Presentación del libro “Las vibraciones de la luz”, con el Dr. Aurelio de la Vega y Manuel Gayol Mecías

Written by on 24 octubre, 2016 in Literatura, Promocion - No comments
Literatura. Promoción. 
Por Palabra Abierta…
Las vibraciones de la Luz (Ficciones divinas y profanas). Intuiciones II,
Biblioteca del Este de Los Ángeles
(Sábado 22 de octubre de 2016, 2:00 p.m.)
Aurelio de la Vega y Manuel Gayol Mecías
Palabras del Dr. Aurelio de la Vega sobre Manuel Gayol
 https://youtu.be/JTkqWeirdvM
Palabras de Manuel Gayol Mecías

Confieso que hoy la presentación de mi libro, Las vibraciones de la Luz (Ficciones divinas y profanas) Intuiciones II, es un gran acontecimiento para mí. Contar con las estupendas palabras que me ha dedicado nuestro admirado Aurelio de la Vega, aclamado compositor de música clásica que está celebrando durante este año su 90 aniversario, es un lujo que hasta hoy había podido solo atesorar en algún sueño. Aspirar a que alguien como él, de gran formación académica y de una seria proyección crítica, haya comentado uno de mis libros, significa un sentimiento profundo de estímulo para mi persona. Hoy me atrevo a serle recíproco no únicamente con mi afecto y respeto por él, que eso lo he sentido siempre, sino además con continuar mi entusiasmo por  mejorar mis valores literarios y que en mi voluntad también tendré presente las creaciones de sus obras.

Otro gran hecho que tengo que celebrar es el estímulo de mi también admirada amiga Anne Marie, soprano y directora del Coro Verdi, y esposa de Aurelio. Ambos siempre me han brindado su apoyo magistral y con su ejemplo creativo han estimulado mi trabajo como escritor. Y hablando de apoyo, no puedo dejar de mencionar, en especial, a mi esposa Gladys que siempre ha estado a mi lado en las buenas y en las malas y se convierte, junto a mis otros familiares, en un fuerte aliento de vida. Al hablar de mi familia y de mis libros no puedo dejar de recordar una vez más a mi hermosa hermana Esther, quien siempre estuvo a mi lado como eficiente bibliotecaria que fue, y a su hijo Jorge, mi sobrino, quien resuelve mis entuertos de computación y de internet.

Mi agradecimiento va asimismo para mi estimado amigo Martín Delgado, director de esta biblioteca y uno de nuestros miembros fundadores del Club del Pensamiento Crítico, a quien le deseo los mejores éxitos en su trabajo en este lugar que ya ha devenido reservorio de cultura para muchos de nosotros. Junto a Martín, de igual manera, quiero agradecer la importancia que siempre han tenido para estos eventos los Amigos del Libro, pues gracias a ellos, a su contribución y amor por la cultura, estos eventos logran realizarse. A mi querida amiga Norma Montero, exdirectora de la Biblioteca de Huntington Park, quien siempre me otorga ánimo con su presencia, y a mis amigos especiales como Jesús Hernández Cuéllar, Fernando Avedo y familia, Roberto Alvarez Quiñones y familia, así como Ángel y Candelaria Marrero, todos aquí presentes y miembros del Club del Pensamiento Crítico.

Por supuesto, estoy altamente agradecido de todos ustedes, que dejaron a un lado otras cosas quizás más importantes para encontrarse conmigo hoy. Espero que todo lo que se va a desenvolver en este recinto, en esta tarde, sea del agrado y satisfacción de ustedes, para quienes, fundamentalmente, se escriben y publican estos libros.

No sé si seré breve, y por ello les pido me disculpen, porque intentaré darles un conciso sentido de lo que quise hacer con mi libro, que es el segundo de mi serie Intuiciones. El primero, La penumbra de Dios… ya fue presentado aquí mismo anteriormente. Ahora, con Las vibraciones de la Luz…, he tratado de ampliar y profundizar un tanto más en mis concepciones sobre lo que mi amiga y doctora en Ciencias Filológicas, Ivette Fuentes de la Paz, ha señalado de él en su proemio, al decir que “la luz y la sombra, la nada y el vacío, la plenitud, el sonido y el silencio, la realidad y el sueño, los espacios intermedios del ensueño, la creación y Dios adquieren la dimensión de una plegaria —y Fuentes recalca—, como palabras que invocan el amparo de una certera respuesta”. Y es que con este libro me he propuesto en verdad —aparte de mostrar la dimensión de esa “plegaria”— entregar también una cierta “respuesta”, como que quizás sea más un argumento “intuitivo” en el hecho de hacer de este libro la perspectiva de una “respuesta” literaria. Por esta razón, he intentado escribir, desde una especulación ficcional, repito, acerca de una serie de tópicos de extrema envergadura para los seres humanos, y tratarlos, probablemente, de una manera diferente, con el ánimo de lograrlo a través de mis propias intuiciones. Poder mostrar así un lado distinto de la oscuridad y de las sombras; y de cómo esa oscuridad —y las sombras provocadas por la luz— penetran con libertad y sensibilidad en nuestros sueños, de una manera tal vez con cierto sentido poético.

He pretendido, un tanto —en la primera sección del libro, llamada “La Oscuridad vibrante. ‘Ficciones divinas’”—, poder relacionar literariamente (es decir, a modo de ficción, insisto) los misterios de la luz física (contando con que la oscuridad es también una especie de luz invisible; una luz que no podemos ver), y relacionarla con los misterios, aun más insondables, de la luz interior. Y en esta relación —que me atrevería a decir metafísica y fenomenológica y hasta en algún sentido quizás mística—toco intuitivamente algunos temas como son la “relación de Dios con la Oscuridad, con la Nada, con las vibraciones de las cuerdas, con los agujeros negros y los blancos, con la materia y la energía oscuras”. Y lo intento hacer con el propósito de que se “revelen esas intuiciones suprasensibles de los conocimientos ancestrales que llevamos guardados en nuestro inconsciente colectivo”.

Así las cosas, cuando llevaba buena parte del libro escrito, fue que me percaté de que los editoriales (unos 16) que yo había realizado durante la primera etapa de mi revista digital Palabra Abierta, encuadraban con el estilo y, principalmente, con la mayor parte del contenido de Las vibraciones de la Luz. De inmediato me di a la tarea de compararlos con los escritos de esa primera sección, y llegar a corroborar que no solo encajaban en el discurso con que yo los había escrito desde la primera vez, sino que además se creaba una correspondencia de unicidad sensible con ellos, porque si en esa primera sección (“La Oscuridad vibrante. ‘Ficciones divinas’”, como ya mencioné) hablaba de una especie de preeminencia filosófica y metafísica del universo y varios de sus componentes extraordinarios, en esta segunda sección de “Palabra Abierta. ‘Ficciones profanas’”, mis editoriales disciernen acerca de cómo esa luz que envuelve y da vida a toda la materia concreta y visible del universo, ahora esa misma luz, se convierte en lux y anima nuestro universo interior, con un carácter también intuitivo, metafísico, y poético-filosófico. “Esa lux es la que se irradia en nuestras ideas de la conciencia”. Por otra parte, caí en cuenta de que estos escritos editoriales contaban con un carácter profano, en el sentido de no sentirse vinculado con lo religioso—y para dejar bien claro esto, de que mis escritos no se encuentran “enlazados esencialmente con lo religioso”, extraigo un párrafo del prefacio de mi libro anterior:

… Estas ficciones escapan a todo drama de lo sacerdotal y lo ritual; donde lo sagrado lo sigue siendo, pero no debido a lo religioso, sino a la intención justa de que lo humano estreche sus lazos con lo espiritual; de sentirnos en mucho como una imbricación humano-espiritual que trata de salirse —por supuesto, manteniendo el respeto por la diversidad— de cualquier dogma religioso; una conexión o encarnadura que solo se impone buscar la mayor libertad posible a la hora de imaginar nuestro lugar en este mundo y en el universo.

En cuanto a la espiritualidad debo aclarar, que mi libro no está embutido en ese confuso y polémico supuesto de una “Nueva Era” —de la cual dudo, aun cuando la respeto—, ni mucho menos relacionado con nada de partidismo religioso, aunque hayan temáticas o citas que rocen alguna plataforma teosófica o hermética, en cuyos verdaderos caminos no me adentro, y que en algunos casos solamente apelo a su información. El camino del hermetismo espiritual tiene grandes valores en sí mismo, pero hay que conocerlos muy bien, y tratarlos con seriedad desde una perspectiva histórica, filosófica y hasta científica para poder beneficiarnos de las muchas enseñanzas que se encuentran en su acervo.

Es bueno, también decir algo acerca del “caso Dios”, porque en este libro hablo bastante de su concepto y le menciono en buena parte de los textos como la relación divina con el ser humano. Pero este Dios, de Las vibraciones de la Luz…, no encaja esencialmente en el Dios de cualquier religión monoteísta, como son la religiones judía, la católica y la islámica; ni tampoco por otra parte en la budista y el hinduismo. Y es que con respeto de todas ellas, mi Dios ha surgido dentro del reino de mi imaginación, y aunque pueda tener algunos vínculos con la creación religiosa del catolicismo debido a que provengo de ese contexto cultural, con justa sinceridad, mi Dios pertenece a los infinitos mundos de la imaginación, en este caso de la mía. Y les remito a un capítulo dedicado a esclarecer esto en mi libro anterior La penumbra de Dios (De la Creación, la Libertad y las Revelaciones). Intuiciones I (específicamente el capítulo titulado “Divina imaginación de mi Dios binario”, p. 67). Tanto en este libro de hoy, Las vibraciones de la luz…, como en el anterior ya citado, mi Dios es mi vértice angular, es mi centro, para proyectar no solo el lado de la realidad corpórea, sino además y, a igual nivel, el otro lado de la realidad imaginaria; esa manera de concebir los misterios del mundo y del universo como una insólita diversidad entrelazada, y que nos da a nosotros la potestad de crear nuestra propia libertad de ser, nuestra propia libertad de pensar y nuestra propia libertad de imaginar.

Y de esta manera, acabo de hablarles de la segunda sección del libro, titulada “Palabra Abierta. ‘Ficciones profanas’”.

En otro sentido, y con el afán de dar siempre algo nuevo, me arriesgué a relacionar todos estos temas con el sonido (cuestión esta que siempre me ha interesado; o sea, el hecho de encontrar la correspondencia del “sonido” con la corporeidad y la interioridad humanas, y su relación con la luz, la oscuridad y las cuerdas de la malla universal), buscando, incluso, una relación literaria, ficcional, digamos, de ese sonido extraño que muchos, en numerosas ocasiones, escuchamos en nuestros propios oídos, y que la ciencia médica llama tinnitus y de la cual se ha dicho que todavía no se cuenta con una explicación profunda, científicamente válida, para ese sonido que yo me he propuesto relacionar con la vibración de las cuerdas espaciales, ensayo al que he osado ponerle el título paradójico de: “El sonido del silencio”.

Hago la aclaración de que las ondas de sonido no se pueden transmitir por el espacio sideral debido a que, por lo general, hay vacíos donde no se encuentran partículas ni fluido de partículas que puedan hacer llegar el sonido de un lugar a otro. No obstante, aquí cito a la periodista Carla L. G. Hurtado, de paréntesis.com, que nos  explica cómo sí es posible escuchar el sonido de los planetas:

Es por esto que el descubrimiento de que sí hay sonido en el espacio es muy interesante. La gran diferencia es que este se mueve mediante ondas electromagnéticas, las cuales no son percibidas por el oído humano. Para poder grabar los sonidos (…) se utilizaron varias sondas e instrumentos especializados de la NASA que incluyen al satélite Voyager. Las ondas [electromagnéticas] registradas se tradujeron a un sonido que podemos escuchar —mediante una composición musical creada por el hombre—. Los resultados son simplemente asombrosos.

Y es en este sentido del sonido, que igualmente me aventuro entonces a incursionar en algunas de las obras clásicas del Dr. Aurelio de la Vega que, como todos sabemos, ha realizado una maravillosa trayectoria, en la que a mi entender; o mejor, en mi sentir, ha convertido su música dodecafónica en la posibilidad concreta de enlace con la música de los planetas. De aquí mi trabajo sobre “Aurelio de la Vega y la música de las esferas”, en la tercera sección de este libro, en el que creo reconocer, mediante la internet, la compatibilidad sónica y emocional de piezas del Maestro —como son: Preludio No. 1 (1944), Leyenda del Ariel Criollo (escrito en su casa de La Habana, en 1953), Epigrama (1953), Tocatta (1957), Antimonies (1968), Intrata (1972) y Homenagem “In Memoriam Heitor Villa-Lobos” (1986), entre otras más—, afinidad y coexistencia de estas obras, repito, con la estructura sonora y aleatoria de las vibraciones de varios diferentes planetas, como son: Saturno, Urano, Neptuno y Mercurio.

Hablar así del cosmosonido que se articula no solo con la estructura del universo, sino además, y en específico, con la sonoridad musical que se crea en nuestro planeta Tierra por creadores como Arnold Schoenber y el mismo Aurelio de la Vega, me propone el hecho de poder experimentar, o quizás, también, ¿por qué no?, especular, que podría encontrarse un nuevo campo de conocimientos que aún no se ha explorado a profundidad, y es esa una nueva relación de correspondencia entre los sonidos venidos del universo y la música dodecafónica, atonal y serial de los grandes creadores que ya he mencionado.

En esta tercera sección de mi libro, titulada “Elogios a la luz”, además de Aurelio de la Vega presento trabajos de otros siete autores, como son Carmen Alea Paz, Alberto Lauro, Edith Lomovasky-Goel, Tony Cuartas, Coralina Ramírez-Brothers, Ivette Fuentes de la Paz y José Lezama Lima. En cada uno de ellos he podido encontrar correspondencias no explícitamente dichas pero sí, aun cuando ocultas, de vivas y poéticas coincidencias, como vasos comunicantes en el tiempo y en el espacio que va entre Cuba, Israel (Lomovasky-Goel) y Estados Unidos. El sentido poético-filosófico en los cuadernos de estos autores tiene que ver mucho con la proyección de lux interior, de ellos como creadores y de nosotros como lectores. Es pura poesía de contenido humano, por los temas y porque nos hace sentir la belleza interior que nos viene de la vida, y al leerlos sentimos sus metáforas e imágenes que nos hacen trascender hacia el mundo de Imago, ese reino de la imagen que nos descubrió José Lezama Lima.

Quiero darles las gracias nuevamente a todos ustedes por su presencia. Y de hecho me alisto a responder cualquier pregunta que tengan a bien hacerme. Buenas tardes, amigos míos, y tengan ustedes la palabra.

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