El reloj dodecafónico de Ernesto García

Literatura. Periodismo. Comentario Crítico.
Por Waldo González López…
El reloj dodecafónicoErnesto García

“El reloj no es de arena / como el tiempo no fue antes roca…”. Tal es el principal versículo-leitmotiv de la pieza El reloj dodecafónico, escrita y estrenada en agosto de 2008, por Ernesto García, en Teatro en Miami Studio (TEMS).

Pero es también el verso inicial de su poema titulado como el volumen homónimo que, conformado por el haz de textos, dedicados a su esposa Sandra García, publicara en julio de 2014  el asimismo realizador, diseñador escenográfico y de luces, músico y videoasta cubano, con fotos, diseño y edición suyos, aparecido por Teatro en Miami Corp.

Multicreador, no solo creó en 2000 portal TeatroenMiami.com —escogido por Yahoo en 2003 entre los 10 mejores en español— sino, asimismo, ha realizado puestas de calidad y (con la actriz y profesora de actuación Sandra García) fundó Teatro en Miami Studio (TEMS), el Festival TEMFest y el Premio Baco, tetralogía de logros que los ubican como una esencial dupla en las tablas cubanas y latinoamericanas de nuestra ciudad.

El conjunto de textos, incluidos en su opera prima poética, posee varias particularidades que atestiguan su talento y autenticidad signada por el ímpetu y la rebeldía de sus años de juventud, cuando fueron escritos en La Habana. Ahora, ya pasado el tiempo, al evocar su creación, el autor apunta en el breve introito “Salvados del recuerdo”:

 Estos poemas viajaron por el tiempo y las distancias con su autor. Escritos entre 1984 y 1990, reflejan las ansiedades y angustias de un joven que no había cumplido los veintiún años. No es toda su obra poética, solo una bocanada que resistió los años y el exilio. La mayoría de su obra se perdió. Hubo un poemario inédito que recogía su primera poesía: “En la muesca de la vida hay un pétalo de muerte”; ¿quién sabe dónde fue a parar? Solo algunos papeles y los versos del El reloj dodecafónico llegaron a Miami en 1995 y en este libro, combinados con otros poemas sueltos, sobreviven.

Más adelante, con el útil objetivo de ofrecer algunos datos al lector, añade lo siguiente:

La filosofía, la ciencia, el tiempo, la vida y su eterna atadura con la muerte, el amor, el sexo; son temas recurrentes del joven autor. Imbuido por las imágenes del surrealismo, la fragmentación del cubismo, la literatura esotérica; busca respuestas a preguntas que se le antojan eternas.

Cierto: tal confiesa Ernesto, no obstante ser versos juveniles, en ellos se atisban no solo los temas eternos  mencionados por él, que han cautivado a los poetas desde la antigüedad hasta el presente.

Porque hay más: en sus textos, se descubre la vocación y la sensibilidad, como la cultura poética adquirida por el entonces principiante autor, quien, al bucear entre sus variados intereses (la poesía, el teatro, la música…), asimismo atravesaba, en su propia busca —tal el protagonista Stephen Dedalus del joyceano Ulises en su Dublin natal—, La Habana de los ‘80s (¿acaso previendo, en lúcida anagnórisis aristotélica, el nefasto futuro de su presente y las siguientes décadas?), guiado por sus hondos intereses e imbuido de la perenne búsqueda del yo intimo en el nosotros colectivo de una nacionalidad y una idiosincrasia cuyo devenir se iba desdibujando en un incierto porvenir, hoy ya destruido presente sin futuro.

Tal razonamiento, provisto de una conceptual introspección, se comprueba en distintos momentos del volumen, comenzando en el poema inicial («el reloj dodecafónico»), en cuya segunda estrofa, con claras alegorías al triste panorama nacional, escribe:

Claro…

como tú, soy un hombre destruido,

una miga de pan por la que chillan los pájaros.

 

Como tú:

Tengo la cabeza con el rostro lleno de detalles,

cuatro extremidades que se humedecen con las horas,

un torso propenso a hincharse y a la puñalada,

un sexo magnetizado que busca y halla su contrario

 

Como tú:

Degeneré la raza hasta que la nariz trocó en hocico,

amé el canto del mar (ahora inadvertido).

Regresé del sueño iconoclasta.

Tuve Dios o Ciencia…

¿o Ambas?

Las alusiones (que no elusiones) al entorno social y político son penetrantes, tal se constata en la última estrofa del ya definitorio poema, heraldo de lo que vendrá a continuación:

No le pido, ni a cambio

respóndeme a las súplicas.

No es Dios que un libro pueda describirle.

Le nombro Dios, él no puede nombrarme.

Sin altares ni iglesias…

No le rindo tributos.

No aparece o se oculta.

No requiere de luces.

Al no escuchar, es sordo a las plegarias.

Al no comer es vano el sacrificio.

Al no existir no necesita adeptos.

y sin motivos está, es, permanece.

En el segundo texto («sí, no pude más, cada instante en la vida lo describo»), continúa su denuncia al ancien régime o  monarquía absoluta, impuesta en el fracasado proyecto del hoy vetusto guía de la gerontocracia castrista que, tras más de medio siglo de sus también impuestas falacias, aun detenta la pisoteada patria de José Martí:

A veces presión

o traidora blasfemia.

Hay música mirando

el estío a mi diestra.

Hay gozos en las camas

más cerca de las verjas.

Hay música en lo muerto

y en el dulce olor,

en el panal,

en el hediondo cuerpo putrefacto.

 

¡Máscaras!

Mi madre ha descubierto

dos veces el espejo

y lucha con los años presentes,

las nostalgias.

Mi amigo de los juegos

en más de lo pensado.

Y yo, vagando de camas

a las calles

me describo en el verso

para no descubrirme.

 

Hay música mirando

lugares en mi vida,

años que le envejecen,

golpes que le castigan.

Mas, no conforme con lo expresado, acentúa su acusación en la segunda parte:

 Sigo pensando en el reloj.

ya van diez años de vigilia.

 […]

Los políticos se presentaron en las casas vacías

pidiendo nuestra colaboración.

Los generales y comandantes nos marcaron los glúteos:

«propiedad social», así creció la comunidad.

Lo común para los pobres, de ahí la idea:

PROLETARIOS DE TODOS LOS PAÍSES. ¡Uníos!

 En el tercer texto «danza muda», prosigue su discurso poético con versos, también alusivos al desgarramiento del sensible artista joven que se pregunta por lo perdido, ante el embate total de la tiranía:

¿Dónde dejamos nuestras cosas

Luego que la verja abrimos

De un golpe finalmente agresivo?

Así, con claras referencias a silenciadas figuras (en particular Virgilio Piñera) y títulos de poemarios —que, de algún modo, sugerían el ansiado tiempo de cambio, tantos años esperado y  nunca llegado, como Abrí la verja de hierro, de Fayad Jamis—, como graves procesos que iban agrietando aún más el ya entonces carcomido castrismo —tal la sugerente alusión a los fascistoides campos de la UMAP, uno de los primeros baldones que concitaron la petición-acusación en una memorable carta que, firmada por artistas e intelectuales de talla internacional, como la directora teatral y actriz Raquel Revuelta y la narradora y poeta Dora Alonso, entre otras figuras— fue enviada al hoy octogenario sátrapa (1):

Dios sabe todos los misterios,

los de la muerte por suicidio,

los de homosexuales reprimidos,

células y átomos de Cristo,

los de Noé, Jacob y Virgilio.

El infinito que llueve en una lágrima.

En la sexta y última parte, García arremete de nuevo contra el Apartheid cultural (Caso Padilla), impuesto por la tiranía cuando denuncia, en el quinto verso, «la larga cadena nos ahoga».

Y como entonces era músico en la Compañía «Hubert de Blanck» (órbita de menor represión por el prestigio social y político de su directora, Raquel Revuelta), Ernesto se valía de iconos para aludir al contexto que todavía oprime el país:

Tu boca la amordaza un gran reloj

que marca una dimensión desconocida.

Así te esfuerzas nada saldrá de tus manos

sino que todo enfermara tu cabeza.

En el lienzo salta el arlequín

Y me preocupa la manera esquiva del Ave-Judith

de donde pende mi cabeza oscilante.

 

¡Ah! Estoy en el vacío…

En el siguiente poema «… entro a un cuarto solitario», pregunta y se responde ante el entorno de permanente persecución, impuesto desde los años 60 en su oprimido país:

¿Qué raro aliento hace eco en este espacio?

Detrás de los verdes cojines me esperan los tumultos.

Mi cuarto lo tomaron las enérgicas masas liberadas.

Allí, tras el parapeto de las losas

O adosados, todos me espían.

Torpe y paranoico doy luz a la pipa.

Se abalanzan entre gritos tropeles de cuerpo                    contra el mío.

Sus cerebros sobre las cabezas.

Mi fatal penumbra los empeña a matarme.

¿En cuál de los frascos están mis vísceras enfermas?

Solo unos versos después, continúa la no velada acusación, cuando subraya:

Queman los edificios y el molino,

los libros arden,

los secuestros a toda aparición

son arrebatos.

Disimiles collares revientan

y el legendario diluvio es de cuentas rojas y amarillas.

—Nada es un sueño— te advierto.

Es el adivinar con el olfato

lo siniestro del hecho y no este crimen,

que de saber de la historia las mitades

habríamos vivido un tercio del infinito contacto

Tras varios textos que se ocupan de otros temas existenciales, el joven cierra su breve poemario con tres de mayor alcance temático y poético.

El primero es «La tarde», cuyo aliento lírico, sobresale en el contexto del volumen, sin por ello perder el peso de fuerte contenido buscado por el autor:

La tarde tiene su aventura,

su recia voz, su calma

y su llovizna.

Tiene también al poeta

—el papel y la pluma—

con la génesis febril

y el sexo abierto.

Tiene la hierba y el arco.

La dura pisada que se ciñe.

Se bifurca la tarde

en su reposo,

como un claro de luz, un cielo oscuro

y se tiende ante la luna silenciosa

cual muchacha

que en amor ardiente

pide a gritos

el deseo y la sombra,

las manos y boca ausentes.

El segundo, «en espera del viento del Vesubio intentando mirar un reloj de pulsera», corrobora el interés y el acercamiento del autor a las vanguardias artísticas de las primeras décadas del siglo XX, acontecidas en cine, artes plásticas y literatura, cuyas descendencias en otras corrientes poéticas hispanoamericanas o ismos (creacionismo y ultraísmo sobre todo), serían expresadas en su poemario, tal evidencia en algunos de sus versos de corte surrealista, también presentes en este texto.

Leamos los primeros versos del siguiente poema en prosa cuyas imágenes evocan instantes de movimientos vanguardistas decisivos, como cubismo y futurismo, tal como lo veremos enseguida:

 Los vientos llegan del Vesubio arrastrando

indeseables luces amarillas. Luego de verse dormitando

sobre el grano de arena inclinado en ángulo cíclico al

abismo dibujado, se deja caer en pos del suelo.

Siempre espero de bruces en la tierra estos vientos válidos, los espero recio y aclimato mi rostro con mascara de engrudo…

Más adelante, otras preguntas-estrofas corroboran lo que dije líneas atrás en el texto que cierra su poemario:

¿Será el viento de olas en Pompeya el lívido porvenir de eternidad? ¿Colocarías el calidoscopio ante los ojos sembrados si este no se fugara, cada vez, por entre las separaciones de la tierra?

Siento llegar el viento, le abro todas las ventanas y orificios posibles. Nunca le ataría con la suposición de un espejo. De hecho, con el occipital al oeste, le curo impurezas de otros polvos.

Todo parecería un tiempo imperecedero pero es solo la repetición de calma huella de quien grabo hoyos y grietas en la esfericidad de los minutos.

Como habrá advertido el lector, en El reloj dodecafónico, Ernesto García evidencia su fibra de genuino poeta que, unida a las restantes vertientes de su integral formación artística, lo corroboran como un hombre de afanes multidisciplinarios.

En consecuencia, tal apunta al final de su Introito, “Antes de cumplir 21 años, dejó de escribir poesía […] estaba convencido de que la vida había matado en él la ingenuidad […]”.

De tal suerte, tras tantos años de retiro poético —como él también aclara en su introducción—: “Ahora […] vive rodeado de sus personajes teatrales que estrena y fotografía, filma y escribe”.

NOTA:

  1. La varias veces Premio Casa de las Américas, Dora Alonso —con quien tuve y mantuve honda amistad hasta su muerte—, durante una de mis asiduas visitas a su hogar, me mostró la mencionada carta, en la que destacadas intelectuales reclamaban al tirano el cierre de los tristemente célebres campamentos, uno de los cuales pude visionar durante una de las forzadas jornadas de corte de caña en la provincia de Camagüey, desde un camión que pasó delante de uno de estos trágicos gulags, donde fueron sometidos contra su voluntad, cientos de jóvenes, por supuestamente ser homosexuales o por llevar el cabello largo (influidos por los mundialmente famosos Beatles), costumbre asumida, durante la lucha guerrillera, por “los rebeldes de la Sierra Maestra”, comandados por los propios Castro y el Che Guevara, todos asesinos.

[Este comentario crítico fue enviado por el autor especialmente para Palabra Abierta]

Waldo González López

©Waldo González López. All Rights Reserved

About the Author

Waldo Gonzalez Lopez es poeta, ensayista, crítico literario y teatral, y periodista cultural cubano residente en Miami. Primero en la Isla, desarrollaría durante decadas una intensa y extensa labor cultural, como asimismo desde su arribo en 2011 a La Florida, donde mantiene una intensa vida cultural: integra el Pen Club de Escritores Cubanos del Exilio y colabora con la Academia Norteamericana de la Lengua Española (ANLE, filial de la RAE) y su revista RANLE (Nueva York), como de distintas webs y blogs: Encuentro de la Cultura Cubana (España) y teatro en miami.com (Miami); las revistas digitales Otro Lunes (Alemania), Palabra Abierta (California), Baquiana y Letra Urbana (Miami), como el blog Gaspar. El Lugareño. Asimismo, ha sido jurado en los Concursos Internacionales de Poesía: Voces de Hoy (2012) y «Facundo Cabral», del Gremio de Artistas Latinoamericanos (GALA, 2013). Igualmente, en los eventos escénicos: I Festival Internacional de Obras de Pequeño Formato (ArtSpoken, 2011) y I Festival Internacional de la Comedia (Havanafama, 2013), como de dos ediciones de los Miami Life Awards. Ha participado en dos importantes eventos teórico-escénicos: con una ponencia sobre la dramaturgia de Cristina Rebull el «Congreso Internacional de Dramaturgia y Artes Escénicas. Teoría y Práctica del Teatro Cubano del Exilio Celebrando a Virgilio Piñera, en su Centenario» (Universidad de Miami, 2012) y con el también crítico teatral Luis de la Paz, realizó la edición, para su lectura dramatizada, de la pieza de Héctor Santiago: Vida y pasión de La Peregrina (Premio Letras de Oro de Teatro, 1995) en el Congreso Internacional «Peregrinar sin ausentarse: Gertrudis Gómez de Avellaneda y Gastón Baquero, un puente perdurable entre Cuba y España», efectuado en junio, 2014, en la Universidad Internacional de La Florida. Integró los Consejos Asesores del Festival Internacional de Monólogo “A una voz” y del Gremio de los Artistas Latinoamericanos (GALA). Tercer Premio de Poesía en el Concurso Internacional «Lincoln-Martí» (mayo, 2012), en julio de 2015, Ediciones Baquiana publicó, en su Colección Caminos de la Poesía, su tercera antología poética y primera en Miami: Trazo estos signos en la arena, presentada en el Koubek Center por la poeta, narradora, dramaturga y profesora universitaria Dra. Maricel Mayor Marsán, el laureado narrador y dramaturgo Rodolfo Pérez Valero y el periodista y promotor cultural Baltasar Santiago Martín.

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