Mar urbano

Written by on 28 marzo, 2018 in Cronica, Literatura - No comments
Literatura. Crónica.
Por Nora Salgueiro.

Tomada del blog Ayuda Buenos Aires.

                                                         Esencialmente, la vida es un exceso                   

                                                                                                                George Bataille

Tomar sol en las terrazas de Buenos Aires es, totalmente, otra cosa. El murmullo constante de la ciudad —zumbido urbano— se asemeja a un mar arrullador, distinto.

Algún pájaro estridente posado en las antenas sorprende por audacia más que por presencia: cualquier jilguero se transforma en exótico; cualquier benteveo, en pieza de colección.

Marco exterior. Apartamento en Buenos Aires. Balcón.

Desde edificios próximos —gigantes inmóviles— llegan sonidos de voces, ladridos de perro faldero, gritos de obreros en una construcción invisible. El movimiento atrae la atención: la señora riega sus plantas en el balcón cercano; no se imagina que la observan y el detalle agrega un plus.

Aquel avión, pequeño como de juguete, surca el cielo invitando a usar un  mágico zoom que permitiera ver asientos ocupados por personas de negocios, por turistas, a recorrer  pasillos junto a la azafata atenta. En realidad, se sigue tan quieto bajo el sol… Mundos opuestos, mundos similares.

De vez en cuando, universos mecánicos de la posmodernidad —los ascensores— despiertan con sonidos guturales, como bestias prehistóricas. Cajas  automáticas reemplazan escaleras  señoriales, apropiándose en segundos de espacio y de tiempo para facilitar el subir y el bajar contra reloj a sujetos  devorados por circuitos cotidianos. Como si en ello se les fuera la vida, hombres y mujeres dominados por  trámites sin sentido regresarán luego —al final del día— a las cuevas de donde salieron para dormir dóciles, apilados. Como expedientes de una oficina siniestra.

En la terraza, por el contrario, no existe  prisa ni desvelo; aquello por realizar, junto a lo  pendiente, se diluye en el bienestar que invade el cuerpo descansado.

¿Qué podría ser más importante que esa nube cambiando de formas, deslizándose sutil, rápida hacia el oeste? Si se la busca momentos después habrá desaparecido, dejando la sensación de haberla imaginado.

Una bocina, alguna frenada brusca, insisten desde la calle; el agudo de la sirena estremece inevitablemente. Pero en este mundo, aéreo y tranquilo, nada logrará alterar demasiado los sentidos, ningún drama inquietará lo suficiente, aunque ninguno sea ajeno por completo.

La hormiga camina en dirección al brazo. ¿Qué hacer? ¿Dejarla y exponerme a un escozor insoportable o matarla? ¿Matar? A quién podría ocurrírsele matar en semejante paz desbordante de armonía: sería un sacrilegio. Menudo encuentro hemos tenido, debo decidir ya. Opto por librar su ruta, sorprendida ante la bondad para con un insecto al que soy alérgica y detesto. El microclima que invade el ambiente transformándolo —transformándome— podría ser, tal vez, alguna explicación. En fin, también yo a ras del suelo, la veo enorme, veo su silueta negra y vacilante deslizarse por  baldosas blancas, caminar y seguir, seguir en busca de previsor alimento, quién sabe dónde.

En esta dimensión, en cambio, sólo existe  presente, eterno instante sin pasado ni futuro. Toda posibilidad de prudencia o planificación se ha tornado anacrónica,  inoportuna.

Con el sol entibiando el cuerpo, con  el murmullo de las hojas de árboles altos cuyas copas asoman moviéndose en complicidad con la brisa, no se necesita más. Resulta posible permanecer adormecidos e inconscientes, como animales satisfechos.

 

 

 

 

 

 

 

 

©Nora Salgueiro. All Rights Reserved

 

About the Author

Nora L. Salgueiro nació en un invierno del 49. Escribe desde los 10 años, con una necesidad tan imperiosa como respirar. Literariamente formó parte del Grupo Autogestivo Travesía, y llevó a cabo publicaciones como: “Otros Caminos”, “Tercer Puente”, “Lugares” y otros. Ha recibido menciones y premios por sus relatos, quizá un efecto de sus años como alumna del taller literario al cual concurre. Si tuviera que definirse, diría sin dudar: soy Nora, una psicoanalista que escribe.

Leave a Comment