Cuba: 60 años de un gran embuste

Written by on 1 enero, 2019 in Critica, Literatura - No comments

Política. Crítica.

Por Roberto Álvarez Quiñones

Fidel y Raúl Castro, durante una sesión de la Asamblea Nacional. Anónimo. Creative Commons.

Cumplir 60 años es llegar a una edad respetable y por eso es llamada la “tercera edad”. En tiempos pretéritos eran pocos los que lograban celebrar ese cumpleaños, y aún en el siglo XXI muchas personas no llegan a sexagenarios. Tuve familiares y buenos amigos que no lo lograron.

Pues bien, esa es la edad que acaba de cumplir la dictadura más prolongada y letal del hemisferio occidental en la historia moderna. El primero de enero de 1959 los hermanos Fidel y Raúl Castro asaltaron a tiros el poder en Cuba con la consigna secreta entre ambos de no soltarlo ya nunca más, hasta la muerte.

A diferencia de lo ocurrido en general en el mundo, que se celebró con júbilo y esperanza la llegada del  Año Nuevo, los cubanos en la isla se lamentaban  de que el castrismo es una pesadilla  at infinitum  que ya ha durado 4 años más que los 56 de toda la república “burguesa”. Dos hermanos  han gobernado más tiempo que los 8 presidentes elegidos democráticamente  desde 1902 hasta 1952,  sumando además dos dictaduras y otros mandatarios por breve tiempo entre 1933 y 1940, hasta llegar a 19 en total.

Fulgencio Batista. Wikimedia Commons.

Solo dos semanas antes de que el reincidente dictador Batista huyera del país, la madrugada del primer día de 1959, cuando  ya el ejército batistiano estaba en franca desbandada y sus jefes se resistían a pelear, fue que Fidel Castro bajó al fin de las montañas  en las que permaneció dos largos años bien guarecido en su comandancia de La Plata,  acompañado por su secretaria y confidente, Celia Sánchez.

Porque algo de lo que nunca se habla en Cuba (no es posible), ni en ninguna parte es que Fidel fue un jefe guerrillero muy cómodo. Tuvo todo el tiempo su pareja femenina,  buena comida, excelentes tabacos, una biblioteca,  una emisora de radio a su lado para hacer propaganda, y recibía a periodistas extranjeros, hasta de The New York Times, a quienes les mentía sin pudor alguno. Esa buena vida  era muy distinta a la del resto de las fuerzas rebeldes.

Y recuerdo aquí que durante las guerras de independencia en Cuba se consideraba que quienes se iban a las montañas estaban rehuyendo el enfrentamiento con el ejército colonialista de España, que  jamás iba a las montañas a combatir  pues no tenía sentido. Allí,  aislados, los alzados no constituían peligro alguno para la dominación colonial.

Maceo, Gómez, Calixto García, Julio Sanguily, como antes Agramonte y Céspedes, y todos los generales mambises y jefes insurrectos, enfrentaron al Ejército Español en los llanos. Si se hubieran ido a las montañas Cuba no habría obtenido su independencia.

Por otra parte, la guerra de guerrillas se caracteriza por la constante movilidad de sus destacamentos, que atacan y se repliegan. No pueden ocupar territorios fijos porque no tienen como defenderlo ante un ataque de un ejército convencional.

Pero Fidel  llegó a la Sierra Maestra a mediados de diciembre de 1956 y ya no bajó hasta el 18 de noviembre de 1958, para la toma de Guisa (a 20 kilómetros de Bayamo), cuando casi toda la provincia de Oriente estaba en poder de las guerrillas. Participó también en los combates de La Plata, Arroyo del Infierno,  Uvero,  Pino del Agua, y el Jigüe.  

Pero Camilo Cienfuegos, el Che Guevara, Ramiro Valdés, Juan Almeida, Ciro Redondo, René Ramos Latour, Efigenio Almejeiras,  Capitán “Pinares”, Paco Cabrera (30 combates), Capitán San Luis, Víctor Bordón,  Braulio Coroneaux,  Roberto Rodríguez  “El Vaquerito”,  Willian Gálvez,  Abelardo Colomé, Belarmino Castilla, o Jaime Vega, por solo citar algunos comandantes y capitanes rebeldes, participaron en decenas de acciones militares. Muchos de ellos murieron en combate, otros fueron heridos. Fidel, en cambio, no se alejó de su seguro refugio montañoso.

En el Moncada, pese a ser el jefe, Fidel tampoco combatió. Pero él no se arriesgaba porque fuera un cobarde, no lo era, sino para preservarse a sí mismo y cumplir su sueño de ser el amo de Cuba con carácter vitalicio. Su egolatría tenía dimensiones cósmicas.

‘Qué bueno, los rebeldes son muy católicos…’

Al irse Batista, Castro I se declaró victorioso y recorrió el país durante seis días desde Santiago de Cuba hasta La Habana. Quienes  lo vitoreamos a su paso, y luego al oírlo hablar por TV en el Campamento de Columbia  el 8 de enero, no teníamos idea de que presenciábamos el relevo de un dictador por otro infinitamente peor.

Recuerdo que en Ciego de Avila al pasar la “Caravana de la Libertad”  por la Carretera Central con los barbudos de la Sierra Maestra veíamos que muchos llevaban rosarios colgados en el cuello. Y ya he comentado aquí que una mujer a mi lado me dijo: “Viste, qué bueno, los rebeldes son muy católicos”.

Ningún testigo de aquella apoteosis de salutación al jefe rebelde podía sospechar que estaba cumpliendo la frase de  “Ha muerto el rey, viva el rey”,  que adaptada a las circunstancias fue:   “El dictador huyó, viva el dictador”.

‘No he sido nunca, ni soy comunista…’

Cuando Fidel llegó a La Habana  lo primero  que hizo fue decir a la prensa:   “Yo no soy un aspirante a Presidente de la República…” “No me interesa el poder”. En la Sierra Maestra ya le había dicho al periodista de The New York Times, Herbert Matthews,  en febrero de 1957:   “Después de la victoria quiero regresar a mi pueblo  a continuar con mi carrera de abogado“.

Pocos días después, el 13 de enero de 1959, muy molesto con la prensa, en el Club de Leones  “aclaró”:   “No somos ni seremos comunistas. Nuestra revolución es genuinamente democrática, genuinamente cubana“.  Ya en mayo de 1958 en la Sierra Maestra había asegurado: “No he sido nunca,  ni soy comunista… nunca ha hablado el Movimiento 26 de julio de socializar o nacionalizar la industria. Ese es sencillamente un temor estúpido hacia nuestra revolución… “nuestra filosofía política es la de la democracia representativa”.

¿Cuántas dictaduras de 60 años ha habido en los tiempos modernos?

Aquel mitómano de oratoria electrizante se burlaba de todos. Estaba fundando la más larga y peor tiranía en la historia continental, la única comunista, y la segunda dinastía americana más prolongada desde la llegada de Cristóbal Colón, detrás de los 67 años de los emperadores Pedro I y Pedro II de Alcántara del Imperio de Brasil 1822- 1889.

El título de campeón mundial de los dictadores Fidel lo alcanzó en 2007, cuando destronó a Kim Il Sun (48 años en el poder) Pero siguió ampliando su plusmarca hasta 52 años, cuando cesó como primer secretario del PCC. Solo otros dos déspotas se acercaron a Castro I y Kim I: el libio Muammar Gadafi (42 años); y el albano Enver Hoxha (40).

Kim Il Sung. Wikimedia Commons.

En los tiempos modernos son seis las dictaduras de 60 años o más, y  todas comunistas. La castrista en América, la soviética en Europa (74 años) y cuatro en Asia, que es la campeona entre otros factores porque en China, Corea, Vietnam y Japón  ha prevalecido durante siglos una cultura confuciana del poder que prioriza el culto a una autoridad fuerte (el Estado) y la armonía social por encima de las libertades individuales, la separación de poderes, y los derechos humanos.  La dictadura comunista  de China  tiene casi 70 años (desde 1949). Las de Vietnam y Corea del Norte tienen 75 años, y la de Mongolia duró 66 años, hasta 1990.

En América Latina las tiranías más cercanas a la castrista fueron la de los Somoza en Nicaragua, 43 años (1936-1979);  y Alfredo Stroessner en Paraguay, 35 años (1954-1989). 

Castro I dejó muy atrás a los más célebres tiranos del siglo XX, como Stalin (29 años en el poder), Franco (36), Mao (27), Mussolini (22), Tito (35), Ho Chi Mihn (24),  Oliveira Salazar (36), Mobutu (32), Mugabe (37),  Trujillo (31),  Pinochet (17), Porfirio Díaz (31), “Papá Doc” Duvalier (14), Sukarno (22),  Ceausescu (24), El Asad (30), Mubarak (30), Somoza padre (20),  por solo citar algunos.

Por otra parte, la “familia real” de los Castro, que Marx no se imaginó, triplica los 21 años de la monarquía haitiana (1804-1806; 1811-1820; 1849-1859); los dos imperios en México (Iturbide 1822-1823;  y  Maximiliano 1864-1867);   los 46 años de los Somoza (1933-1979), y los 29 años de los Duvalier en Haití (1957-1986).

Sangrienta ya antes de nacer

Otro detalle clave, la revolución cubana nació ya tinta en sangre. En las montañas orientales,  según el investigador  Armando M. Lago y Giberga,  en 1957 hubo 46 fusilamientos de campesinos y combatientes, y 49 en 1958, o sea, 95 fusilados en total, varios de ellos ejecutados por el Che Guevara, quien en una carta desde la propia Sierra Maestra le confesó a su padre: “me gusta matar”. Ninguno tuvo el debido proceso. Fueron crímenes de guerra.


Cuba 1959: Fusilamientos y genocidio (Confesiones de un sacerdote). YouTube.

Al instalarse los Castro en el poder se desató una verdadera orgía vampírica. Según María Werlau, directora de Archivo Cuba, el régimen ha causado la muerte de 7,889  opositores políticos, de los cuales 3,084 fueron fusilados. Cientos de miles han sido encarcelados o internados en campos de trabajo forzoso.

La cifra total  de opositores políticos eliminados físicamente por el castrismo cuadruplica los 1,816 opositores muertos durante la dictadura de Batista, entre ejecutados en las calles y muertos en combate,  según Lago y Giberga.   Y más que duplica  los 3,216  muertos  causados por Pinochet, según fuentes chilenas. Fidel y Raúl Castro han asesinado a más personas que Batista y Pinochet juntos.

En cuanto al cataclismo social, económico, humanístico, antropológico  y psicológico causado por la sexagenaria tiranía,  ello es tema para otro artículo. Pero pueden adelantarse algunos de esos logros de la revolución:

1.- Convirtió a Cuba en uno de los países más pobres de Occidente; 2.- Tiene una cartilla de racionamiento de alimentos desde hace 56 años;  3.- Es el gobierno de América que más nacionales ha fusilado, asesinado, encarcelado, torturado, hostigado; 4.- Llevar encima la Declaración Universal de los Derechos Humanos es un delito; 5.- Hace 70 años que no hay elecciones democráticas;  6- Envió  500 mil cubanos a combatir  en otros continentes; 10 mil murieron; 7.- Sus nacionales no pueden tener capital, ni invertirlo; 8.- Su economía solo sobrevive con dinero regalado desde el extranjero; 9.- De imán de inmigrantes, el país devino emisor gigante de emigrantes.

Esas son algunas razones por las cuales los cubanos en la isla no celebraron el Día de Año Nuevo.

Roberto Álvarez Quiñones. All Rights Reserved.

About the Author

Roberto Álvarez Quiñones (Cuba). Periodista, economista, profesor e historiador. Escribe para medios hispanos de Estados Unidos, España y Latinoamérica. Autor de siete libros de temas económicos, históricos y sociales, editados en Cuba, México, Venezuela y EE.UU (“Estampas Medievales Cubanas”, 2010). Fue durante 12 años editor y columnista del diario “La Opinión” de Los Angeles. Analista económico de Telemundo (TV) de 2002 a 2009. Fue profesor de Periodismo en la Universidad de La Habana, y de Historia de las Doctrinas Económicas en el Instituto Superior de Relaciones Internacionales (ISRI). Ha impartido cursos y conferencias en países de Europa y de Latinoamérica. Trabajó en el diario “Granma” como columnista económico y cronista histórico. Fue comentarista económico en la TV Cubana. En los años 60 trabajó en el Banco Central de Cuba y el Ministerio del Comercio Exterior. Ha obtenido 11 premios de Periodismo. Reside en Los Angeles, California.

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