Cuba:   mentir para que no cunda el pánico

Written by on 2 agosto, 2019 in Critica, Política - No comments
Política. Crítica.  
Por Roberto Álvarez Quiñones.

Ilustración tomada de la página web Un cuento viejo, por Enrique García Mieres: “La verdad comunista de una mentira castrista”.

Ilustración tomada de la página de Twitter La caldera del diablo.

En Cuba a medida que  se va agravando la crisis  ya existencial del país, debido a la inviabilidad del comunismo y la devastación en Venezuela, más miente la cúpula cívico-militar de la dictadura  para tratar de evitar que coja más presión la caldera social de la nación.

Ello es expresión de la cultura del engaño entronizada por Fidel Castro. El comandante no solo implantó el record  mundial del dictador que más tiempo ha estado en el poder, 52 años, sino que estableció otras plusmarcas planetarias, entre ellas la del jefe de Gobierno que más ha engañado y mentido a su pueblo,  durante más tiempo.

Ilustración tomada de Baracutey Cubano.

Tanto mintió que puso en duda la validez de la afirmación de Abraham Lincoln de que “se puede engañar a todo el mundo algún tiempo, se puede engañar a algunos todo el tiempo,  pero no se puede engañar a todo el mundo todo el tiempo”. El Comandante en Jefe mintió y engañó a todos, todo el tiempo. Desde la Sierra Maestra prometió  que al triunfar su revolución (porque era de él) se restablecería la democracia liberal, la Constitución de 1940, la libertad de prensa y de expresión, se elegiría un nuevo presidente de la república en elecciones en las que él no se presentaría pues no le interesaba el poder, sino volver a ejercer su profesión de abogado. Y ya en La Habana juró que en Cuba no habría jamás comunismo, ni se estatizaría la economía.

La ‘revolución cubana’, el mayor fraude en la historia continental

De las mentiras posteriores ni qué decir. La historia de Castro I es la de un mitómano compulsivo que pasó toda su vida embaucando a todos. Esa mitomanía se enraizó en el tuétano del castrismo y está en el ADN de la “revolución cubana”,  por sí misma el mayor fraude en la historia político-social de las Américas, y que, parodiando el título de la obra monumental del peruano Eudocio Ravines, yo diría que ha sido La gran estafa de América Latina.

El más fiel discípulo de Castro I, su hermano Raúl, hace gala de ese ADN. A medida que empeora  la situación en la isla exige a sus burócratas que mientan y manipulen más que nunca la realidad.

Ha prohibido llamar por su nombre al nuevo “período especial”, que ahora es “tensión financiera”. Y el “presidente” por él designado ya no se mide para falsear la realidad sin escrúpulo alguno, al igual que los ministros del equipo económico.

Hace poco Díaz-Canel  botó la pelota al anunciar que el Producto Interno Bruto (PIB) en 2018 creció en un 2.2%, más del doble que el 1.0% reportado por el Fondo Monetario Internacional (FMI) para toda Latinoamérica, y también el doble del 1.2% informado en diciembre en la Asamblea Nacional cubana.

Sobra decir que esa cifra de 1.2% ya fue falsa. La economía cubana está en recesión hace rato si se calcula el PIB correctamente y no con trampas  como la de contabilizar como ingresos y nuevos valores creados  los  gastos estatales multimillonarios de la Salud Pública y Educación.

Todo va peor, pero la economía ‘crece’

Alejandro Gil, ministro de Economía cubano. Foto tomada de Cubanet.

El ministro de Economía, Alejandro Gil,  no se quedó atrás y dijo que en 2019 el PIB de Cuba crecerá en un 1.5%, o sea, más del doble del 0.6% de crecimiento que prevé el FMI tendrá este año Latinoamérica.

Rodrigo Malmierca, ministro de Comercio Exterior e Inversión Extranjera,  informó que en 2018  el intercambio comercial de Cuba con el mundo aumentó en un 5%. Pero según estimados de economistas en la isla en 2018 las exportaciones cubanas de bienes no llegaron ni a $1,600 millones, solo un tercio de los $5,399 millones que vendió en 1989. ¿Qué otro país del mundo exporta hoy la tercera parte de lo que vendía hace 30 años?

Nada menos que la CEPAL, entidad penetrada por el castrismo hace décadas, reveló que en 2018 en Cuba cayeron todos los ingresos por exportaciones, el turismo y los servicios prestados por miles de médicos en más de 60 países, a los que explota como esclavos de bata blanca.

El propio Díaz-Canel  prometió que no habría “apagones programados” en el verano, y en solo 11 días la prensa independiente cubana reportó recientemente 462 apagones en 68 municipios de 15 provincias.

Raúl García Barreiro, ministro de Energía y Minas. Foto tomada de la página web Mesa Redonda.

El ministro de Energía y Minas, Raúl García Barreiro, dice que los apagones se deben a averías  y promete que pronto todo estará resuelto. A Barreiro le tienen prohibido decir que la falta de petróleo es una de las principales causas de los apagones, que asfixian a los cubanos en pleno julio, pues paralizan los ventiladores y aires acondicionados y se descomponen  los pocos alimentos en los refrigeradores, muchos adquiridos a precios exorbitantes.

El PIB según el régimen  va a crecer el doble que en el resto de Latinoamérica, pero la zafra azucarera fue  nuevamente un desastre y el país ha tenido que importar azúcar. También Cuba recibirá en 2019  un millón menos de turistas. Se esperan 4.3 millones, es decir, 400,000 turistas menos que en 2018.

Se sabe que ya se están cerrando, y ello seguirá en los próximos meses, unas  300 empresas estatales industriales por la falta de combustible y por la paralización de las importaciones de más del 60% de las materias primas.

La escasez agobia y “todo va bien”

Irónicamente mientras el 13 de julio  la Asamblea Nacional aprobaba una nueva Ley de Pesca, allí mismo en el Palacio de Convenciones se informaba que el consumo per cápita anual de pescado bajó de 16 kilogramos en 1989 a 4.3 kg en 2014, y que en los últimos cinco años las capturas de la pesca cubana cayeron en un 70 %. Algo inaudito.

Hay ocho mil médicos menos explotados en el extranjero, una alarmante escasez de pollo, harina, aceite, huevos, carne de cerdo, combustible, medios de transporte, ropa, zapatos y productos de higiene personal. No hay ni amalgama para hacer empastes dentales.

En las farmacias faltan 44 medicamentos clave, lo cual puede causar muertes de pacientes. Según el MINSAP faltan el clonazepan, la risperidona, la fluodrocortisona y el atenolol, todos regulados mediante una tarjeta. Han desaparecido analgésicos, antipiréticos, antiinflamatorios no esteroideos, antibacterianos y cefalosporinas.

Por otra parte, los nuevos trenes nacionales, fabricados en China, estrenados recientemente, llegan a su destino con hasta seis horas de atraso, entre otras causas porque se detienen durante horas  en distintos puntos del trayecto, ya que los  maquinistas temen accidentes debido al pésimo estado de las vías férreas. Pero la economía cubana “crece”, y a mayor ritmo que el resto de América Latina.

Y hace unos días un estudio científico mostró que los 40 diplomáticos de EE.UU. y Canadá afectados por ataques acústicos en La Habana han padecido de anomalías cerebrales, como problemas con la memoria, la concentración, el equilibrio, la vista, la audición, dolores de cabeza. Pero la dictadura asegura que nunca hubo tales ataques, que todo es un montaje del Gobierno de Donald Trump para dañar la imagen de la “revolución”.

Crisis más difícil de manejar

El castrismo encima de que se burla de los cubanos no los deja progresar. El régimen está estableciendo topes de precios a los productos y servicios que ofertan los negocios privados. Varios dirigentes han afirmado que tales medidas son para “frenar las ilegalidades”. Falso, están concebidas para impedir que el sector privado se desarrolle. En Cuba está proscrita la libre empresa, el motor que mueve el mundo.

En fin, está claro que Raúl Castro ha dado instrucciones a la burocracia estatal y del Partido Comunista de no dar malas noticias para no exacerbar el descontento de la población. La consigna es: “A mentir más que nunca, señores, o la cosa se nos pondrá muy fea”.

Y es que esta nueva crisis es más difícil de manejar que la de los años 90. Ha habido cambios en la sociedad cubana. La cúpula dictatorial no puede hacer los mismos cuentos de camino de entonces, pues ya no está el Cuentero en Jefe, el que embaucaba al pueblo como nadie, por encima de Hitler, Mussolini y Hugo Chávez.

 

 

©Roberto Álvarez Quiñones. All Rights Reserved 

About the Author

Roberto Álvarez Quiñones (Cuba). Periodista, economista, profesor e historiador. Escribe para medios hispanos de Estados Unidos, España y Latinoamérica. Autor de siete libros de temas económicos, históricos y sociales, editados en Cuba, México, Venezuela y EE.UU (“Estampas Medievales Cubanas”, 2010). Fue durante 12 años editor y columnista del diario “La Opinión” de Los Angeles. Analista económico de Telemundo (TV) de 2002 a 2009. Fue profesor de Periodismo en la Universidad de La Habana, y de Historia de las Doctrinas Económicas en el Instituto Superior de Relaciones Internacionales (ISRI). Ha impartido cursos y conferencias en países de Europa y de Latinoamérica. Trabajó en el diario “Granma” como columnista económico y cronista histórico. Fue comentarista económico en la TV Cubana. En los años 60 trabajó en el Banco Central de Cuba y el Ministerio del Comercio Exterior. Ha obtenido 11 premios de Periodismo. Reside en Los Angeles, California.

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