¿Se puede dialogar con tiranos?

Written by on 24 julio, 2019 in Critica, Política - 2 Comments
Política. Crítica. 
Por Roberto Álvarez Quiñones.

Tomado de EP.

La palabra tirano, del griego tyrannos,  surgió en la Grecia antigua hace unos 2,700 años aplicada a los déspotas que usurpaban el poder por la fuerza. El primero así llamado fue Giges, de Lidia (donde por primera vez se acuñó moneda), en el siglo VII antes de Cristo.

También antes de nuestra era en la república de Roma vio la luz el vocablo “dictator”, el hombre fuerte que por orden del Senado asumía todos los poderes por seis meses. En el siglo XIX se volvió a usar, pero con igual significado que los tiranos en Grecia, para los usurpadores del poder.

Pues bien, desde los tiempos genésicos de la antigüedad, y los de la centuria 19, hasta hoy, jamás las tiranías y dictaduras más sangrientas, a cargo de genocidas, torturadores, narcotraficantes  y ladrones del Tesoro público  han cedido el poder, ha habido que quitárselo. Los tiranos son depuestos, ejecutados,  encarcelados, o se mueren de viejos en  el  poder.

Nunca hubo diálogo con Hitler, Mussolini, Stalin,  Mao, Pol Pot,  Sadam Hussein, Idi Amin Dada,  Franco, Slobodan Milosevic, o Muammar Gadafi, algunos de los más sanguinarios tiranos en la historia reciente. Tampoco lo hubo con Machado, Batista, Somoza, Trujillo,  o Stroessner. Con excepción de Stalin, Mao y Franco, que murieron en el poder porque nadie los sacó, los otros déspotas mencionados fueron echados por la fuerza, e incluso dos de ellos  fueron linchados en plena vía pública: Mussolini y Gadafi.

A ningún cubano se le ocurrió pensar que Fidel Castro podía entregar su trono faraónico en unas negociaciones con  opositores. Ni su hermano Raúl  lo haría nunca. Y si Pinochet lo entregó fue porque creía que ganaría un plebiscito.

Diálogo entre Maduro y Guaidó. Tomado de Panorama.com.ve.

Sin embargo, luego de los contactos entre opositores y la dictadura de Nicolás Maduro en Barbados, el Gobierno de Noruega, mediador oficial, reveló que ha quedado instalada “una mesa que trabajará de manera continua y expedita, con el fin de llegar a una solución acordada y en el marco de la Constitución”. Y pocos días después se volvieron a reunir.

Y es que los líderes de la oposición venezolana están bajo una presión internacional insoportable para que negocien con la dictadura.  Juan Guaidó y sus colegas saben que eso no es viable, pero si no aceptasen sentarse a la mesa serían tildados de renuentes al entendimiento pacífico civilizado.

Un Estado fallido afincado en el crimen organizado

Pero si hasta antes de la divulgación del informe de Michelle Bachelet sobre los crímenes en Venezuela la dictadura pretendía utilizar el diálogo para dar la impresión de que la juzgan mal y sí está dispuesta a negociar, con el demoledor reporte de la ONU  se hizo trizas la pretensión del lobo disfrazado de ovejita.

El documento confirmó que en Cubazuela no hay un régimen dictatorial convencional, sino una mafia a cargo de un Estado fallido del crimen organizado. El general Marcos Pérez Jiménez, el dictador venezolano antes del período democrático que duró 40 años  hasta la llegada de Hugo Chávez en 1998, era una monja de la caridad comparado con Maduro. Y no salió de Miraflores como resultado de un diálogo, sino derrocado  por un golpe de Estado encabezado por el jefe de la Marina de Guerra, contralmirante Wolfgang Larrazábal.

Nada bueno para los venezolanos puede salir de una mesa de diálogo que, aunque servida por Noruega, fue una iniciativa directa del dictador Raúl Castro. Sí, hay algunos opositores moderados, los menos, que creen en un arreglo negociado, más politiquero que político. Pero con creyentes y no creyentes en el diálogo, el problema es el mismo, de ahí no puede salir una verdadera solución de la crisis. Simplemente no es posible y punto.

Si la dictadura sigue en pie,  pese a las sanciones, es por dos razones: 1) el control de La Habana; y 2) porque la satrapía chavista fue tan lejos en su criminalidad que se tiene que aferrar al poder para no terminar en la cárcel, o ir a parar a La Haya, donde murió preso el exdictador serbio Slobodan Milosevic, el “Carnicero de los Balcanes”.

Y esa deriva hacia un gobierno delincuencial, de forajidos, fue alentada por el exgángster Fidel Castro, no solo para beneficiarse del narcotráfico (uno de los cabecillas es el general cubano López-Callejas, exyerno de Raúl Castro), sino porque mientras más crímenes y saqueo del Estado se cometiesen en Venezuela, más seguros estarían los subsidios y el petróleo regalado a Cuba, ya que la jauría de Caracas estaría obligada a atornillarse en el poder, so pena de ir a prisión.

Amnistía y continuidad de la “revolución bolivariana”

Por eso la cúpula dictatorial solo aceptaría entregar el Gobierno —no el poder “revolucionario”—  con una amnistía para la cúpula dictatorial, un  borrón y cuenta nueva  y aquí no ha pasado nada, y a la vez imponiendo al ejército chavista a cargo de la continuidad de la “revolución bolivariana”.

Dejar al ejército en el poder fue lo que hizo Daniel Ortega en Nicaragua en 1990,  cuando pese a los insistentes consejos de Fidel Castro de que no realizase elecciones, las hizo porque las encuestas le daban como vencedor. Claro, las ganó Violeta Barrios de Chamorro, pues la gente mentía en las encuestas por miedo. Hay testigos en Cuba de la insistencia de Castro I a Ortega para  que no realizara elecciones. El caudillo cubano sabía que las perdería. Seguramente lo mismo le dice hoy Raúl Castro a Maduro: “Elecciones de verdad, ni hablar, Nicolás, solo un simulacro, remember Milosevic”.

Gran fe en las encuestas de Ortega tuvo también Pinochet dos años antes y perdió el plebiscito. Confiaba en ganarlo, pero obtuvo el 43% de los votos y perdió. Y  entregó el poder, algo que nunca habrían hecho Fidel Castro, ni Castro II. Pinochet terminó en prisión domiciliaria, y así murió.  También murió en la cárcel, con cadena perpetua, el ex dictador argentino Jorge Rafael Videla.

Maduro y sus apandillados no solo no tienen voluntad para entregar el poder, sino que no pueden entregarlo porque destilan sangre de pies a cabeza, con crímenes de lesa humanidad que no prescriben y que son castigados internacionalmente.

 La solución real pasa por el uso de la fuerza

Portaviones militar USS Harry S Truman. Pixabay License.

La única vía efectiva para restablecer la democracia en Venezuela pasa por el uso de la fuerza, bien con una intervención extranjera, o con una sublevación militar. Pero esta última es muy difícil mientras Cuba controle las fuerzas armadas, la inteligencia, la contrainteligencia, la represión y la seguridad personal de Maduro.

Entonces queda como única opción real la creación de una coalición de fuerzas internacionales, encabezadas por EE.UU. Fue lo que ocurrió en República Dominicana, cuando en 1965 para evitar la “cubanización” de ese país invadieron tropas de EE.UU.,  y de Brasil, Honduras, Paraguay, Nicaragua, El Salvador y policías de Costa Rica.

Pero resulta que también una intervención militar casi hay descartarla, al menos hasta noviembre de 2020. Trump perdería las elecciones si se involucrase en una guerra en la que muriesen estadounidenses. Maduro lo sabe y tiene la esperanza de que aguantando con la ayuda de Moscú, Pekín y Teherán, lleguen  las elecciones estadounidenses, Trump las pierda y se terminen, o atenúen, las sanciones económicas.

Con la improbabilidad de una intervención internacional, o de una sublevación militar interna, en Barbados solo se vislumbran dos escenarios: a) Maduro  promete entregar la presidencia a cambio de amnistía, dejar al Ejército chavista intacto y convocar unas elecciones “limpias”, pero para imponer a un chavista; b) El régimen acepta que gane un opositor “moderado”, pero que quede subordinado a las fuerzas armadas, que es decir a La Habana, y con amnistía.

¿Hay algún otro escenario, “secreto” aún,  que incluya la aceptación de Maduro de entregar el poder, poner  fin a la “revolución bolivariana” y aceptar el castigo a los responsables de crímenes de lesa humanidad, incluyéndose él mismo?

¿Si no lo hay,  a dónde conduce entonces la mesa de negociaciones? ¿Quiere la comunidad internacional que quien ceda sea solo la oposición, que representa a los 26 millones de venezolanos que aún no se han ido del país?

 

 

 

 

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About the Author

Roberto Álvarez Quiñones (Cuba). Periodista, economista, profesor e historiador. Escribe para medios hispanos de Estados Unidos, España y Latinoamérica. Autor de siete libros de temas económicos, históricos y sociales, editados en Cuba, México, Venezuela y EE.UU (“Estampas Medievales Cubanas”, 2010). Fue durante 12 años editor y columnista del diario “La Opinión” de Los Angeles. Analista económico de Telemundo (TV) de 2002 a 2009. Fue profesor de Periodismo en la Universidad de La Habana, y de Historia de las Doctrinas Económicas en el Instituto Superior de Relaciones Internacionales (ISRI). Ha impartido cursos y conferencias en países de Europa y de Latinoamérica. Trabajó en el diario “Granma” como columnista económico y cronista histórico. Fue comentarista económico en la TV Cubana. En los años 60 trabajó en el Banco Central de Cuba y el Ministerio del Comercio Exterior. Ha obtenido 11 premios de Periodismo. Reside en Los Angeles, California.

2 Comments on "¿Se puede dialogar con tiranos?"

  1. Doctor 3 agosto, 2019 at 8:48 pm · Responder

    La propia palabra lo dice, no le des consejos a un necio porque te odiará.

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