“El astro en su costado/ regresa a las profundidades”

Written by on 13 Diciembre, 2013 in Literatura, Poesia - No comments

Literatura. Poesía.

Por Tony Fernández…

Los tres Tony

(Fragmentos del) prólogo

de Leiling Chang, musicóloga (Ph.D.)

La poesía y la música comparten dos grandes universos, el mundo de las formas sonoras y las profundidades del tiempo. Ambas se nutren de juegos sonoros, trazando líneas, círculos y espirales, dibujando formas temporales, posibles solo en el sueño, haciendo coexistir pasado y futuro, creando presentes perpetuos, viajando a lo más remoto. La poesía y la música crean nuevas naturalezas, objetos estéticos que rompen las barreras de la percepción cotidiana para regalarnos experiencias insólitas que sacuden nuestro mundo afectivo, enriqueciendo a cada palabra y a cada sonido, a cada instante, nuestra visión de la existencia.

(…)

Tony Fernández, músico, pianista, nos invita a un viaje en el espacio y en el tiempo a través de la palabra poética, donde el sonido es a la vez evocación de gestos ancestrales, consonancias dulces y pacíficas, disonancias trágicas, enigmas, erotismo; donde los pasajes chopinianos se codean con visiones espirituales dejando resonar nocturnos y preludios, justo antes de revelarnos nuevas tierras y seres nunca vistos; donde las miniaturas poéticas, intensamente emotivas, contrastan con poemas casi en prosa, que narran largas visiones, experiencias extrasensoriales, mundos fantásticos que nos envuelven, desorientándonos, abandonándonos en laberintos de tiempo y de espacio que, más allá del temor a lo desconocido, nos harán vislumbrar lo jamás imaginado.

(Poemas de “El exorcismo de las horas”)

I

La puesta de sol en Antalya

dura el vuelo de toda la vida

de una libélula y el zumbido

los doce tonos de una cadencia

apenas evitada, esbozada

en un solo trazo,

el tañer de sus alas delgadas

sobre los tabiques transparentes

del laberinto de Asterión

Un telescopio separa el más acá

 del más allá, lo más allá del más acá,

lo corpóreo de lo volátil.

Cabe el ropalócero después de

abandonar la crisálida con alas

todavía húmedas y rugosas,

un velero encallado y el pastor con su rebaño.

Entre Occidente y Bizancio,

entre Cnosos y la Catedral de La Habana,

puede asomarse un tentáculo,

entre Atlantis y la Plaza San Marcos,

es más gruesa una laja

que el estrecho de Gibraltar.

Es un caballete, un trípode,

un reloj de arena, un piano,

un violín y una tuba,

la sonrisa de Amelie.

El voltear de su cara

dura casi un decenio,

un decenio de surcos

hay en una de sus manos

cuando me toca, mientras

yo le invito a mirar

por el ojo de la aguja.

Burbujas y demonios

V

Burbujas y demonios

bajo la túnica de Adán.

Ojos clarividentes,

ciegas lenguas de fuego.

Relojes primogénitos juzgando a los caídos,

atmósfera fecunda, aerodinámica y progenitora.

No llueve la humedad que yace en todas partes,

desafiante y devoradora

mano de pianista en letargo.

Yo te expulso ilustrado profeta,

caballero de pulcros ademanes,

no eres el secreto revelado,

la espada de Uriel,

androide que a la surgente vuelve,

el sol perforado.

VIII

Esferas de oxígeno hacia la superficie,

círculos concéntricos, iridiscentes, polícromos.

Surges en conchas de nácar,

en la oruga traslúcida

que rodea mis dedos.

Se hinchan mis pulmones como un diapasón,

se agitan en dulce reminiscencia,

pero no se detienen.

El hidrógeno es un viejo conocido

y esta la Mezquita de Chinguetti.

Soplan cantos del Corán, resuenan los mástiles,

las anclas abandonadas echadas  a su suerte.

Mi sonrisa es un galeón lleno de lingotes y cacatúas.

La sangre se aglomera en mis venas y aún así respiro.

Las patas de los insectos son espirales,

pestañas ligeras e impermeables.

No se rompe el velo incoloro,

lo insípido de sus papilas gustativas,

y yo observo sin embargo tanta luz

que decido otra vez tocar el fondo.

IX

Eso que me hace abrir el piano,

moldearte con barro de mis ciénagas,

diseñar la tarde, despertarte con una nota

sobre la frente, cubrirte con plantas

salvajes y diminutas,

es una declaración de vida.

Tu desvelo y el mío navegan en el golfo de febrero,

entre tus clavículas.

Los peces saltan, aletean,

se pierden en mi camisa

y yo creo detener un mar inmenso.

Tus cejas, césped, archipiélagos rasgados en la noche.

Tu cuello, círculo que forman mis dos manos,

mitades del universo, eje y sostén,

pulgares en equilibrio,

la isla de la Cité.

Quedarme en tu boca

es reposar en ella,

quieto, sintiéndote,

estoy aquí, locura

recorrer tu relieve,

beberlo en erupción,

ciego y sordo, inerte,

trazado de un artesano

máquina de Metrodoro,

Ars Escepsis,

el viento en las alas

con las primeras luces,

mi orilla tu pecho.

Un dedo a lo largo del teclado

en perfecto reposo,

llanto y negación,

esbozo e idea,

es viaje, es sueño.

Mujer en la lluvia

X

Al principio, al final de las pequeñas runas.

El presente que ya dejó de ser futuro

y se desintegra sobre la espuma.

El albedo que sueña con gaviotas.

La borrasca que sacude puertas y ventanas.

La lluvia se precipita lentamente

en las alturas de tu conciencia,

vestigio de ataduras e indicios.

Es este el karma de mi memoria,

llamarte cuando todo se detiene,

y el hilo deja de darme la rueca.

Tocarte con la punta de los dedos

y que no te desvanezcas

sobre las cuerdas desnudas

de la garganta de un hombre,

en su guitarra y en sus manos

intrépidas, amantes.

En esa lejanía cercana,

en la distancia más inmediata

descansar sobre los

pétalos del tiempo.

Paisaje de Niza

XI

Vuelvo de Niza un instante

en un carro con diecisiete hipocampos

de tenue bermellón, para escuchar

la voz de Daly y reposar de un viaje

de diecisiete años.

Pasear distraída por la bahía

repitiendo tus versos y contemplar

a una niña en el puente que une

San Francisco con Oakland,

a un niño con las manos llenas de flores,

lo que hay de relativo en tu sonrisa,

el silencio de los jarrones de la colina de Kopanos.

Beber a la misma vez; a las doce en punto,

desde mundos paralelos y nutrir cercanías

amarrando la levedad de un respiro

al segundo que nos separa.

Vengo a recoger estrellas en el lago

con una vasija de barro,

hacerlas mías para alumbrar el camino,

ponerlas en libertad cual esporas

dispersa sobre la cresta de los vientos,

y danzar con ellas aferrándome a la crin de Babieca.

Buscando la caricia en un gesto,

el recorrido en el suelo de la pelvis,

dócil ungüento de tu ánima,

delicada seda hecha con polvo de mariposas,

migajas y suspiros.

Hay pasajes que al otro lado no existen.

Una ciudad flotante y el murmullo placentero

de sus canales, la comezón al decir “voilà”.

Allá, donde abundan abedules y torres de Babel,

esto no es un chal, es una llave.

Mujer cabizbaja

XVIII

Ven, siéntate,

la tinaja cae gota a gota

como el reloj del campanero,

allí entre las enredaderas.

Calma tu sed en este patio abierto,

la claridad nos duele todavía

y nos recuerda esas siluetas.

Ah, cuánto las he amado ¿y tú?

Bondadosa es esta época.

No voy a olvidar las veladas de febril agonía,

el calor de su mano,

mi respiración y mi tos.

Si cierras los párpados puedes ver el zanjón

y allá todavía la Alameda,

la casa del panadero,

la loma que yo piloteaba con mi velocípedo,

a veces era peligroso.

He visto almas a través del mosquitero.

¿No te parece el mar? no está muy lejos,

si tapas tus oídos escucharás las olas,

la ronda, aquellos niños cantaban conmigo,

les agarraba fuerte.

Poco a poco me adaptaba

a la temperatura del agua, era verano

y no se lo puedo reprochar a nadie,

en esos instantes solía alejarme.

Mi temor duró algunos años.

No cambio ninguno de estos paisajes

por aquellos que he visto por ahí,

ni siquiera esos donde la nieve toca el cielo

y los Alpes te devuelven el aliento

en ampollas de perlas.

Los colinas de aquella isla

parecen las de otro mundo.

La gente del Tirreno es rara pero noble,

pastores, labradores.

En agosto las casas

se llenan de moscas y sientes el olor

de las ovejas por todas partes.

El mar es tibio y se parece mucho al mío.

Si he de imaginar cierto tipo de mujer

quisiera fuera como tú, con tu manera

de pasar inadvertdia o pretenderlo.

Recuerdo cuando me tenías en brazos

y yo cabía en la palma de tu mano.

¿De mis andares?

Aprietas las manos,

me indicas para que vea,

vuelves a abrirlas, y mi Dios,

están llenas de violetas.

Manos con violetas

XIX

Lobo emerge entre árboles y voces

lleva un astro que palpita en su costado.

Le aúlla a su aleta de plata

a un triángulo volátil

y a un viajero.

Valles de roca caliza le hablan,

piedra monolítica, fortaleza

y aposento de cazadores, cuadrúpedos

e historia de anfibios.

Lleva el líquido de las conquistas, el rojo lucero.

Ríe y el aire se confunde con el hielo

que protege a los guardianes,

se sumerge otra vez,

vuela junto a la quilla de los fenicios,

genes de elástica fibra, lisa, sin escamas.

Añora correr entre los árboles

pero el rumor se disipa,

la tierra se humedece en la retina

y el astro en su costado

regresa a las profundidades.

[Estos poemas de Tony Fernandez pertenecen a su libro El exorcismo de las horas, que se puede encontrar en Amazon.com en el siguiente link: http://www.amazon.com/Exorcismo-las-Horas-Spanish-Edition/dp/146334645X/ref=sr_1_1?ie=UTF8&qid=1386970547&sr=8-1&keywords=El+exorcismo+d]

Tony Fernandez

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About the Author

Pianista, tecladista y compositor cubano. Egresado de la Escuela Nacional de Arte (ENA) de la Habana, Cuba en 1991. Se desempeñó como profesor de piano en la ENA y la Escuela de Música Moderna (Modern Music School, MMS) en Alemania, desde1994 hasta 2010. Ha realizado numerosos conciertos y giras por Europa, entre las que se destacan Homenaje a Mongo Santamaría, leyenda de la percusión afro-cubana (compositor de los grandes standards de Jazz Afro Blue y Watermelon Man), CuBop Funk, quinteto de Latin Jazz alemán y el grupo del percusionista cubano Roberto Santamaría, en Austria y Alemania. Otras presentaciones en Holanda, Suiza, Francia, Austria, Liechtenstein y Turquía. Fue tecladista de la banda latina de Rock Labana que oficialmente acompaña al cantante “Lou Bega” (conocido por su hit internacional “Mambo No. 5”). Recientemente ha colaborado con dos grandes estrellas de la salsa, Willie Rivera (Perú) e Hildemaro (Venezuela) y con la Orquesta Hispánica de Montreal en Canadá. Ha realizado producciones musicales y grabaciones en Francia y Alemania, así como un álbum de música electrónica experimental, “Necesse Momentum” (Montreal, 2012). Actualmente se encuentra preparando su nuevo proyecto musical “Pianovoxs”, en el que incursiona como cantante y una suite de piezas para piano. Para mayor información visite: www.TonyFernandezMusic.com

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