Homenaje “in memoriam” al poeta Doribal Enríquez

Written by on 3 septiembre, 2017 in In Memoriam, Literatura, Poesia - No comments
Literatura. In Memoriam.
Por Ivette Fuentes de la Paz
y Manuel Gayol Mecías…

Doribal Enríquez.  Una hermandad a prueba de fuego (Ivette Fuentes de la Paz, Manuel Gayol Mecías y todo el grupo de la revista Vivarium)

Palabras de Ivette Fuentes de la Paz
sobre Doribal Enríquez

El pasado 26 de junio, sin hacer apenas ruido, de modo sutil y amable como fuera su vida, partió hacia la eternidad nuestro amigo Doribal. Y esa partida, hacen más resonantes los versos de John Donne —para muchos conocidos por citarlos el famoso Ernest Hemingway en una de sus novelas—, de que “nadie es una isla, completa en sí misma”, lo que nos hace pensar que somos partes, pequeños fragmentos, del gran cuerpo de Dios, donde nos armamos nuevamente en el diseño perfecto que en vida perdemos, hasta volver a Él.

Hojear fotos, revisar viejas cartas, documentos, me hizo regresar en el tiempo, para darme cuenta de que no hubo proyecto profesional en el que, ya como amigos, no estuviera junto a Doribal. Creí haberlo conocido cuando trabajaba en la Casa de la Cultura de Plaza, pero luego me percaté de que fue mucho antes que Lourdes Rensoli me lo había presentado, porque juntos frecuentaban un antiguo taller literario que en La Lonja del Comercio dirigía el Dr. Lamadrid, conocido jurista y letrado, y formador de tantos intelectuales en su adolescencia. Fuimos juntos a celebrar el cumpleaños del amigo, y fue cuando crucé por vez primera mi palabra con él, la que se entrecruzó de tantas ideas que coloreaban nuestro horizonte joven, que quedó para siempre enredada en la urdimbre de una entrañable amistad.

Ya para entonces él trabajaba de asesor literario en Regla y quiso trasladarse para el Municipio de Cultura de Plaza. No olvido que en aquella cofradía de mujeres que era el equipo de literatura, capitaneado por la historiadora Maritza Corrales Capestany, quedó como la única figura masculina, donde su voz era la única que equilibraba un tono de fondo a las más bulliciosas de Ana Llerena, Sara Vega, Daína Chaviano, Alina Haydú y la mía, tan poco dada al silencio. Luego se dispersó el equipo para integrarnos, algunos miembros, a la Casa de la Cultura en un grupo menor que anudó el lazo más fuertemente, porque ya estuvieron —y para siempre— Manuel Gayol, a la sazón investigador de Casa de las Américas, y Ernesto Montoro, que hicieron grata una etapa que pudo haber sido una catástrofe —profesional— de no haber sido por la impronta de aquella camaradería y complicidad.

Por aquellos tiempos comenzaba a dibujarse lo que sería el grupo Vivarium, donde Doribal, algunos años después de su creación, tuvo también un lugar. Durante el primer “éxodo”, y luego el segundo y luego el tercero, Doribal fue para mi la justificación de un seguimiento, de una obra que debía proseguir. No todo se había perdido, no todos habían emigrado; Doribal estaba y fue mi consuelo y el modo de decir que aún me quedaban amigos en Cuba: él estaba allí para ir ajustando las tareas de seis que ahora solo debíamos hacer dos. Y de esas tareas emanaron nuevos intenciones, por lo que fue organizador, en el año 1999, del Primer Encuentro Cubano-Alemán que hermanó las Diócesis de La Habana y de Eischtaeet, realizado en Cuba, y el Primer Encuentro realizado en la ciudad alemana, en el año 2000.

Tuvimos muchos colaboradores en estos largos 27 años de labor, y vimos ir y venir a tantos copartícipes en el convite vivariano, que mi memoria traiciona su conteo, pero ahí siempre quedó él, para ayudarme a derribar muros de concreto, a “desfacer entuertos” y a limpiarme la mirada de briznas de paja innecesarias. Hace pocos años, inició la fértil labor, a la que brindó su enorme experiencia, de crear el Taller Literario “P. Angel Gaztelu” en el Centro Cultural P. Félix Varela, que no quedaba en compartir criterios, sino en impartir también lecciones de cultura y preceptiva literaria, que tanto agradecieron quienes con él estuvieron.

El padecimiento crónico que desde niño le desfigurara con una cojera producto de la poliomielitis, ya minaba su capacidad de locomoción y así le dificultaba más su llegada al trabajo, a los lugares públicos, a su vida social, la ansiada por la enorme fuerza de su espiritualidad y capacidad intelectual. Nada pudo con el alma libre que labraba un cielo abierto para su poesía, la que pudo leerse y escucharse con el impulso de su ánima más allá de los límites de nuestra isla, cuyo último eco resonó, hace muy pocos meses, en un  curso de postgrado en la Universidad de Salamanca.

Cuando en el año 2012, al regalarme una dedicatoria de su poemario Galería innombrable, me escribía “Por tu hermandad a prueba de fuego”, comprendí que la verdadera amistad debe pasar las pruebas elementales para poderse fundir a la tierra que nos sostiene, y que los amigos son esa “cifra” donde los ángeles se asoman en su posible dimensión. Cierta vez escribió que “los ángeles no son sino demonios”, confundido por los rostros que a veces también asoman, bajo crueles hipocresías, la ferocidad humana, la incomprensión y la intolerancia.

Invoquemos hoy la gracia de Dios para que los ángeles, los verdaderos, le acompañen en este viaje a la eternidad que, su dimensión de poeta, siempre supo atisbar. No olvidemos su carrusel, su galería de nombres insondables, su febrero en el sillón, su soledad aún sin verdugos, prendidos a “la escasísima luz que surge en la memoria y que a nadie se le ocurre borrarla”.

Parte del futuro grupo Vivarium, en la Casa de la Cultura de Plaza (La Habana). De izquierda a derecha (de pie) Pedro Pérez, Doribal Enríquez, Mario Rosillo; (sentadas) Ivette Fuentes, Lourdes Rensoli y Florinda Marón.

 

En el Quince Aniversario de la revista Vivarium. Al centro aparece el cardenal Jaime Ortega Alamino. En la esquina izquierda, el historiador Pedro Herrera.

Primer encuentro cubano – alemán (La Habana, 1999).

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Celebración de un aniversario de Ivette. Doribal Enríquez con Neysa (segundos y terceros de izquierda a derecha). En el extremo de la derecha Ivette Fuentes.

 

En la presentación de su libro “Los pianos son muy caros” (Neo Club Ediciones, Miami, 2017), en marzo de este año, en la que fuera su última imagen pública.

Queremos agradecer las notas de acompañamiento de los amigos que nos dedicaron palabras de consuelo, y que iluminarán su camino. Agradecemos a Rosa Marina, Manuel, Jesús, Emilia, Amanda, Jorge, Juana, Pedro Pablo, Evelio y tantos otros que nos demostraron su afecto “a prueba de fuego”. En especial queremos resaltar las palabras de Erick Hernández Hernández, miembro del Taller P. Angel Gaztelu, del Centro Cultural, quien nos envió el poema “Nave de Cristal” que dedicara a su profesor, y que reproducimos en estas páginas de recordación.

Nave de cristal
A la memoria del profesor Doribal Enríquez

El hombre que hala el barco volante,
Conoció los suburbios de la suerte,
Habitó silencios,
Desencantado de penumbras,
Al tiempo que reían sus ojos de madera.
 
La nada fue para el hombre,
Frágil a los siglos,
Mientras sempiternos grillos cantaban su noche,
Iba en su rostro un asomo de ponientes,
Y la nave levó anclas contra el céfiro.
 
El quebrantado oro de la esfera,
Pasa por la primicia de sus manos,
Y lo mustio que endecha los canteros,
Altera la marmórea rigidez
De los que bordan silenciosos cantos
Con el barco de las alas de lo inerte.
 
Todo gira en torno al hombre,
Citadino de historias,
Visitante de locuras,
Y el velamen pudre sus alas
Contra un viento que no sabe de amores.
 
Nave de cristal,
Eterno puente,
Epítome de lo vacuo,
Llevada a la semipenumbra de lo ignoto
Por un sabio constelado de esplendores.
 

Erick Hernández Hernández (28-6-2017)


Palabras de Manuel Gayol Mecías
sobre Doribal Enríquez
Por favor, Ivette, dile a Neysa

Sí, querida Ivette, gracias por darme la noticia. Viva en paz y alegría nuestro siempre amigo. Y dile a mi también admirada Neysa que Doribal alcanzó la luz, esa que llevamos por dentro pero que solo nos llena y nos cubre cuando nos vamos de este mundo. Lo que siento es por no haber escrito antes algo sobre él que tanto hubiera podido saborear. Siento no haber estado a su lado. Eso es lo que me sucede cada vez que alguien se va y no lo puedo despedir personalmente, por esta maldita lejanía que se nos ha impuesto. Siento no haber podido decirle, con mi voz sonora, de todo lo que él y yo disfrutamos juntos gracias a la literatura, a la poesía, a sus poemas repletos de ansias por vivir, por querer ser en vida lo que realmente éramos y somos por dentro.

Dile a Neysa, querida Ivette, que ya tengo el último libro del Dori conmigo, Los pianos son muy caros; que me lo leeré infinitas veces y escribiré sobre esos estremecedores poemas suyos, como quien deja un mágico vestigio en la butaca de un cine; como el hecho de que no se nos ocurra preguntar quiénes están,/ quiénes se han ido, a dónde. Y que sus poemas me provocan sentimientos, sí, no solo por la amistad que nos unía, sino además por la belleza y el dolor que se revela en ellos; porque el Dori, en este poemario, me dice: me prestas tu cama, tus huesos, tu paciencia./ cuelgas mi ropa en el balcón/ a los ojos de aquellos que vigilan el mundo inexplicable.Y son los versos del Dori los que quedan entre nosotros, los que se prenden del recuerdo y de la añoranza; sus palabras hechas imágenes, tropos fulgurantes que descubren nuevas escenas en nuestras mentes: y esa noche sucumbes/ contra el acantilado de otros cuerpos serenos,/ y estas yemas resbalan por tu curva maligna/ (aplaudes plena y sola, plena y sola/ junto a mí que ya no quepo en tu cuerpo,/ en un país/ todo lo contrario al nunca jamás,/ es decir, el siempre irreverente/ que nos acompaña.

Todo lo que él y yo vivimos en nuestros dos talleres literarios. Doribal siempre fue la antesala de los talentos que yo terminaba de descubrír en mi taller, porque ya esos excelentes escritores que salían habían pasado por el suyo, puesto que yo lo que hacía era pulir las nuevas imaginaciones que el Dori había encontrado. El mérito era de él; y las imágenes poéticas y narrativas que venían con los bisoños talleristas que llegaban a mí traían, de alguna manera, su impronta, el sello sensible de su quehacer.

Dile a Neysa, que solo ella, la buena de Neysa, queda en su infortunio de vida; queda en la soledad de su intimidad, guardando ahora la presencia oculta de Doribal, de su amante y de su poeta. Amiga mía, los que permanecemos somos el problema; somos los que estaremos tratando de llenar el agujero que nos dejó dentro del pecho, y seguro tú lo llenarás más dolorosamente, por la cercanía que tuviste con él, por la estrechez de tu amor hacia él. “Siempre detrás de un buen poeta hay una gran mujer”. Eso se ha dicho mucho, pero es una verdad incuestionable. Y tú eres una gran mujer.
El Dori queda en mí, con su magia de amigo creador, incandescente, con su deseo de recibir regalos que eran los halagos que se le podían hacer a su poesía. Su hermosa fidelidad a la amistad; su amor por ti, Neysa; su amor por la poesía; su linda presencia de gran escritor, ignorado, perdido en el laberinto de un parnaso que nunca se interesó en el arte de su palabra. Feliz él que se salvó de la muerte literaria. Ivette, dile a Neysa que me pasará con Doribal lo mismo que me ha sucedido con Guillermo Vidal y Ramiro Duarte que depués que fallecieron me sentí más solo; fue como un gran pedazo de mi alma que se desvaneció por dentro. El Dori se me fue sin que yo pudiera entrecharle la mano, pero sé que alguna vez nos volveremos a encontrar y retomaremos nuestras tertulias literarias, nuestras historias imaginarias, que en ese entonces serán nuestra propia realidad, una realidad que pertenece al Dios que muchos llevamos por dentro; nuestro imaginario Dios de amor y de belleza.
Recuerdo que siempre nos encontrábamos, puntuales, en las conferencias y eventos literarios que organizábamos juntos; que siempre nos hablábamos de cómo nos iba con el 7 debajo de la espalda; lo estrujado que lo teníamos porque ya por ahí no nos pasaba mucha comida, si acaso un poco de comida; de que siempre teníamos hambre no solo de poesías y metáforas, de narraciones y profundos ensayos, sino asimismo “hambre de comida, de bistec, de jamón, de pan, de un sustancioso plato que nos diera el ánimo de recorrer las calles a pie, el deseo de crear un buen recital en la Casa de la Cultura de Plaza, donde trabajamos juntos y nos dábamos buenos banquetes de fantasías e ilusiones, aun cuando comíamos “tajadas de aire y bocanadas de oxígeno”.
Pero el Dori, querida Ivette, querida Neysa, ya está en su verdadera esencia; es energía, es alma que se hace espíritu. Es recuerdo, es presencia imaginaria y es luz. Para el Dori, para Neysa y para ti, Ivette, de un amigo del alma, el Mano

Palabras de Rosa Marina González-Quevedo
Carta de salutación a Doribal Enríquez.

«…el tiempo no es el mismo para todos

y envejecemos pensando que los demás son

eternos, en esa isla-gaveta del nunca jamás

donde nadie está muerto,

y esperan por nosotros».

Doribal Enríquez, Señor cartero.

(Tomado de La vida por delante).

Querido amigo:

¿Cómo estás? Sé que bien, aunque de vez en cuando se me olvide. A veces sucede que la nostalgia es demasiado fuerte. A veces, suponemos que aquellos que habitáis en el espacio infinito habéis perdido el camino de regreso a casa. Craso error. No es bueno pretender percibir con los ojos y las manos y los oídos las señales que sólo podemos ver con el alma. La nostalgia, en tal caso, termina por apartarnos de la verdad y nos impide ser libres. Por eso, como premisa, ¡nada de nostalgia para recordarte! El recuerdo tiene que estar limpio. Y ser un prado verde y lleno de sol, locus amoenus donde poder encontrarnos cada vez que así lo deseemos.

Hoy te hablaré de mis recuerdos. De los días y las tardes que pasamos juntos entre aquellos muros pintados de agonías cotidianas y de incertidumbre intelectual. ¿Llegaríamos a volar algún día?… ¡Bah! ¡Tonterías de la imaginación! Porque estábamos volando y no lo sabíamos. Y el cielo que tuvimos era el sendero lleno de retos, el mismo que recorríamos cuando atravesábamos calles empedradas.

¿Recuerdas las manchas de tinta en los dedos y los buches de café a media tarde en la oficina de la revista Vivarium? ¿Recuerdas las tertulias de fines de semana? ¿Recuerdas las mañanas de domingo, recitando versos, en recintos sofocados por la asfixia de lo impersonal?… Luego, lo de escribir tanta poesía… Eso nadie mejor que tú lo entiendes. Sabías (y sabes aún) que la poesía era nuestro mejor remanso de paz y esperanza. Porque entre metáforas danzantes y rimas de emoción se escondían las claves de nuestro eterno vuelo.

Por otra parte (y como dato más reciente), quiero que sepas que me alegro de haber podido compartir contigo en mi última visita a La Habana. Fue en marzo de 2015. Estábamos allí, reunidos, sentados a la mesa, comiendo y charlando de cuanta cosa parecida a la realidad nos tocara la mente. Tú, con tu inseparable sentido de la ironía (que tantas veces confundías con la guasa). Sí. Porque eras un artista en eso de sobrellevar situaciones dramáticas. No sé cómo, pero tenías la virtud de reírle a la desaventura y a los momentos retorcidos de la vida (que no fueron pocos para ti). Y fue en este último encuentro habanero cuando me regalaste tus libros de poemas. No imaginabas que, al hacerlo, confirmabas que siempre se puede más. Pues, tarde o temprano, el espíritu escapa de la cárcel de la pobreza material. Sí. Recuerdo tu voluntad de acero… Y ahora, que lo único que puedo hacer es escribirte estas líneas, me doy cuenta de que no te di las gracias por todo lo que me enseñaste. Entonces… ¡gracias, querido amigo! No tendré palabras suficientes para expresar lo que me faltó decirte. No podré recuperar los momentos que dejé escapar para darte la mano, aunque fuera desde lejos.

Por último, reitero algo que ya sabes: aquí, en la Tierra, las almas libres son siempre bienvenidas. Así que, cuando te des un saltito por estas latitudes, no te olvides de traer contigo un poco de luz. Nos hace falta.

Bueno, no prolongo más mi saludo. Con estas líneas, me despido. Por supuesto, no tienes que responderme de prisa. Tómate tu tiempo. Al final, el tiempo infinito es la mejor coordenada para encontrarnos desde la distancia.

Un abrazo fuerte. No te olvido, Rosa Marina

[León, España]


Palabras de Jesús Dueñas
Doribal Enríquez:
lamentable pérdida para las
letras insulares e hispanoamericanas

El poeta y ensayista Doribal Enríquez Enríquez (1948-2017), Premio Internacional de Poesía Latin Heritage Foundation (2011), ya duerme el sueño eterno en los brazos amantísimos del Espíritu Santo.

Doribal Enríquez era licenciado en Lengua y Literatura Hispánicas por la Universidad de La Habana. Trabajó hasta su jubilación en la Casa de Cultura del municipio Plaza; labor que alternaba con la de miembro del Comité Editorial de la revista Vivarium, medio de prensa del otrora Centro de Estudios de la Arquidiócesis de La Habana (CEAH), hoy Cátedra de Estudios Culturales Vivarium, adscrita al Centro de Estudios Culturales Padre Félix Varela, que funciona en el antiguo Seminario de San Carlos y San Ambrosio, donde nos conocimos hace casi dos décadas.

Al también miembro de la Asociación de Escritores de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC), me unían sólidos vínculos profesionales y afectivo-espirituales, que solo Tanatos pudo interrumpir, pero no destruir, porque las buenas amistades resisten esa dura prueba y se encuentran en el espacio infinito, adonde van los hombres buenos como los que, al decir de José Martí, «aman y crean».

En esta evocación literaria al amigo que se nos fue, recuerdo su cultura ancha y lejana, la ética y el sentido de la responsabilidad que lo caracterizaran, su buen carácter y sentido del humor, no obstante las limitaciones físicas que arrastrara como secuela de una enfermedad que le obstaculizaba la locomoción. Doribal dio a la estampa varios poemarios, ensayos y artículos que aparecen en varias publicaciones periódicas nacionales y foráneas.  Ejerció el periodismo cultural, tanto en la revista Vivarium, como en otros medios de comunicación.

Podría relatar muchas anécdotas más, pero prefiero hacer respetuoso silencio para que el ánima noble y buena de Doribal Enríquez Enríquez pueda descansar en paz, en ese mundo de poesía, música, luz y color, a donde van los buenos como él.


Palabras de Mario Rosillo
Cuando un amigo se va

Al recibir la noticia del fallecimiento de un ser querido casi siempre recibimos la advertencia de que vamos a escuchar algo que nos va a afectar o algo que nos conmoverá profundamente, una presenciua que ya no va a estar para convertirse en memoria y evocación, y que tiene una resonancia espacial, pues procede de la otra orilla: en Cuba nuestro amigo Doribal Enríquez ha partido hacia otras riberas de eternidad, para reunirse con el Padre del que procedemos todos. En ese momento no hay palabras o hablamos entonces un lenguaje íntimo de silencio, hecho de fragmentos de cosas innombrables que tratan de reorganizar el caos momentáneo que nos ha embargado, por la pérdida de alguien tan valioso que formara parte de ese equipo de entusiastas, nosotros mismos, que hicimos posible la existencia del Centro de Estudios Arquidiocesanos de La Habana, y su matiz de ideas con deslumbres de taller renacentista lezamiano, que fue y sigue siendo la revista Vivarium. Fueron horas fecundas de intercambio de ideas en las jornadas del centro y en la preparación de la revista durante las cuales la experiencia de Doribal, como asesor literario, aportaba su matiz especial.

Recuerdo también el encuentro que tuvimos cuando nos visitó el equipo de profesores de la Universidad de Eichstadt de Alemania, con el que elaboramos un proyecto conjunto, y en el que Doribal participó con su peculiar entusiasmo. También, en un plano más personal, el recuento que me hizo de varios aspectos de su vida cuando compartimos un café en su hogar, junto con su esposa Neysa, me mostró un Doribal más íntimo, casi vulnerable, , pero que, sin embargo, me reveló a alguien que, con una fortaleza muy personal, supo enfrentar la secuela que durante toda su vida padeció, como consecuencia de la enfermedad que contrajo temp[ranamente en su infancia.

Prácticamente, apenas sin percatarlo, he regresado al p[resente; los recuerdos me han hecho comprender que Doribal se ha marchado a otros reinos o los que estamos aquí lo hemos hecho a otros puntos de la geografía, no obstante, continuamos juntos tanto en la memoria como en el legado que hemos podido dejar.

[Miami, agosto de 2017]

©Ivette Fuentes de la Paz. All Rights Reserved

Ivette Fuentes de la Paz (La Habana, Cuba). Doctora en Ciencias Filológicas (1993), por la Universidad de La Habana; y doctora asimismo en Literatura Hispanoamericana, por la Universidad de Salamanca (2016). Obtuvo Diploma de Estudios Avanzados por la Universidad de Salamanca (2002) y Grado de Salamanca (2003). Trabajó como investigadora titular en el Instituto de Literatura y Lingüística José Antonio Portuondo, en La Habana. Es directora del Centro de Estudios Arquidiocesano de La Habana (CEAH) y de su revista Vivarium. Fue consultora del Programa de Diálogo Intercultural e Interreligioso de la Oficina Regional de Cultura para América Latina y el Caribe (ORCALC), de la UNESCO. Miembro del Ateneo de la Crítica, de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC), de la Sociedad Económica de Amigos del País (SEAP) y de la Unión Católica de Prensa (UCLAP). Ha publicado numerosos artículos especializados en revistas nacionales y extranjeras, además de libros de ensayo; entre los más recientes se cuentan: A través de su espejo (Sobre la poética de Eliseo Diego, 2006); La incesante temporalidad de la poesía. (Sobre el concepto espacio-temporal en la poética de José Lezama Lima, 2006); y La cultura y la poesía como nuevos paradigmas filosóficos (2008). En colectivo de autores ha publicado, entre otros títulos: Filosofía, teología, literatura: aportes cubanos en los últimos cincuenta años (1999) y Cuba. Poesía, arte y sociedad. Seis ensayos (2006). Ha obtenido diversos premios y reconocimientos literarios.

©Manuel Gayol Mecías. All Rights Reserved

Manuel Gayol Mecías (Las Tunas, Cuba, 1945). Director y editor de la revista digital Palabra Abierta y de su casa editora Palabra Abierta Ediciones. Escritor y periodista cubano. Graduado en Lengua y Literatura Hispanoamericana, en la Universidad de La Habana. Fue investigador literario (con categoría de agregado) en la Casa de las Américas. Premio Nacional de Cuento del Concurso Luis Felipe Rodríguez de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC), por su libro La noche del Gran Godo; libro que posteriormente fue censurado por el Gobierno cubano, después que el autor fue entrevistado en España. Premio Internacional de Cuento Enrique Labrador Ruiz del Círculo de Cultura Panamericano, de Nueva York, por “El otro sueño de Sísifo”. También obtuvo los premios nacionales Raúl Gómez García y Rubén Martínez Villena, por su poemario La luz de la palabra, que más tarde se convertiría en Retablo de la fábula. Editor de estilo y editor de contenido en el diario La Opinión, de Los Ángeles. Miembro del Pen Club de Escritores Cubanos en el Exilio. Vicepresidente de Vista Larga Foundation, y miembro asimismo del consejo de redacción de la revista Puente de Letras (Miami/Cuba). Ha sido jurado de diversos certámenes literarios. En 2012 fue jurado del Concurso Internacional de Narrativa Los Cuerpos del Deseo, y prologó y editó, junto a Armando Añel, la antología de ese certamen. Diversos textos suyos han aparecido en importantes publicaciones digitales como Contacto Magazine, HuffPost Voces, Latino California, Neo Club Press, Palabra Abierta y Baquiana (las seis de Estados Unidos), Otro Lunes (España) y Plumas Hispanoamericanas (Chile). En sus obras publicadas se encuentran: Retablo de la fábula (poesía, Editorial Letras Cubanas, 1989); Valoración Múltiple sobre Andrés Bello (compilación, Editorial Casa de las Américas, 1989); El jaguar es un sueño de ámbar (cuentos, Editorial del Centro Provincial del Libro de La Habana, 1990); Retorno de la duda (poesía, Editorial Vivarium, Centro Arquidiocesano de Estudios de La Habana, 1995); La noche del Gran Godo (cuentos, Neo Club Ediciones, 2011); Ojos de Godo rojo (novela, Neo Club Ediciones, 2012); Marja y el ojo del Hacedor (novela, Neo Club Ediciones, 2012); La penumbra de Dios (De la Creación, la Libertad y las Revelaciones). Intuiciones I (ensayos, Palabra Abierta Ediciones/Neo Club Ediciones, 2015); Las vibraciones de la luz (Ficciones divinas y profanas). Intuiciones II (ensayos, 2016); Viaje inverso hacia el reino de Imago. Intuiciones III (ensayos, Neo Club Ediciones, 2013) y Coincidencias de un editor (o el exorcismo de Joel Merlín) (novela, Palabra Abierta Ediciones/Neo Club Ediciones, 2015). En la actualidad reside en la ciudad de Eastvale, California.

 

About the Author

Manuel Gayol Mecías is the Director and Editor of Palabra Abierta (“Open Word”; ggayol27@yahoo.com), and a Cuban writer and newspaper man. He holds a 1979 Master’s Degree in Hispanoamerican Language and Literature from the University of Havana. He was a Senior Researcher in the Literature Investigation Center of the Casa de las Américas (Havana, 1979-1989), and was a member of the editorial board of Vivarium magazine, a review published under the tutelage of the Archidiosis of Havana. He has published innumerable critic essays, short stories, novels and poetry in many Cuban and foreign literary reviews and newspapers, and has been the recipient of various prizes in literature, among them the Short Story National Prize of the Union of Writers and Artists of Cuba (UNEAC), 1992, and the Enrique Labrador Ruiz International Short Story Prize of the Círculo de Cultura Panamericano (Pan-American Circle of Culture) of New York, 2004. He worked as editor of Contact Review, from 1994 to 1996. He worked at La Opinión Spanish Newspaper as Editor and Copyeditor (1998 to 2014). At present, he is one of the founders of the Club del Pensamiento Crítico at the Huntington Park Public Library. Published works include Retable of the Fable (Poems, Editorial Letras Cubanas, 1989); Multiple Appraisal of Andre’s Bello (Compilation, Editorial Casa de las Américas, 1989); The Jaguar is an Amber Dream (Short stories, Provincial Center of the Havana Book Editorial, 1990); Return of the Doubt (Poems, Vivarium Editions, Archiepiscopal Center of Studies, Havana, 1995); The Night of the Great Goth (Short stories, Neo Club Editions, Miami, 2011); Eyes of Red Goth (Novel, Neo Club Editions, Miami, 2012); Marja and the Eye of the Maker (Novel, Neo Club Editions, Miami, 2013); Inverse Trip towards the Reign of the Imagery (Essays, Neo Club Editions, Miami, 2014) and The Fire’s Artifice (Short stories, Neo Club Editions, Miami, 2014); Coincidencias de un editor (o el exorcismo de Joel Merlín) (Novel, Palabra Abierta/Neo Club Ediciones, Eastvale/Miami, 2015); La penumbra de Dios (De la Creación, la Libertad y las Revelaciones) (Essays, Palabra Abierta/Neo Club Ediciones, Eastvale/Miami, 2015); Las vibraciones de la luz (Ficciones divinas y profanas). Intuiciones II (Essays, Palabrta Abierta Ediciones/ Alexandria Library Publishing House, Eastvale/Miami, 2016).

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