Fidel Castro, inventario de mitos

Written by on 30 noviembre, 2016 in Uncategorized - No comments
Política. Crítica.
Por Jesús Hernández Cuéllar…
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La Habana Vieja por la noche. Wikimedia Commons.

Con un olfato casi sobrenatural para la conspiración y el marketing, Fidel Castro logró construir un régimen político a su imagen y semejanza, no sin antes tomar prestada una ideología ajena a la cultura occidental, el marxismo-leninismo, y formar una alianza estratégica con una de la dos potencias hegemónicas de la segunda mitad del siglo XX, la Unión Soviética.

El primer acuerdo con Moscú se firmó en la temprana fecha de febrero de 1960, apenas 13 meses después del triunfo revolucionario contra la dictadura del general Fulgencio Batista. A partir de ese momento, se desató una verdadera fábrica de mitos, para abrir el camino a la más larga permanencia en el poder que haya tenido gobernante alguno en el mundo occidental. La Unión Soviética suministró a Castro apoyo político, económico, diplomático y militar durante poco más de 30 años, hasta su desintegración como país al final de la Guerra Fría en 1991. Los subsidios soviéticos, según expertos, alcanzaron los seis mil millones de dólares al año. Además, gracias a Moscú, Cuba logró forjar el tercer ejército más poderoso del Hemisferio Occidental después de los de Estados Unidos y Brasil.

El general Raúl Castro anuncia la muerte de su hermano Fidel a través de la televisión estatal cubana, la noche del 25 de noviembre de 2016.

Para justificar el control absoluto de la sociedad, algo que no había ocurrido en Cuba en ninguna época previa, fue necesario ocultar toda información vinculada al pasado, especialmente la que pusiera de manifiesto lo que la República había logrado en sus primeros 57 años de historia. Una verdadera máquina propagandística se puso en marcha desde entonces, con el respaldo de gran parte de una izquierda que había logrado refugiarse en laberintos estratégicos como ciertos medios de comunicación social, universidades, organizaciones internacionales, gobiernos y sectores artísticos y literarios.

Los primeros mitos

En primerísimo lugar fue necesario dar una dimensión brutal a la represión del gobierno recién derrocado. Sin duda alguna, el golpe de estado que protagonizó Batista el 10 de marzo de 1952 interrumpió el curso constitucional y democrático de la Segunda República cubana, que se había inaugurado en 1940 cuando el mismo Batista fue elegido en las urnas para un período de cuatro años, pero su régimen dictatorial posterior nunca tuvo los niveles represivos que Castro le atribuyó, y mucho menos los del propio gobierno de Castro. En los discursos de los primeros años, el líder revolucionario y sus colaboradores aseguraban que el régimen batistiano había matado a 20 mil cubanos. Una relación que apareció en la revista Bohemia el 11 de enero de 1959 colocó la cifra en 898 muertos. Una relación posterior y aparentemente definitiva, efectuada por el coronel Ramón Barquín, militar opositor a Batista, refleja un total de 2.495 muertes, 968 de personeros de la dictadura, y 1,527 de opositores revolucionarios.

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Fidel Castro en una foto tomada en 2016. (Wiki Commons).

La nada elogiable dictadura de Batista duró exactamente seis años, nueve meses y 21 días, entre marzo de 1952 y el 1 de enero de 1959. Y fue precisamente en ese período que se produjo la mayor bonanza económica de Cuba en toda su historia. Bonanza que no se ha repetido desde entonces.

Pero el desarrollo de los mitos no se detuvo en la dictadura batistiana. Había que explicar al mundo que Cuba había sido hasta entonces una colonia de Estados Unidos llena de burdeles y casinos de juego, con un pueblo que vivía en la extrema pobreza. Sin embargo, cifras de organizaciones internacionales y de expertos, desmienten también ese mito. De acuerdo con Mario Lazo, abogado de las principales empresas norteamericanas que funcionaban en Cuba, el nivel de inversión de Estados Unidos en la isla era del 14% en 1959. La confiscación de todas las propiedades estadounidenses que hizo Castro en 1960, parece confirmar el cálculo de Lazo. Todas esas empresas tenían un valor total de aproximadamente mil millones de dólares de aquella época. Si se contrasta esa cifra con el valor de las mayores empresas cubanas confiscadas en el mismo período —no todas, sólo las principales— se puede tener una idea de la realidad. El valor de las grandes propiedades cubanas que cayeron en manos del gobierno revolucionario era en aquel momento de 25 mil millones de dólares.

Desde finales de los años 40 hasta un drástico cambio de dinero efectuado en 1961, la moneda nacional cubana, el peso, valía un dólar en el mercado nacional e internacional. Desde 1961, no tiene valor alguno fuera de Cuba.

En el mundo laboral

Por otra parte, cifras de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) indican que a la llegada de Castro al poder, Cuba ocupaba el lugar número ocho en el mundo en el pago de salarios a trabajadores industriales, con seis dólares diarios, superada únicamente por Estados Unidos ($16.80), Canadá ($11.73), Suecia ($8.10), Suiza ($8.00), Nueva Zelanda ($6.72), Dinamarca ($6.46) y Noruega ($6.10). Ningún país de lo que hoy se conoce como el Tercer Mundo estaba por encima de Cuba.

Otras cifras de la OIT destacan que Cuba se encontraba en el lugar número siete del mundo en cuanto al pago a los trabajadores agrícolas, con tres dólares diarios, superada solamente por Canadá ($7.18), Nueva Zelanda ($6.72), Australia ($6.61), Estados Unidos ($6.80), Suecia ($5.47) y Noruega ($4.38). De acuerdo con el Anuario Estadístico de Naciones Unidas, el desempleo en Cuba en 1956 era de 12.5%.

Actualmente, un profesional cubano (médico, abogado, ingeniero) recibe un salario promedio de 400 pesos cubanos al mes, cifra equivalente dentro de Cuba a menos de dos dólares. Es decir, equivalente a pobreza, según los estándares de Naciones Unidas. Tras su entrada en el bloque de aliados de Moscú, Castro instituyó el pleno empleo y teóricamente desapareció el desempleo. El gobierno se convirtió en dueño de todos los medios de producción y servicios, incluidos los medios de comunicación social, y por tanto se erigió en el único empleador.

Al llegar a este punto, vale la pena hacer un paréntesis. Cursar una carrera en la Universidad de La Habana en la década de los 50, costaba 60 dólares al año, que se podían pagar en tres plazos de 20 dólares. Ser socio de una de las numerosas clínicas mutualistas de Cuba, costaba un promedio de entre dos y tres dólares mensuales. Los grandes hospitales del país, eran gratuitos. Entre ellos estaban centros médicos muy conocidos como el Calixto García de La Habana, el Amalia Simoni de Camagüey o el Saturnino Lora de Santiago de Cuba, entre otros muchos.

En materia de salud pública

Efectivamente, la creación de médicos y otros profesionales de la salud experimentó un salto tremendo durante el proceso castrista. Decenas de miles de médicos, cubanos y extranjeros, se graduaron de universidades cubanas a lo largo de estos años. Pero Cuba tenía un récord extraordinario en ese renglón antes del triunfo revolucionario. En 1953, Cuba ocupaba el número 22 en el mundo en médicos por habitantes, con 128.6 por cada 100 mil. Su tasa de mortalidad era de 5.8 -tercer lugar en el mundo-, mientras que la de Estados Unidos era de 9.5 y la de Canadá de 7.6. A fines de los 50, la isla tenía la tasa de mortalidad infantil más baja de América Latina con 3.76, seguida por Argentina con 6.11, Venezuela 6.56 y Uruguay 7.30, según datos de la Organización Mundial de la Salud.

En 1958, Cuba tenía una población de 6,630.921 habitantes. En esa época, había en la isla 35 mil camas de hospitales, un promedio de una cama por cada 190 habitantes, cifra que excedía la meta de los países desarrollados de esa época de 200 personas por cama de hospital, según el Anuario Estadístico de Naciones Unidas.

Fusilamientos, Cárceles, Torturas

Otro de los grandes mitos que Fidel Castro en persona creó fue el de “en Cuba no hay ni un solo desaparecido, ni un solo preso torturado”, durante una entrevista con el periodista norteamericano Dan Rather.

El largometraje documental “Conducta impropia”, sobre las víctimas de los campos de concentración y trabajos forzados de las llamadas Unidades Militares de Ayuda a la Producción (UMAP), a las que fueron miles de jóvenes homosexuales, religiosos o críticos del gobierno, desmienten esa afirmación. Ese filme, realizado por Orlando Jiménez Leal y Néstor Almendros (ganador de un Oscar), dio la vuelta al mundo a principios de la década de los 80 del siglo pasado. Otro largometraje, “Nadie escuchaba”, también de Almendros y Jorge Ulla, presenta escalofriantes testimonios de prisioneros políticos cubanos. Testimonios similares aparecen en el libro “Contra toda esperanza”, del prisionero Armando Valladares, quien pasó 22 años en las cárceles cubanas.


Cuba: El Aterrador Silencio de las Multitudes


En su libro “Cuba: Mito y Realidad”, el sociólogo Juan Clark afirma que la cifra más alta de prisioneros políticos que ha tenido Cuba en toda su historia -todos al mismo tiempo ya condenados- fue de unos 60 mil en la década de los años 60. La organización Amnistía Internacional señala que a mediados de la década de los 70 unos 20 mil de esos reclusos habían sido liberados.

Estos hombres sufrieron a lo largo de sus condenas, diversos castigos. Uno de los lugares preferidos de los carceleros para sancionar a los presos eran las llamadas “gavetas”, especialmente en las prisiones de la región oriental de Cuba, que tenían un tamaño aproximado de cuatro pies de ancho por seis de largo.

“Los presos tenían que permanecer en ellas arrodillados. Los que sufrían esa tortura estaban en esas celdas de cinco a seis meses”, narró a Contacto Magazine, Eddy Carrera, quien permaneció 16 años en varias prisiones de la isla.

Clark cita en su libro otro tipo de celda de castigo llamada “La Ratonera”, en la prisión de La Cabaña, en La Habana, de unos siete por cuatro pies, pero hace énfasis en el hecho de que en los últimos años las más utilizadas eran las “tapiadas”, de la cárcel de Boniato, en la región oriental del país, así como “los candados” y “el rectángulo de la muerte” en el Combinado del Este, en La Habana.

Por otra parte, la organización de derechos humanos Cuba Archive registra 7.634 muertes durante los primeros 55 años del régimen, de las cuales 7.101 fueron provocadas por el gobierno, 322 por opositores y 211 por razones políticas causadas “por otros actores” que no especifica. También informa que 16 prisioneros han muerto en las cárceles cubanas por huelga de hambre y 299 por negligencia médica. Además, incluye 144 suicidios por causas políticas.

Importantes organizaciones como Amnistía Internacional, Human Rights Watch, Pax Christi y Reporteros sin Fronteras han dado cuenta de esos atropellos a los derechos humanos en sus informes anuales.

Culto a la personalidad

El culto a la personalidad de Fidel Castro ha sido una constante desde 1959, a través de extensas y numerosas apariciones en medios de comunicación en cadena, consignas, carteles al aire libre, y menciones en escuelas, centros de trabajo, radio, televisión, periódicos e internet. Uno de los grandes mitos vinculados al culto a la personalidad, tal vez el más importante, es el de que el caudillo cubano ha sido blanco de 640 atentados por lo menos en los 47 años antes de su retiro.

Una operación matemática simple permite saber que al dividir esa cantidad de supuestos atentados por 47, se obtiene la cifra de 13.6 atentados por año. Es decir, más de un atentado por mes durante casi medio siglo. Imposible. Más que un mito, es una flagrante mentira.

Estos no son los únicos, pero conocer por lo menos parte de los mitos que rodean la figura de Fidel Castro podría ayudar a importantes organizaciones e individuos de América Latina a entender que las ideologías políticas, los sistemas políticos, los partidos políticos e inclusive los líderes políticos no son de utilidad alguna si no son capaces de crear bienestar y prosperidad en libertad.

También es importante entender que todos los países que pertenecen al Primer Mundo viven en democracia y economía de mercado, dos elmentos básicos del desarrollo que Castro le negó al pueblo cubano. Y, por supuesto, es imprescindible saber que jamás se han producido guerras entre naciones regidas por gobiernos democráticos.

Jesús Hernández Cuéllar

 

 

 

 

 

©Jesús Hernández Cuéllar

About the Author

Jesús Hernández Cuéllar es director y editor de Contacto Magazine. Desde 1981 ha trabajado en todo tipo de medios: agencias de prensa, diarios, radio, televisión, semanarios, internet, revistas y redes sociales. Fue redactor de la agencia EFE en Cuba, Costa Rica y Estados Unidos, así como editor metropolitano del diario La Opinión de Los Angeles, California, e instructor de periodismo de la Universidad de California en Los Angeles (UCLA). Ha trabajado como periodista en las elecciones presidenciales de Estados Unidos desde la elección de Ronald Reagan en 1984.

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