Dos críticas de José Antonio Velasco

Written by on 5 abril, 2016 in Critica, Literatura - No comments
Literatura. Crítica.
Por José Antonio Velasco…
 El jugador de ajedrez

Stefan Zweig

Autor: Stefan Zweig

Uno se sentía como el buzo sumergido en un mar de silencio que presiente que el cable que lo conecta al mundo exterior se ha roto y que nunca jamás será sacado de ese mundo sin tonos. 

Stefan Zweig publicó este pequeño relato poco después de la Segunda Guerra Mundial.  La historia ya es un clásico, escrito con puntería y construido cuidadosamente para tener al lector atrapado.

El jugador de ajedrez, escrito originalmente en alemán, es narrado en primera persona por un viajero que coincidencialmente hace un trayecto con el campeón de ajedrez en las épocas de Hitler.  Al comienzo el lector es guiado a creer que la historia trata sobre el campeón, pues su pasado es contado con detalle y con el debido encanto que uno le debe a la gente humilde que logra cosas grandes.  Pero en dos páginas, Zweig introduce otro jugador dentro del viaje, e inevitablemente los dos hombres se encuentran cada uno del otro lado del tablero.   Dar más detalles sería dañar el relato, pero quien no considera el ajedrez como un juego apasionante, se verá desengañado con este cuento.

El jugados de ajedrez se lee en unas dos horas y media, perfecto para el vuelo que se atrasó.  Un ejemplo ideal de un buen relato, de una trama que lo tiene a uno amarrado no por la acción, sino por lo que hay detrás de ella: aquella deliciosa intriga sobre las emociones de los personajes.

Cali, 21 de marzo de 2016

Nadie encendía las lámparas
Felisberto-Hernández
Autor: Felisberto Hernández

Al silencio le gustaba escuchar la música; oía hasta la última resonancia y después se quedaba pensando en lo que había escuchado. Sus opiniones tardaban. Pero cuando el silencio ya era de confianza, intervenía en la música: pasaba entre los sonidos como un gato con su gran cola negra y los dejaba llenos de intenciones

El párrafo de arriba debe dejar en claro la calidad del escritor Uruguayo.  También debe dar un indicio al lector de que al parecer el autor fue un buen pianista, y que la música se mezcla con su literatura creando algo verdaderamente original.
Nadie encendía las lámparas es una recopilación de cuentos, en los cuales el piano casi siempre aparece.  El estilo del uruguayo puede recordarle al lector a un Cortázar más anciano (Hernández casi nació con el siglo en 1902): su imaginación es deliciosa y su atención a los detalles logran tanto lo mágico cómo lo trágico.  Uno se encuentra frases perfectas cómo:

Yo había corrido la silla un poco hacia los agudos para estar más cómodo; y las primeras notas empezaron a caer como gotas al principio de una lluvia

Frases que uno encuentra metidas en un ambiente de pueblo simple, de pueblo viejo de comienzos del siglo XX, cuando la vida era más sencilla, cuando se andaba a caballo y conquistar a una mujer incluía toda suerte de diligencias con los padres.  A sus frases perfectas se le suman párrafos sumamente gráficos:

Cuando se hizo muy tarde, llegó a mi casa, junto con mis hermanas, una muchacha rubia que tenía una cara grande, alegre y clara.  Esa misma noche le confesé que mirándola descansaba de unos pensamientos que me torturaban, y que no me di cuenta cuándo fue que esos pensamientos se me fueron.  Ella me preguntó cómo eran esos pensamientos, y yo le dije que eran pensamientos inútiles, que mi cabeza era como un salón donde los pensamientos hacían gimnasia, y que cuando ella vino todos los pensamientos saltaron por las ventanas.

Finalmente uno se da cuenta, que quizás Hernández jugaba con la literatura de la misma manera que lo hacía con su piano.  Tras leer el libro, a uno le dan ganas de saber cómo eran sus conciertos.
Cali, 13 de marzo de 2016
José Antonio Velasco
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About the Author

José Antonio Velasco nació en Cali, Colombia, en 1978. A los diecinueve años emigró a los Estados Unidos, donde completó sus estudios en ingeniería y trabajó —como todo el mundo— para ganarse la vida. Años más tarde, el vicio de la lectura y las ganas de escribir hicieron que siguiera estudios de literatura y periodismo. Ha escrito cuentos, una novela pequeña y artículos de periodismo para varias revistas. Vivió en Nueva York por tres años, donde siguió su doble vida de literato e ingeniero. Hoy hace lo mismo, pero en París, y publica su blog Llover sobre mojado.com.

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