La oposición cubana y los “logros de la Revolución”

Written by on 28 Junio, 2017 in Critica, Política - No comments
Política. Crítica. Historia.
Por Jesús Hernández Cuéllar…
Panorámica de La Habana de noche….

Panorámica nocturna de La Habana, Cuba. (Foto: Alexander Bonilla / Flickr).

El Gobierno de La Habana tiene como bandera grandes conquistas sociales en materia de educación y salud públicas; la oposición se concentra en la ausencia de libertades y en las violaciones de los derechos humanos…

Balseros cubanos rumbo a Estados Unidos. (Commons Wikipedia).

Cada enero desde 1959, el Gobierno cubano celebra un aniversario más de su llegada al poder. No es solamente una cifra récord en lo que se refiere a un mismo grupo en control de la nación. Es también más años de los que duró la llamada “república” desde que los cubanos obtuvieron su independencia en 1902 hasta el triunfo revolucionario. Solo que en aquel otro período, Cuba tuvo más de 15 presidentes, y únicamente dos breves dictaduras.

Muchos latinoamericanos se asombran cuando se enteran de que los cubanos acudieron a las urnas por última vez, en unas elecciones democráticas, multipartidistas y bajo la mirada de observadores internacionales, en la lejana fecha de 1948. Fue en ese año que eligieron al presidente Carlos Prío Socarrás, quien fue derrocado por un golpe militar encabezado por el general Fulgencio Batista el 10 de marzo de 1952.

Batista, que había controlado bajo cuerda la presidencia del país entre 1933 y 1940, fue elegido presidente ese último año tras la aprobación de una nueva Constitución, en cuya redacción participaron todas la fuerzas políticas cubanas, incluidos los comunistas. La dictadura real de Batista a partir de 1952 duró seis años, nueve meses y 21 días.

El argumento de la élite gobernante actual, encabezada por los hermanos Fidel y Raúl Castro, para justificar el control absoluto y represivo de la nación durante casi seis décadas, es confuso si uno toma en cuenta datos irrefutables. Para ellos, ha sido necesario un régimen de esa naturaleza para preservar grandes conquistas sociales como la educación y la salud públicas gratuitas para toda la población. Hay que tomar en cuenta también que durante décadas, el régimen cubano ha sido el dueño de todos los medios de producción y servicios del país, sin la más mínima oportunidad política para quienes piensan diferente. Durante muchos años, la cárcel ha sido el destino para la inmensa mayoría de quienes han deseado cambiar el rumbo del país hacia la democracia y la economía de mercado, y no pocos casos terminaron también en el paredón de fusilamiento, especialmente durante los primeros años que siguieron a la transformación que sufrió la revolución popular de 1959 en un régimen comunista aliado de la Unión Soviética durante la Guerra Fría.


Cuba: El Aterrador Silencio de las Multitudes


¿Un “burdel” en manos de EE.UU.?

El Gobierno cubano, que durante tres décadas disfrutó de multimillonarios subsidios de la ahora desaparecida Unión Soviética, y posteriormente de Venezuela, ha gastado enormes sumas de dinero en campañas propagandísticas a nivel internacional, encaminadas a difundir el argumento del desarrollo social en la pequeña isla de 11 millones de habitantes. Por otra parte, ha trabajado duro en convencer a la humanidad de que la Cuba anterior era un burdel manejado por Estados Unidos, con niños muertos de hambre y una clase trabajadora empobrecida. Es decir, la Cuba cuya moneda nacional, el peso, estaba a la par del dólar desde finales de los años 40; la Cuba cuya tasa de mortalidad era de 5.8 por cada 100 mil habitantes, cifra con la cual la pequeña nación ocupaba un envidiable tercer lugar en el mundo; la Cuba que tenía la tasa de mortalidad infantil más baja de América Latina con 3.76, según la Organización Mundial de la Salud. Y también la Cuba que, según el Anuario Estadístico de Naciones Unidas, tenía en 1958 un radio por cada cinco habitantes, un televisor por cada 28, un teléfono por cada 38 y un automóvil por cada 40 personas.

Estamos hablando de una Cuba en la que, según la Organización Internacional del Trabajo (OIT), un obrero industrial ganaba seis dólares diarios, lo cual colocaba al país en el lugar número ocho del mundo en ese renglón, superado solamente por Estados Unidos, Canadá, Suecia, Suiza, Nueva Zelanda, Dinamarca y Noruega. Además, un país en el que un trabajador agrícola, también de acuerdo con cifras de la OIT, ganaba tres dólares diarios de aquella época, salario superado solamente por los que se pagaban en Canadá, Nueva Zelanda, Australia, Estados Unidos, Suecia y Noruega. Hoy día, Cuba ocupa el lugar 176, el último del mundo, en materia de salarios con un promedio de 25 dólares mensuales, según NationMaster.com. En Angola, país que representó el Vietnam cubano por la participación de tropas castristas en una sangrienta guerra de casi 15 años de duración, el salario promedio mensual es de 2.650 dólares. En Haití, la Cenicienta de las Américas, el salario promedio mensual es de 712 dólares. La inmensa mayoría de los países que aparecen en la lista también tienen educación y salud públicas gratuitas.


Average Monthly Disposable Salary (NationMaster.com)


El Gobierno de los hermanos Castro oculta todas esas cifras, pero los cubanos de hoy, convencidos de que sus padres, abuelos y bisabuelos tuvieron una vida mejor, huyen a través de las peligrosas aguas del Estrecho de la Florida, o atravesando las no menos temibles fronteras de Centro y Suramérica hacia Estados Unidos. De hecho, no parecen muy seguros de que habrá una vida mejor luego de la lenta normalización de relaciones entre Washington y La Habana. Cuarenta mil cubanos han “escapado” hacia Ecuador desde 2008, y unos ocho mil se encuentran en tránsito hacia territorio norteamericano cruzando varios países, en una nueva crisis de refugiados.

Los efectos del embargo

Por supuesto, quedan pendientes los efectos del embargo comercial de Estados Unidos contra el régimen cubano. Tal vez, el razonamiento más preciso que se haya escuchado al respecto lo ofreció el expresidente norteamericano Jimmy Carter delante de Fidel Castro en el Aula Magna de la Universidad de La Habana en 2002. Carter dijo que se oponía al embargo porque creaba resentimiento entre los pueblos, pero no porque fuese el causante de las penurias económicas cubanas. Según el exmandatario, “Cuba tiene relaciones comerciales con 180 países en los que puede comprar lo que necesita a precios más bajos que en Estados Unidos”. Y, de hecho, hoy día Estados Unidos es uno de los principales proveedores de alimentos a Cuba, pese al embargo. La Habana puede comprar a empresas norteamericanas alimentos y medicinas, con una única restricción: tiene que pagar en efectivo, dado su pobre historial de saldo de deudas.

De acuerdo con cifras del Departamento de Agricultura de Estados Unidos, Cuba ha importado desde el año 2000 productos agrícolas norteamericanos por valor de casi cinco mil millones de dólares. La cifra más baja de esas importaciones se produjo en 2014, cuando el saldo total fue de solamente 300 millones de dólares.

Todo lo anterior debía ser suficiente para entender por qué los críticos del régimen cubano no aceptan como válidos los llamados “logros de la revolución”. ¿Acaso alguien se detiene a mencionar los logros de la dictadura militar de Augusto Pinochet, o la de Francisco Franco, o la de Alfredo Stroessner, a pesar de que los chilenos, los españoles y los paraguayos tuvieron mejor calidad de vida bajo aquellos regímenes reprochables que los cubanos bajo el castrismo?

No hay dudas de que, aun con el riguroso adoctrinamiento marxista de estas seis décadas, los cubanos de hoy están aprendiendo una lección importante. Están aprendiendo que las ideologías políticas, los sistemas políticos, los partidos políticos y los líderes políticos, no sirven para nada si no son capaces de crear bienestar y prosperidad en libertad.

Jesús Hernández Cuéllar

 

About the Author

Jesús Hernández Cuéllar es director y editor de Contacto Magazine. Desde 1981 ha trabajado en todo tipo de medios: agencias de prensa, diarios, radio, televisión, semanarios, internet, revistas y redes sociales. Fue redactor de la agencia EFE en Cuba, Costa Rica y Estados Unidos, así como editor metropolitano del diario La Opinión de Los Angeles, California, e instructor de periodismo de la Universidad de California en Los Angeles (UCLA). Ha trabajado como periodista en las elecciones presidenciales de Estados Unidos desde la elección de Ronald Reagan en 1984.

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