Nuncios, revolucionarios y borracheras

Written by on 22 enero, 2016 in Critica, Política - No comments
Política. Crítica.
Por Carlos Penelas… 
Alicia a través del espejo

Autor: John Tenniel (1820 – 1914). Tomado de Wikimedia Commons.

Humpty Dumpty: Cuando yo empleo la palabra, significa con exactitud lo que yo quiero que signifique,
ni más ni menos.
Alicia: La cuestión es si usted puede hacer que las palabras signifiquen tantas cosas distintas.
Humpty Dumpty: La cuestión es quién manda, nada más…
(Lewis Carrol en Alicia a través del espejo)

De verdad —sin cinismo y con responsabilidad surrealista— somos los creadores de Frankenstein. Pero de un monstruo que cambia la piel, el lenguaje, los elencos estables, los sobornos, las estadísticas, las manías. Y la manada nunca se equivoca. La turba clama, se pone de rodillas, busca al líder, a la virgen, los resultados del poder, las banderas y la enajenación. Y son felices. O creen serlo.

Por las dudas, desconfiado leedor. La palabra nuncio proviene del latín: nuntios. Mensajero, el que anuncia. Existe un verbo, nunciar; hacer saber, anunciar, notificar. La voz entró con el italiano al castellano y al francés: nunzio. El de la Santa Sede es un delegado apostólico. Pero, en lo político, en lo terrenal tenemos nuncios por todas partes. Un poco desde la picaresca, desde el más acá. No sé si mejores o peores. Pero los tenemos en las bibliotecas, en los hospitales, en los palacios presidenciales, en los laboratorios, en los bancos, en los supuestos gobiernos revolucionarios, en las financieras, en las tabernas. Siga usted la lista, me cansé.

Vivimos una promiscuidad mental, una promiscuidad física. Vivimos el populismo como una religión, entre el Gauchito Gil y la Madre María, entre la Marcha de San Lorenzo y Los Muchachos Peronistas. Primera Comunión, Reyes Magos y Montoneros. Oprobio, villancicos y balas. Hablan de lo nacional y lo popular y llevan vidas suntuosas. Decimos Puerto Madero, Revolución o Muerte. Uno queda perplejo ante tanto discurso “revolucionario”. Tal vez desde siempre fue así. Desde que se debía escribir en la escuela primaria: “Mi mamá me ama. Evita me ama”.

En fin, todo es una gran confusión: casamientos, revistas, fotografías en Hola, conmovedores discursos a favor de la igualdad, negocios privados, aviones particulares. Uno sospechó que en el siglo XXI ciertos temas no existirían. Todo se ha vuelto vulgar y obsceno, banalidad que invade de manera corriente cada gesto, cada nuevo hábito. El deseo no existe, existe el poder, el discurso político, la afectación, la fachada; simulacro, parodia. Sobre eso se montan mitos, leyendas, delirio, saturación, desvergüenza. Vivimos el espejismo de la pasión, de lo otro, charlatanerías prolijas y hasta correctas, pornografía en el arte, en la información, en las estadísticas, en referencias de la vacuidad. El salón embellecido por luces y adornos pueblerinos, acto escolar, todos puestos de pie para la entrada triunfal de la maestra. Aplausos, admiración y gratitud. Enternecedor y asfixiante. Aplausos, morir de pequeñez, apoteosis, tono subyugante, conmovedora la sonrisa. Teatralidad y simulación. Caballeros: ¿Hasta cuándo se hablará de la Revolución Cubana? ¿Hasta cuándo seguiremos hablando mal de los dictarores de derecha y nos olvidamos de los dictadores de una supuesta izquierda? ¿Stalin, Mao, Fidel, Chávez? Me da pena, me produce una profunda tristeza. Todo mezclado por el estalinismo y el populismo, todo huele mal.

Stalin 2

Joseph Stalin

Mao 2

Mao Zedong

Fidel y Chávez

Hugo Chávez (izq.) y Fidel Castro

El fascismo de derecha sabemos qué es, qué representa. Lo que nos negamos a ver es el fascismo de izquierda con sus poetas, artistas, profesores, intelectuales, doblando la espina dorsal sin pudor, con anhelos apocalípticos o rituales multitudinarios. Calladitos, tapaditos, grises. Pero siempre con el culto a la personalidad, deformando lo real con políticas maquiavélicas, creyendo —con un infantilismo ideológico impensable es este siglo— que si se rebela la miseria, el despojo del hombre, se logra la revolución.

Apóstoles de iconografías y símbolos comparten la visión polarizada del Estado. Y escriben o vociferan pueblo en un proceso que pocas veces los tuvo en cuenta más que para hacer número. Además, desde un púlpito sacro, discuten la democracia, la burguesía, el liberalismo. Sin terminar de entender muy bien cada cosa. Confundiéndolo todo; a veces por ignorancia, otras por mala fe.

La historia, la sociedad, crece en términos de complejidad e incertidumbre. Baudelaire afirmaba que debíamos de ser sublimes sin interrupción. Pero los muchachos ven hasta el borde del campamento y sienten hasta donde el bombo le da permiso. Por eso no se cansan de hablar de “la cultura del vasallaje” o de “los intereses apátridas y globalizados”. También suelen recordar la “contaminación” de la música extranjera. Y enfrentan al Teatro Colón con la cumbia, la ópera con la chacarera. En fin, hay más y en todo se imponen las purgas, lo extranjerizante de Virgilio o de Dante. Pero no la tradición judeo-cristiana o el Código Romano.

Y allí están con banderas y asados, argentinos más que nunca, nacionalistas con fijador o botulinum tipo A los burócratas, los serviles, los obsecuentes. Uno se cansa, se agota.

Debemos recurrir a uno de los escritores suecos verdaderamente brillante. Me refiero a Stig Dagerman. Leamos:

Ni necesito ni deseo vuestra disciplina. En cuanto a mis experiencias, quiero hacerlas yo mismo. Es de ellas y no de vosotros de donde sacar mi regla de conducta. Quiero vivir mi vida. Me inspiran horror los esclavos y los lacayos. Detesto a quien domina y me repugna quien se deja dominar. El que consiente en inclinar la espalda bajo el látigo no vale más que el que lo azota. Amo el peligro y me seduce lo incierto, lo imprevisto.

Deseo la aventura y me importa un cuerno el éxito. Odio vuestra sociedad de funcionarios y administrados, millonarios y mendigos. No quiero adaptarme a vuestras costumbres hipócritas ni a vuestras falsas cortesías. Quiero vivir mis entusiasmos en medio del aire puro de la libertad. Vuestras calles trazadas con regla me torturan la mirada, y vuestros edificios uniformes hace hervir de impaciencia la sangre de mis venas. Ignoro a donde voy. Y esto me basta.

Stig Dagerman

Stig Dagerman. Tomado de YouTube: Word Power: The Writings of Stig Dagerman in America. Embajada de Suiza.

Bueno, que uno se cansa, se harta, se siente agobiado. Mienten, difaman, roban. Podemos hablar de cientos de cosas, buscar en la historia contemporánea, en el asesinato de Nisman, en la compra de jueces, de barras bravas, de hoteles, de narcotraficantes, de bulerías. Y recordar a las tres A, al general y a Rucci, a Lorenzo Miguel. Evocar a Saúl Querido, Augusto Timoteo, Cámpora (tío y lacayo), de la Revolución Libertadora, de López Rega, de los hermanos Cardozo, del General Osinde, de la P 2, de la gloriosa, de los goles de Angelillo, de Luis Elías. O de Giovanni Dupré y las esculturas del palacio Chigi Saracini de Siena. O de los diagnósticos médicos, de la salud pública y de la salud privada, del pánico quirúrgico en el cirujano, de los gastos, de la SIDE, de Rajoy, de Vutton, de Ahmadinejad, de el Mossad… Pecata minuta. No doy más.
[Este trabajo fue enviado especialmente a Palabra Abierta por el autor]
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About the Author

Carlos Penelas nació el 9 de julio de 1946 en la ciudad de Avellaneda, provincia de Buenos Aires, y reside en Buenos Aires, capital de la República Argentina. Es Profesor en Letras egresado de la Escuela Normal de Profesores Mariano Acosta, y es en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires donde cursó Historia del Arte y Literatura. Obtuvo primeros premios y menciones especiales en poesía y en ensayo, así como la Faja de Honor (1986) de la Sociedad Argentina de Escritores —de la que fue en 1984 director de los talleres literarios— y otras distinciones. Fue incluido, por ejemplo, en las antologías Poesía política y combativa argentina (Madrid, España, 1978),Sangre española en las letras argentinas (1983), La cultura armenia y los escritores argentinos (1987), Voces do alén-mar (Galicia, España, 1995), A Roberto Santoro (1996), Literatura argentina. Identidad y globalización (2005). Publicó a partir de 1970, entre otros, los poemarios "La noche inconclusa", "Los dones furtivos", "El jardín de Acracia", "El mirador de Espenuca", "Antología ácrata", "Valses poéticos", "Poemas de Trieste", "Homenaje a Vermeer", "Elogio a la rosa de Berceo", "Calle de la flor alta" y "Poesía reunida". A partir de 1977, en prosa, fueron apareciendo los volúmenes "Conversaciones con Luis Franco", "Os galegos anarquistas na Argentina" (Vigo, Galicia, España, 1996), "Diario interior de René Favaloro", "Ácratas y crotos", "Emilio López Arango, identidad y fervor libertario", "Crónicas del desorden" y "Retratos", etc.

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