El castrismo ahora mira hacia China

Written by on 17 junio, 2019 in Critica, Política - No comments

Política. Sociedad. Crítica.

Por Roberto Álvarez Quiñones.

Chinese New Year Festival Chinese Dragon China. Public domain.

Un amigo que leyó el artículo titulado “Caída de Maduro forzará cambios en Cuba”, publicado recientemente aquí en Palabra Abierta, me dijo que no estaba de acuerdo en que yo le aplicara al castrismo la frase “A la tercera va la vencida”, pues al venirse abajo la dictadura chavista, la pandilla de La Habana hará cualquier cosa con tal de mantenerse en el poder, incluso hasta liberar las fuerzas productivas.

Estoy totalmente de acuerdo con él. Es lo que sucedió en China y en Vietnam, y fue  lo que dejé para analizar en un trabajo posterior, como dije al final del artículo. Y es este el requerido trabajo.

Con la frase “a la tercera va la vencida”, que proviene del derecho penal de los siglos XVI y XVII, cuando eran condenados a muerte quienes robaban por tercera vez, no me refería a que al caer el chavismo caerá también el castrismo, sino que será sumamente difícil mantener en Cuba el modelo estalinista centralizado, que muy poco ha cambiado desde que fue montado por el Che Guevara, cuando desde la JUCEPLAN y el Ministerio de Industrias, él dirigía la economía cubana.

Ernesto “Che” Guevara. Wikimedia Commons.

A propósito, hoy en Cuba son poquísimos los que saben que fue el comandante argentino, y no Fidel Castro,  quien diseñó e instaló en la isla el sistema de economía centralmente planificada, y basándose en el modelo estalinista de los años 30 y 40 en la Unión Soviética.

Con una mayor formación teórica marxista-leninista que Fidel, pero sobre todo como admirador confeso de Stalin, el Che no aplicó el modelo del cálculo económico que había en la URSS desde la muerte de Stalin, porque lo consideraba una variante vergonzante  de capitalismo. Carlos Rafael Rodríguez sí era partidario del cálculo económico, pero el Che, a no dudarlo,  convenció a Fidel Castro de que eso era peligroso.

Brevemente quiero recordar que en la URSS con el cálculo económico las empresas estatales tenían bastante autonomía en su gestión y obtenían un porcentaje de las utilidades si cumplían el plan trazado. Las empresas decidían los surtidos a producir y las inversiones a realizar en la fábrica. Y los trabajadores  recibían primas en dinero y  obtenían parte de las ganancias si lograban reducir los costos de producción, o lo mantenían bajo.

Fidel y el Che, más maoístas y trotskistas que leninistas

Lo mismo se hizo en  todas las naciones comunistas europeas. En forma más atrevida en Alemania Oriental con sus combinados industriales, que pude conocer en 1978 cuando visité la República Democrática Alemana. En Yugoslavia el mariscal Tito fue más lejos y creó cooperativas que gestionaban las empresas y obtenían parte de las ganancias. Claro, nada de aquello salvó de su derrumbe apoteósico al “socialismo real”.

Para el dueto Castro-Guevara la autonomía empresarial y los estímulos en dinero eran una traición al socialismo. Ambos comandantes eran más maoístas y trotskistas que leninistas. Lenin, pese a la gran oposición de Trotski, fue más lejos que el cálculo económico cuando en 1921 lanzó la “Nueva Política Económica”, que restableció en pequeña escala la economía de mercado en la Rusia bolchevique, hasta que Stalin la desmanteló luego de la muerte de Lenin.

En Cuba pasaron décadas hasta que por fin se flexibilizó el centralismo, pero muy poco. Los “lineamientos…” del Partido Comunista dejaron intacta la intromisión del plan central en todo el quehacer económico. De ese tutelaje estatal solo escapa muy tangencialmente el cuentapropismo (pequeños negocios familiares), y en cierta medida los campesinos individuales, pero solo ligeramente en cuanto al plan central, pues su actividad comercial y productiva  sigue siendo controlada por el Estado.

Sin cash regalado no hay plan central estalinista

La economía socialista basada en un plan central único nace ya con el ADN de la improductividad y el fracaso. Por eso en Cuba solo ha sobrevivido  financiada con dinero regalado. El país produce tan poco que se crea un círculo vicioso fatal: hay que importarlo casi todo, pero no se generan los recursos  para hacerlo.

El régimen castrista necesita entre 16,000 y 17,000 millones de dólares anuales para mantener un pobrísimo nivel de vida pero sin llegar a la miseria de un “período especial”. Sin Maduro, Cuba apenas contará con la mitad de esa cifra, o menos.

El cash que recibirá en el postchavismo será el de las remesas, exportación de bienes (que en 2018 no llegaron ya ni a $1,700 millones), la expoliación de los médicos que le queden en el extranjero (que serán muchos miles menos que ahora), y las pocas divisas netas que capta del turismo, pues hay que gastar en importaciones para esa industria 65 centavos de cada dólar bruto recibido.

Además, con la caída de Maduro, a La Habana se le acabará el narcotráfico y lavado de dinero  que ya se sabe realiza desde territorio venezolano en contubernio con las guerrillas de las FARC y el ELN.

Cuando Raúl Castro promovió el “diálogo” entre la dictadura de Maduro y la oposición  en Noruega  lo hizo con la pretensión de que en un gobierno de transición en Venezuela haya chavistas suficientes que le garanticen la entrega de petróleo, si no gratis, bien barato, y mantener a los médicos con una reducción del actual despojo de un 75% de sus salarios.

La fórmula “salvadora” de dictadura arriba y capitalismo abajo

Pero no es sensato creer que un nuevo Gobierno provisional venezolano, aun con chavismo incrustado, pueda regalar petróleo y divisas a Cuba. Surge entonces la pregunta de cajón: ¿qué hará la dictadura cubana para sobrevivir y mantenerse en el poder?

Los chinos y los demócratas americanos. Wikimedia Commons.

Desafortunadamente, sí tiene para dónde mirar: la dictadura china. Allí ostenta el poder el mismo Partido Comunista (PC) que mató a 65 millones de personas. China ha mostrado que arriba se puede mantener en el poder una dictadura comunista  si abajo libera las fuerzas productivas. Y Vietnam hizo lo mismo.

En 1978, dos años después de morir Mao Tse Tung, el mismo PC chino, ya con un nuevo liderazgo, lanzó las reformas capitalistas y se atornilló en el poder con la consigna antimarxista de  “enriquecerse es glorioso”,  acuñada por el número uno del país, el “liberal Deng  Xiaoping, a quien no le tembló la mano para ordenar en 1989 la masacre de miles de jóvenes que en la Plaza Tiananmen pedían libertades democráticas.

Con aquel monstruoso genocidio la comunidad internacional se molestó un poquito, pero como China era ya un paraíso para los inversionistas de Occidente, nadie hizo nada para castigar a Pekín.  Hoy Tiananmen sigue dominada por la foto gigante de Mao. Y la dictadura china es cada vez más represiva, y no menos.

Letal falacia china: la falta de democracia garantiza el desarrollo

Xi Jinping. Wikimedia Commons.

Lo peor de todo, el Partido Comunista, ahora con el autócrata y ególatra dictador Xi  Jinping al frente, le vende al pueblo chino y al mundo entero una idea letal, muy  preocupante, que puede hacer mucho daño en naciones en desarrollo. Según Pekín la falta de libertades democráticas paradójicamente es un factor sine qua non para lograr el desarrollo económico y la estabilidad político-social de un país.

Lo mismo dicen los jerarcas de Vietnam. Y es también la fórmula que en buena medida se aplica en Rusia con su “democracia controlada”. Con todos estos antecedentes el “socialismo de mercado chino y vietnamita es bien atractivo para la mayor parte de la élite castrista. Más atractivo que el modelo “putinista”, que implica más libertades civiles y políticas, a las que el castrismo teme como Drácula a la cruz.

El problema es que las reformas en Asia y Europa las lanzaron nuevos líderes y en Cuba sigue al mando la vieja guardia jurásica de hace 60 años, que se niega a traicionar el legado estalinista de Fidel y cree que la libre empresa arruinaría sus planes de capitalismo de Estado controlado por las Fuerzas Armadas

La caída de Maduro cambiará muchas cosas

Pero la caída de Maduro obligará a hacer reformas en Cuba. Será cuestión de vida o muerte para la economía y para la salud política de la tiranía debido a los efectos psicológicos desestabilizadores que causará el fin de la “revolución bolivariana”  en la sociedad cubana.

Raúl Castro. Wikimedia Commons.

Castro II y sus dinosaurios tendrán ante sí un dilema: o liberan ellos mismos las fuerzas productivas, o los menos trogloditas jerarcas los presionan para que las hagan, so pena de ser “invitados” a una confortable jubilación.

No importa si  iguales o no a las de China y Vietnam, o parecidas a las de Putin, las reformas deberán poner fin al absurdo centralismo estatista y conceder más espacio a la propiedad privada y el mercado.

Es ese un escenario probable. Probablemente surjan otros que, ¿por qué no”, podrían írseles de las manos a la mafia que literalmente ha acabado con Cuba. Ojalá así sea.

 

 

 

 

 

 

©Roberto Álvarez Quiñones. All Rights Reserved.

 

About the Author

Roberto Álvarez Quiñones (Cuba). Periodista, economista, profesor e historiador. Escribe para medios hispanos de Estados Unidos, España y Latinoamérica. Autor de siete libros de temas económicos, históricos y sociales, editados en Cuba, México, Venezuela y EE.UU (“Estampas Medievales Cubanas”, 2010). Fue durante 12 años editor y columnista del diario “La Opinión” de Los Angeles. Analista económico de Telemundo (TV) de 2002 a 2009. Fue profesor de Periodismo en la Universidad de La Habana, y de Historia de las Doctrinas Económicas en el Instituto Superior de Relaciones Internacionales (ISRI). Ha impartido cursos y conferencias en países de Europa y de Latinoamérica. Trabajó en el diario “Granma” como columnista económico y cronista histórico. Fue comentarista económico en la TV Cubana. En los años 60 trabajó en el Banco Central de Cuba y el Ministerio del Comercio Exterior. Ha obtenido 11 premios de Periodismo. Reside en Los Angeles, California.

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