En el parque

Written by on 20 enero, 2016 in Teatro, Teatro - 2 Comments
Teatro. Libreto.
Por Reynaldo Fernández Pavón…

Título: Hemos sido, obertura de la obra de teatro En El Parque. Joshua Anderson (Solista trompeta). Orquestación, piano acústico, teclados y voz: Reynaldo Fernández Pavón. Ingeniero de Sonido: Kevin Walker. M-Sound Studios, Philadelphia, PA.

Poster obra de teatro de Reynaldo Fernández Pavón 

Personajes: Rebeca/ José Jacinto/ El coro del público/ El solista del coro/ La solista del coro

Poco antes del amanecer  Rebeca y José Jacinto yacen sobre el césped del Parque Central. A  unos pasos de un banco, han dejado un carro de supermercado con bultos de ropa y diversidad de tarecos y vasijas.

José Jancito  se incorpora, se estira y luego busca en una bolsa un pedazo de pan  duro y una botella plástica con agua.

José Jacinto: Rebeca, ¿conoces alguna desgracia que no nos haya sido legada por esa raza vil de hombres que ondea sobre la tierra?  ¡Qué locura! Y pregonaban a diestra y siniestra que habíamos llegado al final de la historia.

¡Me cago en diez Rebeca, despierta que te estoy hablando!

Rebeca: (Bosteza una y otra vez) ¡Ah! ¿De veras?… ¿Cómo es posible que abras los ojos todos los días a la misma hora e inicies el día con los mismos temas?

José Jacinto: (Le brinda un pedazo de pan duro; Rebeca lo rechaza haciendo una mueca de asco…) No te quejes, si no fuera por ese reloj ecológico, “como tú le llamas”… ¿Cómo podríamos diferenciar el tiempo del no tiempo?

El coro del público: Tu padre viene para persuadirte, sus pasos van a llegar hasta el fondo de las cavernas de tu alma.

Rebeca: ¿Ves esas siluetas José Jacinto?  (Pregunta señalando al vacio)

Buscan  personajes que se les parezcan y se hunden en la penumbra del lunetario para marcar territorios… El barbudo que me violaba todas las noches  en el hospital ya sabe que estamos aquí…

José Jacinto: Estás delirando Rebeca. No voy a resistir otro invierno deambulando de un lado a otro por esas malditas voces. Mira como tengo estas manos engarrotadas por el frio y las piernas inflamadas de tanto caminar, si es que para avanzar me arrastro. (Se levanta y da unos pasos con dificultad)

El solista del coro: En vez de regodearte en tus sufrimientos, abriga su temor y estremécete por lo que les espera. ¿A qué punto habrán de llegar para que nos escuches?

Rebeca: ¿Delirando? ¿No los oyes?, ¿No los ves?  Están en todas partes…  No me vas a decir que no los sientes cuando transpiran. ¡De aquí tenemos que irnos!

José Jacinto: Rebeca, ¿no te das cuenta de que esos seres son de tu propiedad? Tus eternas compañías, tus oráculos, tus representaciones, no insistas en meterme en ese lío. Yo tengo suficiente con el conflicto que nos ha creado  esta obra. Tú los oyes y me obligas a hablarles. ¿Qué más quieres que haga?

Rebeca: ¿Representaciones? ¿Conceptualizaciones?… ¡Mira cómo estoy! Soy un andrajo de mierda. ¡Mírame con piedad por favor! Tenemos que irnos antes de que amanezca. Solo de pensarlo se me ponen los pelos de punta. (Se levanta y comienza a escudriñar con ansiedad entre los arbustos y el follaje)

José Jacinto: ¡Cálmate por favor! Te prometo que en cuanto amanezca nos iremos para siempre. (La abraza, se sientan en el banco)

Rebeca: Nunca has querido decirme lo que te dijeron sobre la obra de teatro…

(José Jacinto Se incorpora, realiza ejercicios de expresión corporal como suelen hacer los actores en las clases de actuación)

El coro: Le dijeron que el teatro es  contradictorio.  Obras que parece que no funcionarán en las tablas, lo logran porque hay detrás un director de actores que  le impregna una tremenda dramaturgia a la puesta en escena, o porque el público las necesita y de pronto… La obra se hace grande y crece y crece y crece….

José Jacinto: Es por eso que han hablado como si yo fuera invisible.  Comenzaron a leerla en alta voz y la relación con los personajes fluía; daba la impresión de que  “algo importante iba a ocurrir”… Pero a partir de ese momento,  lo importante que iba a acontecer nunca llegó  a suceder  y de repente preguntaron:

El coro: ¿Cuál es el asunto?… ¿De qué trata esta obra?… ¿De la mascarada de la tolerancia?… ¿De la falta de reconocimiento?… ¿Del  racismo?… ¿De las clases sociales?…  ¿De la exposición teatral del amor?…

José Jacinto: Y concluyeron diciendo que es un tema recurrente, un lugar común de los libretos escritos para las telenovelas…

Rebeca: ¿Y eso qué tiene que ver? A mi me parece que es atractiva. Se concentra una fácil; te predispone positivamente y te desdoblas hasta darle al personaje todo lo que has aprendido. (Camina de un lado a otro meditando,  José Jacinto la sigue de cerca) Ya sé, piensan que la  obra pasa de un asunto a otro y que en ninguno se profundiza…

El solista del coro: …Y Al final los espectadores no llegan a entender porque se van los personajes…

 Rebeca: (Toma por un brazo a JJ lo detiene y le habla cara a cara)

¡Ah!… Te dije muchas veces que en escena los conflictos requieren de una solución. ¡Una solución! A fin de cuentas el amor no es tan fuerte como para salvarnos; pero los hombres nunca escuchan a las mujeres porque se las saben todas. Arrastramos una tremenda cantidad de asuntos y no ocurre nada… ¡Nada! Solo se mencionan y ni siquiera alcanzan la fuerza dramática que justifique esta puesta en escena. El final debería ser climático… ¡Climático!  «Cómo me gusta esa palabra; me sabe a sexo»  y lo que estamos creando es un anticlímax… Tienen que pasar cosas, José Jacinto, tienen que haber sucesos… A esta obra le han robado algo.

José Jacinto: Quizás le robaron el origen… Todo comenzó en ese barrio poblado por espíritus que se comunican con los vivos a través de vasos de agua que llaman “asistencias”.

vaso con agua y cafe humeante

Rebeca: No seas tan didáctico y muéstrame cómo lo hacían.

José Jacinto: Espera un minuto y lo convierto en acción… (Toma un vaso plástico de uno de los bultos, lo llena de agua lo coloca sobre la tierra arranca el gajo más grueso que tiene a mano, lo desgaja, da tres golpes sobre un pedrusco  y ora)

Ibbae eggún que ibbae layentunu, kimbelese, kimbelorum… y luego de este rito ceremonial se mencionan a los difuntos, les ponen café humeante y les encomiendan su suerte. ¿Qué te parece?

El coro: Estos son seres que sufren de un síndrome colectivo, privados de encontrar  salida,  divagan como almas  que no pueden reconocerse.

Rebeca: ¿Y Piensas que existe un lugar como ese? Mi padre siempre ha dicho que no vale la pena viajar a ese sitio para ver derrumbes.

José Jacinto: Tu padre no le mandaba dinero a tu abuela para que ese dinero no fuese a parar a las arcas del estado y… ¿quién sabe cómo terminó sus días la pobre vieja?

Rebeca: Y yo te pregunto: ¿Estás dispuesto a reescribir la obra desde el principio?

(José Jacinto se arrodilla saca de un bulto unos papeles, los hojea con detenimiento, Rebeca se acerca y pone sus manos sobre sus hombros con gesto amoroso)

José Jacinto: No sé si podría, estoy empeñado en representar la vida como un acto supremo del oficio… Dicen  que no funcionaría en escena… Pero ¿quién podría asegurarlo?

Rebeca: Es un problema de lenguaje, Jacinto, esta obra no llega  a ser un espectáculo. Quizás funcionaría como un relato  o como un cuento. ¡A mí me encantan los cuentos!… (José Jacinto se tapa los oídos, no quiere escuchar más y se interna en la profundidad del parque, Rebeca Intenta detenerlo pero desiste,  regresa al banco y habla  consigo misma)

Con esos cultismos desaforados no hace más que distanciarse. No acaba de entender que la rima está en la grieta. Grieta y rima son la misma cosa. ¿Qué hemos sido? ¡Pura grieta! Tienes que pedirle a los santos que te ayuden con esta obra.

José Jacinto: Sí, voy a pedirle que todos los autores de obras de teatro puedan ver sus obras en escena… Pero pensándolo bien, mejor le pido por la mía y que cada cual le pida por la suya, ¿no te parece?

Coro: ¿Por qué te escondiste?

José Jacinto: (Mirando al cielo) Tuve miedo… Sentí miedo de su ira y me escondí. La mujer que me dio para que estuviese conmigo me hizo comer la fruta prohibida y así es que caí…

El solista del coro: ¿Qué es esto que has hecho mujer?

Rebeca: La serpiente… Ella me engañó. (Contestó acurrucándose en pose fetal sobre la tierra). La serpiente… Ella me engañó con un anuncio subyugante que apareció en The New York Times en letras gigantes que decía:

“De McDonald a la eternidad”

El coro: ¡No los ayudes! Te darán la espalda una y otra vez y otra vez hasta el final de este sistema de cosas.

El solista del coro: Aumentaré en gran manera el dolor de tu preñez; con dolores de parto darás a luz hijos, y tu deseo vehemente será por tu esposo, y él te dominará.

José Jacinto: Entonces esperaremos por el cumplimiento de la promesa.

Rebeca: ¿Esperaremos has dicho?…

José Jacinto: ¡Sí! Eso he dicho y tú… ¿Volverías a pecar?

Rebeca: No lo pensaría dos veces. (Se abraza a José Jacinto)

José Jacinto: ¡Cuidado con esa declaración que acabas de hacer! Esos que están ahí afuera podrían perseguirte y apedrearte hasta que mueras.

Rebeca: ¿Qué podría salvarnos? (Se sienta sobre las piernas de José Jacinto en el banco)

José Jacinto: Tener un hijo.

Rebeca: ¿Un hijo?… ¿Tener un hijo?… ¿Te imaginas la cara que pondrían mis padres?… (Se levanta de un salto y  lo mira con perplejidad)

El solista del Coro: Así es que te revuelcas en la cama con ese negro y vienes con esa cara de  mosquita muerta a decirnos:

—¡Estoy embarazada!—.

embarazada

Embarazada. Por Daniel Lobo

El colmo de los colmos… a ver… ¿a quién le pediste permiso para hacerlo? ¡Lo disfrutaste! ¿Eh?, seguro que lo gozaste… ¡Pues ese es tu problema!

Rebeca: ¿En qué siglo están viviendo?

El solista del coro: En este siglo, como todo el mundo. Una rata de cloaca. ¡Un mierda!  Eso es: ¡una rata de mierda!

Rebeca: No voy a hablarles nunca más.  ¿Me oyen?… ¡Nunca más!

La solista del coro: ¡Esta escena es patética! ¡A nosotros ni nos miren!

José Jacinto: Mamá, ni siquiera la conoces. No la has tratado. Está decidida a dejarlo todo por mí….

La solista del coro: ¿Dejarlo todo?… ¿Por ti?  ¡Qué ingenuo eres! Esas son malacrianzas; antojitos, lujos que se dan esas blanquitas ricas.

José Jacinto: Pero es mi vida…

La solista del coro: ¡No! No es tu vida. Es la vida que yo te di y a la que he dedicado la mayor parte de la mía. ¿Olvidas el sacrificio que tuve que hacer para traerte a este bendito país? Casi tengo que empeñar el culo. Eres igual que tu padre, un malagradecido ¡Lo llevas en la sangre!

José Jacinto: ¿Podrías explicarme por qué tienes que meter a mi padre en todo lo que pasa en esta casa?

La solista del coro: Porque el muy hijo de puta tiene que ver con todo. Si la preñaste, te buscas un trabajo y la mantienes. ¡Aquí no la queremos!

José Jacinto: ¿Sabes una cosa? Estoy harto de oírte decir siempre lo mismo. ¿Qué culpa tengo yo de que mi padre te haya dejado por un hombre? No has hecho otra cosa  que castigarme por esa causa desde que nací. No te imaginas lo que me han hecho sufrir tus resentimientos. Me voy a ir con Rebeca y no me volverás a ver la cara. (Se esconde entre el follaje)

La solista del coro: ¡José Jacinto! ¡José Jacinto, no cometas una tontería de la que te vas a arrepentir! ¡José Jacinto! (Grita con todas sus fuerzas y se echa a llorar con desesperación)

El coro: José Jacinto “Yo Soy” inventó la comedia para que los mortales  pudieran soportar la tragedia.

 José Jacinto: Entonces…—dice y se queda pensativo— Juguemos a los escondidos. (Saca una moneda de sus pantalones) ¿Cara o Cruz? (Lanza la moneda al aire)

—¡Cruz!—, grita José Jacinto y atrapa la moneda en la caída.

—¡Cruz! Te quedas so cabrona,  así es que… ¡A contar!—.

Rebeca: Eso de la cruz no me hace ninguna gracia, pero ¿qué le vamos a hacer?… (Apoya la cara sobre los antebrazos en el tronco de un árbol y cuenta en voz alta)

Uno, dos, tres, cuatro, cinco, seis, siete, ocho, nueve y… ¡DIEZ! ¡El que no esté escondido se queda!

(José Jacinto se ha agachado detrás de un arbusto. Rebeca lo busca, desaparece entre el follaje y al rato regresan besándose, se desvisten, reconocen sus cuerpos, se acuestan sobre una sábana sucia que han tendido sobre la hierba y se aman a plenitud).

José Jacinto: ¡Oh!… ¡Qué bella eres!

Rebeca: La infelicidad de este día nos lleva al temor y al recelo. Es como un rayo en la noche que nos ha partido en dos antes de que hayamos tenido la oportunidad de encontrar respuesta a nuestros dilemas.

José Jacinto: ¿Por qué no hablas con un lenguaje más coloquial?, tienes tendencia a la grandilocuencia; por favor Rebeca, no le pases esa forma de expresión a tus personajes.

Rebeca: ¡Ay! José Jacinto, ¿por qué eres tú y no otro? ¡Pobre de mí! Ya no se cómo parar. “¡Vistámonos! El día se acerca, quisiera que ya te hubieses marchado y al mismo tiempo que no te alejes”.

(Se visten y se sientan en el banco a mirarse)

José Jacinto: Y… ¿si hubieras sido ola?

Rebeca: Habría borrado las desgracias de la isla, testigos de los ciclos, los acontecimientos, las ofrendas.

Y… ¿si hubieses sido diluvio?

José Jacinto: Habría inundado el barrio de mi dolor de panes y de peces.

Rebeca: ¿Y Nuestro amor… sobrevivirá?… Siento que estamos actuando un libreto que corresponde a un texto muy, pero muy antiguo.

José Jacinto: (Se arrodilla frente a ella y le besa las manos tiernamente)

¡Ah! ¡Cuánta fragilidad hay en tus manos! No somos más que un día sin origen… ¿No te das cuenta de que nuestros iguales no han entendido nada? ¡Míralos!… ¡No han entendido nada!

Rebeca: (Rebeca  saca un papel y un marcador de su mochila y escribe un texto)  “Que reposen sobre el tiempo estas ficciones”… (Clava el papel en un “árbol con una tachuela)

árbol

Si este árbol pudiera contarnos su historia de árbol… ¿Te imaginas JJ?

José Jacinto: (Se agacha para tomar un periódico que se encuentra tirado debajo del banco) No me llames JJ.  No me gusta, bien lo sabes.

Rebeca: Léeme los titulares, solo los titulares. No soy una estúpida —como dice tu madre—…

José Jacinto:   Los economistas desempolvan libros de Carlos  Marx ante el tsunami de la crisis. 170 millones de niños viven en las calles. Comenzarán a sentirse los efectos del calentamiento terrestre en los próximos años en todos los continentes y como resultado de las emisiones de gases a la atmósfera a fines de este siglo las ciudades de la costa este se hundirán bajo las aguas.

El solista del coro: ¡Basta de titulares! ¡A callar contestatarios!

Rebeca: ¡Eh! ¿Y este se ha creído que es un galán  de la televisión o qué?…

Lo que yo necesito es que me diga qué hacer con nuestras vidas.

 José Jacinto: Este sitio no es un escenario, es un parque Rebeca… ¡Un parque! (Le pone las manos en la frente)

Estás volada en fiebre. Voy a hacer un depósito y regreso enseguida.

(José Jacinto se interna en la espesura)

Rebeca: ¿Un qué…?

José Jacinto: (desde lejos)  ¡Que voy a cagar Rebeca!

Rebeca: (Como su madre) Decirme a mí… ¡A mí!, que soy  racista. Yo  que siempre he estado en el lado positivo de la vida. Mi mejor amiga de la infancia era una negrita. Esta mordida… (Enseña  las nalgas) fue  un Pastor Alemán durante una manifestación contra la guerra de Viet Nam. ¡Racista! Si a mi casa viene gente de todo tipo y los vecinos se asombran de que los recibo como si fuesen parte de la familia. Lo que pasa es que Rebeca no entiende  que quiero evitarle sufrimientos… Al fin y al cabo es mi hija y eso es diferente… ¿No?

José Jacinto: (Regresa)… Sigues hablando sola ¿eh?…

Rebeca: (Se abraza a José Jacinto) Te amo como a mí misma.

José Jacinto: ¿Quién osará lanzar la primera piedra? He tomado una virgen del pueblo.

Rebeca: Me deberé a ti.  ¡Háblame de tus viajes! En un momento más, será temprano…

José Jacinto: Recorrí la línea costera de esa isla donde Los pobladores nacen con vocación de marinos, son una raza que desdeña el nido. Navegantes tales que no tienen comparación en la historia de la navegación.

Rebeca: ¿Y en qué clase de embarcaciones navegan ellos?

José Jacinto: En balsas. Sólo en  contadas ocasiones han utilizado embarcaciones convencionales.

Rebeca: Podrás decirme al menos qué instrumentos de navegación llevan consigo.

Balseros

Balseros 2

José Jacinto: En las travesías marítimas no llevan ni brújulas, ni mapas, ni anclas; su rosa de los vientos es sólo la esperanza. Nos han bautizado con el nombre de balseros y miles de ellos han terminado sus días en el fondo de los mares. Ciudad-Isla posee una muralla-frontera que se construye dentro de sí misma con increíbles grietas donde ha surgido una placenta-telaraña protectora y nutriente para que los navegantes nazcan, respiren y crezcan. Le he enviado las coordenadas de ese sitio a Ítalo Calvino a ver si logra encontrar esa ciudad sitiada.

(Se acuesta en el banco y Rebeca le  canta)

Duérmete mi niño/ duérmete mi amor/ duérmete pedazo/ de mi corazón./ Este niño mío/ que nació de noche/ quiere que lo lleven/ a pasear en balsa./ A – rro – rro mi niño/ a – rro – rro mi amor/ a – rro – rro pedazo/ de mi corazón.

(José Jacinto se queda dormido en posición fetal Rebeca le acaricia mirándole como si fuese la última vez)

El coro: ¡No!… ¡Todavía no Rebeca! cuenta los dolores de parto para que todo se sepa por tu boca.

Rebeca: (Se cubre la cabeza con un pañuelo blanco y habla como una anciana) Los hombres son como niños…Le advertí que iban a causar muchos disgustos, pero él, de voluntarioso no prestó oído a mis consejos y el que no oye consejos, no llega a viejo.

Así no se hacen las cosas hay  que darle tiempo a la gente para asimilar los cambios… No hay que armar tanto revuelo,  a fin de cuentas. Cuando yo tenía esa edad ni hablar se podía, y ¿opinar? Muchísimo menos (Si lo sabré yo) pero hay que aceptar que los tiempos cambian… ¡Y de qué manera!

José Jacinto: (Se levanta súbitamente) ¡Abuela!…Y dale con la misma cantaleta…. ¡Abuelaaaaaaaa!

Rebeca: (Como su madre, la de ella) Claro, siempre estás en la calle “trabajando” y nunca te has preocupado por saber donde se mete tu hija. Ahí tienes,  ahora no te quejes.

José Jacinto: (Como el padre de Rebeca) Tú tienes que poner fin a esa relación con el negrito ese, o me van a obligar a llegar a un hecho extremo.

Rebeca: (Como la madre de Rebeca) Nosotros también somos cubanos, ¿o no?

José Jacinto: (Como el padre de Rebeca) ¡Sí! somos cubanos, pero diferentes.

Rebeca: ¿Diferentes? Tú, el paladín de las causas Justas. El que estuvo dispuesto a morir luchando contra la tiranía dices algo semejante…..

José Jacinto: Sí yo… ¿Y qué? Sabía que ese tipo iba a ejercer una mala influencia sobre nuestra hija… ¡Lo sabía!…Y no me vengas a tocar el violín del “buena gente”, porque el buena gente tiene familia y amigos. Empezó saliendo con el “buena gente” y ha terminado revolcándose con toda su tribu.

Rebeca: ¿Cómo puedes hablar así de tu propia hija?…Tú sabes que ella fue diagnosticada desde temprana edad.

José Jacinto: ¡A freír tusa los diagnósticos! Ella es una simuladora  y él es un perfecto farsante.

(Se hace un profundo silencio entre ellos)

Rebeca: ¿Por qué te has quedado callado? A fin de cuentas, esto no es más que un ejercicio de actuación…Teatro dentro del teatro, una obra post-moderna: Narraturgia, “como le llaman ahora”.

¡Improvisemos una oda! ¡Ahí te va el primer verso!

Yo sé de un beso como un tatuaje, voraz y tierno como una oca.

José Jacinto: Yo sé de un beso bueno y salvaje, nombrando  mitos, feroz, fugado.

Rebeca: Se está haciendo tarde, tan tarde, que en un  instante más

amanece…

(Rebeca sale de la escena)

José Jacinto: No se trata de un capricho… ¿Eh? ¡Rebeca! ¡Rebeca! (la llama desesperado) Quieren hacerte una pregunta (Dice señalando al lunetario imaginario) ¡Rebeca!

El coro: ¿Cuál es el tema de esta obra?

(Rebeca regresa, busca en una mochila y saca un cuaderno de notas, lo hojea lentamente)

Rebeca: La vida misma, para que lo sepan de una vez y por todas.

José Jacinto: ¡Efectivamente, Rebeca! Porque la vida es un teatro del absurdo.

La solista del coro: ¿Ustedes saben lo que significa pagar por una entrada y venir al teatro a ver este absurdo?

Rebeca: (Se sienta frente al coro) Voy a contestarle esa pregunta, voy a hablar con ustedes solo por esta vez…

coro griego

Comencemos por reconocer  que no somos célebres. Ni siquiera hemos logrado escribir una línea que trascienda; cargamos con nuestra cruz  cubierta por una  telaraña de sueños…

A mí el tema de la obra me enreda, pero escuchen bien lo que voy a decirles:

¡No nos importan los delirios totalitarios!

¡No nos importa el desdén de los pudientes!

¡No nos importa el enigma de la muerte!

Y les pregunto:

¿Cómo nos sorprenderá el amanecer?

Coro: Los que han cuestionado las prohibiciones serán acusados y condenados por intentar ser iguales a los dioses. Es así como los sorprenderá el amanecer, Rebeca.

(Rebeca regresa cabizbaja al banco)

Rebeca: Estas voces son enviados del barbudo. ¡No los oigas José Jacinto!

José Jacinto: (Como el padre de Rebeca) ¿Te acuerdas de tus obsesiones tormentosas? y de buenas a primera… ¡Zas! Todo terminaba como  por arte de magia. Ahí está, muriéndose de risa, la piscina que construimos para la  nadadora que iba a ganar medalla olímpica… Pensabas que siendo nadadora podrías visitar la Isla… Esta vez no voy a reírte la gracia. Siempre lloras porque no tienes por qué  llorar. ¡Olvídate del negro Rebeca!

(José Jacinto se queda a su lado pero le da la espalda)

Rebeca: Es cierto que no tenía nada que ver con el personaje que mi padre se inventó para mí, él no aceptaba que yo fuese diferente, al final de esta historia se verá que él está más jodido que yo, y  es que todo lo cambió el poema que José Jacinto puso entre mis manos el día que dio inició al trabajo de mesa de esta obra…

José Jacinto: (Saca un papel roído del bolsillo de su pantalón se sube al banco  y lo lee…)

 Te he visto pasar desde la puerta que atesoro,/ una puerta que nunca ha sido mía/ pero que custodio contra la traición./ Por tus ojos supe que un lado de tu rostro/ me pertenecía;/ la locura que viaja en carteras de incertidumbre./ Nunca has sido tú, sino la otra:/ la que provoca el misterio con su paso./ Leerás con sorpresa mis palabras,/ musitando en las tertulias/ de tu corazón;/ así son las fantasías del Aquilón./ Soy un hombre que encuentra eternidad/ donde otros olvidan./ No vas a despedirme,/ Ni siquiera te enviaré una frase de las redes./ Voy a conquistarte con adioses,/ con mi existencia en este país/ que nada tiene que ver,/ con el anonimato,/ con lo que no sabes de tus pechos./ Voy a conquistarte con la locura/ de un siglo que no quiere morir.

Rebeca: ¿Qué hace una después de escuchar un poema como ese?

Coro: Entregarse, mostrarse con el destino atado al cepo de la sorpresa. Sentir por momentos que en algún lugar se encuentra el paraíso, en alguna hierba embriagadora y luego beberte los deseos,  las ganas de pecar… ¿Qué más?

Rebeca: (Habla como la madre de José Jacinto) José Jacinto, los zapatos los dejas en la puerta. ¿Me oyes? ¡Ah, y lávate esas manos!

¿Me estás oyendo? Ya no se qué cosa hacer para quitar las manchas de la alfombra. Bastante tiene una con tener que lidiar todo el día con la mugre de la calle, este mundo apesta, ¿Para qué carajo pagamos impuestos si ni limpian las calles? ¿Dónde te metes que traes la ropa sucia y los tenis llenos de mierda? Voy a tener que empezar a pensar que lo haces para molestarme…No puede haber otra explicación. ¡Cierra las ventanas que se llena la casa de polvo! ¿Será posible que tenga que decirte las mismas cosas todos los días? Esas manchas me van a volver loca. ¿Sigues saliendo con la putica esa…?

No sé para qué te pregunto pendejadas si eres igualito a tu padre…. No me vas a contestar.  ¿No me quieres hablar porque te digo las verdades en la cara?

Cada oveja con su pareja. ¿Me oyes?… ¡Cada oveja con su pareja! Las parejas multirraciales —como les llaman ahora—, no funcionan. ¿Oíste?… ¡No funcionan!

La solista del coro: ¡Bravo, Rebeca! Nunca has interpretado un monólogo con  la fuerza interior de este instante, te felicitamos de veras. Hemos quedado impresionados con tu actuación. (Aplauden y gritan ¡Bravo! ¡Bravo!)

El solista del coro: Lo que hemos visto hasta ahora es pura semiótica, filosofía existencial atrapada en esas almas.

José Jacinto: ¿Cómo saber que hemos logrado convertirnos en espectáculo?

Rebeca: Quizás habría que repensar  este acto como una obra virtual para saberlo.

Coro: Se está haciendo tarde para eso….

La solista del coro: Háblanos de  tu vida y deja que la estructura dramática encuentre su escenario.

 José Jacinto: Antes de que navegara rumbo norte, estuve desde niño en  un anfiteatro con capacidad para reunir a todos los ciudadanos de mi Ciudad-Estado. Nos convocaban con altoparlantes y amanecíamos enarbolando carteles,  banderas e imágenes del actor-líder; quien después de una ceremonia introductoria, improvisaba monólogos basados en un guión muy bien escrito. Al finalizar su actuación ante la multitud enmudecida, los fieles seguidores aplaudían delirantemente y repetían su nombre con una sincronización perfecta hasta llegar al orgasmo ideológico, y un día del cual no tengo recuerdo acordaron secretamente cambiarle el nombre y de anfiteatro pasó a ser oficialmente:

Coro: ¡ Plaza -Teatro de las Alucinaciones Constantes!…

Rebeca: (Toma el periódico y lo interrumpe)

¡Escucha esta noticia José Jacinto!

Ciudad-Esperanza ha sido totalmente arrasada.  Los frutos del árbol de la vida han sido prohibidos, quienes se han atrevido a comerlos han muerto en circunstancias misteriosas por tratar de llegar a la puerta de salida que conduciría a otros mundos donde depurar las manchas adquiridas desde el origen primero.

José Jacinto: Ahora recuerdo lo que una y otra vez me has preguntado; el día de la lectura de la obra, los dramaturgos presentes la clasificaron como una obra del surrealismo antillano.

(Rebeca toma una manzana del carro del supermercado y se la ofrece a José Jacinto)

Rebeca: ¿Volverías  a pecar?

(José Jacinto toma la manzana en sus manos, la observa detenidamente durante unos segundos)

José Jacinto: Cierto que me atrae… pero es fruta prohibida…

(La pasa de una mano a la otra un par de veces  y finalmente, le da una mordida colosal)

manzana

En la isla origen de nuestro origen, esta acción dramática habría que omitirla;  no existen allí manzanas para tentar a los hombres…

Coro: Las puertas de Ciudad-Esperanza han sido cerradas para siempre.

José Jacinto: ¿Para siempre? (grita a voz cuello)

Rebeca: ¡No los oigas! Soy yo quien les oye. Están tratando de aterrorizarte con sus presagios…

José Jacinto: ¿Y si decidimos tener el hijo unigénito que llevas en las entrañas?

Rebeca: Quizás podríamos  continuar esta puesta en escena en el escenario de la vida. ¿Por qué no reescribimos la nuestra?… Con la experiencia que hemos adquirido mudándonos de un lado a otro, la estrenaríamos en el Teatro del Gran Repertorio y se titularía  “Mortgage and Owners”, al estilo de Strangers in the Paradise and Everything’s Coming up Roses. Entonces sí que sería un éxito de público y de crítica José Jacinto.

Coro: ¡Despierta Rebeca! Ha llegado para ustedes la hora de partir, un momento más y amanece.

(Rebeca y José Jacinto se toman de las manos y lentamente desaparecen  en la  profundidad del parque… Han dejado atrás sus pertenencias)

El solista del coro “…Poco antes del amanecer han sido encontrados los cuerpos sin vida de una pareja de jóvenes en el Parque Central de Nueva York. Hasta el momento los nombres no han sido revelados y se tiene la sospecha de que se trata de un doble suicidio.

Los detectives asignados al caso han declarado que la investigación está en su fase preliminar y esperan esclarecer las causas de este  suceso”…

El solista del coro: Rebeca y José Jacinto no pertenecen al mundo de los vivos, pero el teatro posee la magia de traer a estos personajes de regreso, una y otra vez y otra vez, hasta el final de los tiempos.

El coro: ¡Hágase la luz!

¡Amanece!

En el parque 2

Amanece y la muerte se hace luz

Música, texto, orquestación y voz de Reynaldo Fernández Pavón. Ingeniero de Sonido: Kevin Walker. M-Sound Studios,  Philadelphia, PA.
 (Se cierra el telón)
FIN

La obra En el Parque ha quedado registrada en la Biblioteca del Congreso de los Estados Unidos de América

Reynaldo Fernández Pavón

©Reynaldo Fernández Pavón. All Rights Reserved

 

About the Author

Reynaldo Fernández Pavón nació en Ciudad de La Habana, Cuba en 1951. Cursó estudios de nivel medio superior en música en la Escuela Nacional de Artes. Es Licenciado en Historia del Arte de la Universidad de La Habana y desde el año 2000 ha impartido clases como profesor adjunto del Departamento de Español y Portugués de Temple University, donde le otorgaron un Máster en Composición. Obtuvo el Premio de Música 13 de Marzo de la Universidad de la Habana como compositor en1975. "Presagios", Su primer libro de poemas recibe la Primera Mención del Concurso David de Poesía, de la Unión Nacional de Escritores y Artistas de Cuba, en 1979. En 1980 obtiene el Primer Premio David de Poesía UNEAC con el poemario "Cruzando mares", publicado en 1981 por Ediciones Unión. Posteriormente publica poemas en "Juventud Rebelde", "Caimán Barbudo", "Casa de las Américas", "Revolución y Cultura" y la "Gaceta de Cuba". Sus obras sinfónicas y de cámara han sido interpretadas por prestigiosas agrupaciones, tales como la Orquesta Sinfónica de Matanzas, la Orquesta Sinfónica Nacional de Cuba, la Orquesta de Cámara de La Habana, la Orquesta de Cámara Brindis de Salas y la Orquesta Filarmónica de la República Federativa Rusa. En 1982-1983 recibe el Premio EGREM al Mejor Productor Musical de Cuba por su obra discográfica con el grupo Irakere y el Cuarteto de Jazz de Chucho Valdés. Ha escrito música para documentales del Instituto Cubano del Arte y la Industria Cinematográfica (ICAIC) y para seriales y documentales del Instituto Cubano de la Radio y la Televisión (ICRT). En 1996 compuso la música de la obra de teatro Cuentos Negros de Lydia Cabrera, estrenada en el Teatro del Repertorio Español de la Ciudad de Nueva York, obra que gana el Premio a la Mejor Producción Musical de 1997 otorgado por la Asociación de Críticos de Espectáculos (ACE) de New York City. Para mayor información visite: www.elliriodelprado.com y www.eniolarecords.com.

2 Comments on "En el parque"

  1. aleida Lliraldi 2 febrero, 2016 at 8:49 am · Responder

    Querido Pavón,me pareció muy interesante la lectura de la obra En el parque.
    El drama de Cuba creado para el teatro de una manera singular y con un estilo peculiar entre el clasicismo y el lenguaje popular,en el que los protagonistas son el pueblo:sus contradicciones,sus raíces, sus sueños,sus desesperanzas,encarnados en Rebeca y Jacinto.Ellos son los únicos capaces de comprender la realidad porque ya están fuera de ella.
    Escrita con un lenguaje astuto y liberal se regodea en medio de ese foro que grita,que aplaude,que se desvanece y sigue adelante a pesar de su autocrítica , de su renuncia,de todo ese miedo que fluye signado por sus ancestros pero que no puede escapar del futuro que germina en el vientre de la protagonista ni de ese protagonista colectivo que caracteriza la obra.
    Un pueblo que peca pero que se redime y también renace más allá de su realidad.

    • Manuel Gayol Mecías 27 marzo, 2016 at 12:48 pm · Responder

      En nombre de Reynaldo Fernández y de Palabra Abierta, le doy las gracias por su atento comentario. Mis saludos cordiales, manuel

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