es universal, trascendiendo los límites de la religión y hasta de la filosofía.

La noción de una fuerza suprema transita en el pensamiento aristotélico y no son pocos los que piensan que Aristóteles ha sido el único filósofo real y que todos los que llegaron después, simplemente dan vueltas alrededor de sus nociones.

Incluso el ateísmo puede considerarse como un sentimiento religioso. No cabe duda de que ciertos ateos han demostrado su religiosidad transmutando su esencial misticismo de la fe en Dios de sus padres, a la fe en el hombre.

Para estos, el hombre es el nuevo Dios. Y, por lo tanto, es también su futuro autoemancipador, capaz de crear un paraíso terrestre. Ese es el caso de Karl Marx, quien manifestaba su ateísmo odiando al Dios de Israel y en esencia observando un antisemitismo militante. Marx, quien era también judío, demostraba su mesianismo con la fe socialista. Con la eliminación de la riqueza privada, Marx aspiraba a “liberar al mundo del judaísmo”. Esto es, en esencia, la “solución final” de Hitler desde el siglo XIX. Como reza el viejo proverbio cubano “no hay peor cuña que la del mismo palo”.

Nosotros los cubanos conocemos de las bendiciones del “paraíso terrestre socialista” de primera mano. Por eso nos inclinamos a coincidir con los cánones de la filosofía cristiana, que nos enseña entre otras muchas cosas que “ese reino no es de este mundo. Por lo demás la decisión de esos jueces federales es risible y tenemos la convicción que ha de ser algún día negada por alguna corte superior en honor al más elemental sentido común.

Si la mención de Dios al jurar fidelidad a la bandera es inconstitucional, entonces también lo es la Declaración de Independencia. Aunque un documento precede al otro, si vamos a seguir el dictamen estrecho del Noveno Distrito de la Corte de Apelaciones, tendríamos que informar al primer ministro británico que se haga cargo de nuestro Gobierno a nombre de la Reina.

H. G. Wells no había nacido y su máquina del tiempo ni siquiera era un concepto literario para la ciencia-ficción. Por eso el pobre Jefferson no tenía forma de consultar con los sabios magistrados federales de ahora sobre cómo componer el prólogo a su declaración, la que reza: “Han sido dotados por su creador con ciertos derechos inalienables“. Incluso la Constitución misma sería inconstitucional. Esto es lo que llaman en inglés oxymoron

¿Puede concebirse tamaño disparate? Para los magistrados del Noveno Distrito, modernos alquimistas, ciertamente, sucede que en el Artículo VII y ultimo dice textualmente: “Ejecutado en Convención por el consenso unánime de los Estados presentes el día diecisiete de septiembre, del año de Nuestro Señor, mil setecientos ochenta y siete”.

¿A qué Señor se referían? ¿Lo sabe el amigo lector?

Dios ciega a quienes quiere perder.

 

 

 

 

 

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About the Author

Nacido en la Ciudad de Matanzas el 8 de octubre de 1934 Padres: Mario F. Byrne y María J. Roque de Byrne. Datos académicos: Bachiller en Ciencias, dos años en la Escuela de Arquitectura de la Universidad de La Habana, diplomado como Dibujante Profesional por la Escuela de Artes y Oficios Fernando Aguado y Rico, de La Habana. Datos Profesionales: Más de treinta años de trabajo en varias multinacionales de Ingeniería y Construcción, incluyendo Bechtel Corp., Fluor Daniel, etc. Retirado en 1996. Militancia: Antiguo miembro de Unión Nacional de Integración Revolucionaria (UNIR) y de la Organización Revolucionaria Triple A. Servicio honorable en el Ejército de Los Estados Unidos. Vicepresidente Ejecutivo de Frente Baraguá (Delegación de California). Periodismo/Ensayo: Antiguo editor político del desaparecido semanario La Prensa de Los Angeles. Columnista del periódico 20 de Mayo. Colaboraciones a Contacto, The Orange County Register, etc.

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