‘Las mil y una noches’ en 2018

Written by on 18 junio, 2018 in Arte, Series de televisión - No comments

Arte. Series de televisión. Crítica.

Por Tenchy Caymares

La programación de Mega TV tuvo un gran acierto con la transmisión de Las mil y una noches, una serie televisiva turca producida por TMC Film que fue galardonada con los Golden Butterfly Awards en 2007 al mejor actor y actriz principal,  y a la mejor serie.

Además,  en  2014 recibió el Premio Talento Caracol a la mejor producción  extranjera,  con un record sin precedentes de audiencia en más de 20 países, entre ellos Chile, Argentina, Uruguay y Estados Unidos,  que fueron los primeros en transmitirla.

Como todos sabemos,  Brasil es el productor líder de telenovelas de mayor éxito dentro de América Latina y España,  luego de destronar a Cuba, que fue la pionera indiscutible de la telenovela mundialmente con El derecho de nacer, del escritor cubano Félix B. Caignet, transmita en la isla por CMQ Televisión, en 1958.

Nada parecía mover a Brasil de su liderazgo hasta la aparición de este serial turco transmitido a diario como telenovela, en la que el televidente vio mutar los escenarios habituales de Rio de Janeiro y Sao Paulo por la exótica Estambul,  y nos dejó a todos prendados casi con un chasquido de dedos.

El misterio del éxito de Las mil y una noches nace del encanto de ese fascinante libro de autor anónimo del mismo título,  que tanto nos embrujó de niños,  donde Scherezade (una astuta y bella mujer) engatuzó a un rey despiadado tejiendo relatos durante mil y una noches.

Así ella resultó la elegida del corazón del monarca para siempre, lo cual le permitió salvar la vida de numerosas mujeres que pudieron haber sido decapitadas al igual que sus predecesoras,  después de ser utilizadas en una primera noche de pasión.

Tomando la inspiración de este clásico de la literatura árabe casi eterno, Scherezade  es ahora una arquitecta exitosa de la famosa constructora Binyapi, en Estambul  que, careciendo de medios económicos para costear el tratamiento de su hijo con leucemia, recurre a una noche de entrega a su jefe como medida desesperada para obtener la ayuda monetaria que salvaría la vida de su hijo pequeño.

Lo que aconteció en esta llamada “noche negra” será el futuro núcleo sobre el que gravitarán toda una serie de personajes y sub-tramas que llevarán al desenlace final.

Pero como toda obra televisiva,  aunque sea excelente, puede tener puntos oscuros de imperfección,  y  esta serie tampoco escapa de ello. El personaje de Scherezade,  interpretado por la bella actriz Berguzar Korel, aun después de ser premiada, debe superar obstáculos como la inseguridad,  debido a su corta experiencia en el oficio.

No  es el caso de su compañero de reparto y esposo, Halit Ergene, como Onur Aksal, quien solo con la intensidad de su mirada logra transitar por todos los registros emocionales de su personaje. Digna de mención es también la actriz Ceyda Duvenci como la atormentada alcohólica Bennu Ataman.

Destacan además Tardu Flordun (como Keren), Eugun Demir en el difícil papel de Ali Kemal, Metin Cekmez como Burham , el patriarca de los Evilyaoglu, clan que representa todos los prejuicios, desmanes, violencia, tradiciones y virtudes de la nacionalidad turca. Y no debemos olvidarnos,  por supuesto,  de Efe Cinar, el actor que interpreta a la pequeña estrella de la serie, Kaan Evilyaoglu,  que está completamente fuera de serie en su desempeño actoral.

En el manejo de los personajes hay hilos que se van de la mano como cabos sueltos. Esto fue así con el personajes de Feride Aksal,  que fue concebido e interpretado de manera brillante por Meral  Cetinkaya,  y que de pronto viajó a Francia para no volver nunca más,  o la simpática Mihrivan, salvadora de Kaan y “personaje oreja” de la protagonista,  quien viajó a Baku, Azerbaiyán, y jamás se supo de ella,  ni siquiera por teléfono.

Entre las escenas estrellas de la serie, se destacan la de Onur cabalgando a lomos de Zazerilla, su caballo favorito y en cámara lenta, mientras la música apoya su estado desesperado de tristeza y abandono. Así como la primera cena que prepara Onur para su amada con un coro de violines al fondo que acentúa un dialogo de antología. Ambas escenas son dignas de la mejor producción cinematográfica.

Los secretos de esta gran superproducción de Turquía  para la televisión descansan en no haber escatimado en gastos de exteriores. Nos mostraron los paisajes más bellos de Estambul, mientras nos contaban una historia tradicional de amores, conflictos y desamores en la era moderna,  reflejando la influencia negativa de los prejuicios en el progreso y la felicidad del ser humano.

En toda la trama se advierten temas como el machismo,  la prostitución, la mafia, la pobreza, el acoso de la prensa, los conflictos de intereses, la corrupción a alto nivel, la violencia doméstica y la concientización sobre el fenómeno de la leucemia infantil,  así como la discriminación de la mujer. Son problemas internos que aquejan no solo a la sociedad turca sino a toda la sociedad contemporánea.

Las mil y una noches no hubiera alcanzado tal altura sin el fondo musical, la Suite Opus 35 de Scherezade,  compuesta por el genial Rimski-Korsakov en 1888, el mismo autor del mítico Vuelo del moscardón, y cuyo soundtrack para la serie fue ejecutado por Binbir Gece de modo genial.

El gran acierto de esta serie televisiva es que a partir de una historia de amor tradicional descubrimos las luces y sombras que atormentan,  a la par que congratulan y ennoblecen,  al hombre en cualquier parte de la tierra.

 

 

 

 

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About the Author

Tenchy Caymares (Cuba), autora de este artículo, es escritora y productora de televisión, también con una amplia experiencia en cine. Ha publicado en revistas y periódicos. Radica en el sur de California. Asimismo fue experta en publicidad, en Cuba.

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