Ecce Homo, ya crucificado

Written by on 25 octubre, 2016 in Literatura, Poesia - No comments
Literatura. Poesía.
Por Aurelio de la Vega…

 

Para Manuel Gayol Mecías, que sabe de las cosas serias.
Con un fuerte abrazo, Aurelio de la Vega 
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Autor Salvador Dalí, 1951; técnica: óleo sobre lienzo, estilo surrealista, localización en el Museo Kelvingrove, Glasgow, Reino Unido. Creative Commons

Ante el cuadro de Salvador Dalí, El Cristo de San Juan de la Cruz

Mirando hacia abajo,
al mundo que no te merece,
sufres fuera de razón
sin saber el fin.
Lo oscuro del espacio,
ya dada la muerte,
preludia el supuesto azul
de un paraíso infinito,
donde el Padre espera.
Lo diste todo,
alma llena de milagros
y cuerpo atormentado,
para que el hombre lograse mejoría.
¿Le preguntarás a tu propio Creador
por qué tanta miseria,
por qué ignominia,
por qué horrores,
por qué soledad,
por qué tristeza,
por qué ineptitud?
Al ascender,
¿podrías hacerle creer
que no dio en el blanco
y que el error permanece sin pagarse?
Esa cabeza inclinada,
¿es que agonizas con sabor cruel
o contemplas la luz a tus pies,
pronto a bajar a Port Ligat
que puede ser también
tu mar de Galilea?
¿Te urge dejar atrás la cruz,
desprenderte de los clavos perversos,
consentir con que suba sola,
inerme, aupada en nubes,
para que lleve el mensaje
de que las cosas andan raras?
¡Cómo sientes que otra convivencia
con los de abajo podría por fin salvarlos!
Quizás vuelvan las traiciones,
las ventas, las penumbras que te ahogaban,
y dos mil años más tarde
se repetirían los pavorosos escenarios
y tendrías que pedir
que bajasen de nuevo la tosca cruz
para hendir otra vez las ranuras con tu sangre
y volver a contemplar las turbas espantosas
gritando,
espuma en boca,
alzados puños siniestros
para que nada cambie,
y los malvados del mundo
se sigan golpeando el pecho
con imbecilidad perenne.
¿Pero si pudieses repetir
aquel Lama Sabachthani inmenso
que no era otra cosa que el ansia
de renovar, por si te oían?
Todo el tiempo en que habitaste allá,
¿lograste convencer al Punto Uno Trinitario
de que lo hecho era imperfecto,
que aquello del hombre a semejanza del Supremo
fue por mal camino
y que el desvalido humano
dejado indefenso, deforme,
imperfecto, vacío,
no tenía culpa de sus huecos
y que un renacer era imperante?
Ante los oídos que no oyen
¿bajarías de nuevo al reino terrenal
y otra vez ofrecerías sacrificio
para convivir con nosotros,
pobres briznas de galaxia absurda,
dejándonos estrechar tu mano humana,
desposeída ya de la divinidad,
ser total de carne y hueso vulnerable
que vivirías en valle de lágrimas perpetuo
para que tu boca nos diera sonrisa
y creyéramos de nuevo en la esperanza?
¿Sería posible que instantáneamente
todo cambiase?
¿Qué tu renovada inmolación
por quedarte acá
conmoviese a los cielos,
y un hombre rehecho,
en medida mejor,
deambulase sin tumbos
para mayor gloria de los tiempos?
Entonces, tu nueva venida
redimiría a los poetas, a los sabios,
a los filósofos que buscaban rasgar el teorema,
a los artistas que ya no creerían sin saber por qué,
y los Santos cantarían como nunca,
y las trompetas de oro en manos de los ángeles
le dirían a San Juan de la Cruz
que su misticismo no fue en vano,
y Tú subirías feliz
para habitar otra vez con tu Padre,
otro reflejo del nuevo mundo
que ahora sí era la imagen
del Gran Señor.
En esos días
no mirarías hacia abajo,
no anhelarías redimirnos de nuevo,
y andarías por los cielos
más resplandeciente que nunca,
más verdadero que antes,
más hermoso que ayer,
más humano que jamás.
De este modo,
la cruz no es ya necesaria,
su símbolo pura geometría,
su figuración clarificada,
su perpetua angustia diluida,
su peso convertido en aire.
Sube sin ella
y a la llegada apláudete,
que tu tentación de andar por estos prados
se convierte ya en felicidad celeste,
triunfante con plenitud enorme,
redimiendo de veras
al nuevo hombre.

Aurelio de la Vega, Northridge, octubre 4, 2016

Aurelio de la Vega

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About the Author

Aurelio de la Vega. Maestro, Doctor y Profesor Emérito Distinguido de la Universidad Estatal de California en Northridge, De la Vega (La Habana, 1925) es un compositor cubano casi desconocido en su país y, sin embargo, muy destacado en el ámbito de la música clásica internacional y en particular en la de Estados Unidos, país donde reside desde 1959. Su música dodecafónica —que puede encerrar sus variantes atonal, pan-tonal, serial y con elementos electrónicos— ha estado exiliada junto a él por 50 años (o quizás más) hasta que, según el Daily News de Los Ángeles, la prohibición de tocar y escuchar sus composiciones en Cuba supuestamente se levantó en el año 2012. De la Vega estudió con Fritz Kramer en La Habana (19431946) y con Ernst Toch en Los Ángeles, California (1947-1948). Fue vicepresidente de la Filarmónica de La Habana, presidente de la Sección Cubana de la Sociedad Internacional de Música Contemporánea (ISCM) y asesor musical del Instituto Nacional de Cultura de Cuba. Entre muchos galardones y premios internacionales recibió el título de Profesor Distinguido del Sistema de Universidades Estatales de California. Ha recibido dos veces el prestigioso Friedheim Award del Kennedy Center for the Performing Arts. Por otra parte, ha sido incluido en un calendario de la Biblioteca del Congreso de Estados Unidos junto a leyendas como Richard Strauss, Aaron Copland y Jascha Heifetz. Su nombre está en dos importantes enciclopedias musicales norteamericanas: Contemporary Composers (Saint James Press, Chicago-London, 1992), que presenta a los 500 compositores más importantes de nuestra época, y The New Grove Dictionary of American Music (MacMillan Press Ltd., London-New York, 1986). Además, la biografía de Aurelio de la Vega está incluida en doce diccionarios universales de música. En el año 2000 la Biblioteca del Congreso de Estados Unidos publicó un volumen de más de 700 páginas, Music History from Primary Sources, que incluyó 100 ejemplos de compositores que van de la Edad Media al presente. Allí aparece De la Vega junto a Bach, Mozart, Beethoven, Verdi, Bruckner, Schönberg, Stravinsky y otros eternos creadores musicales. Junto a ello, ha sido también galardonado por su propia comunidad en Estados Unidos. El Instituto Cubano Americano de la Cultura le otorgó La Palma Espinada en 1997 y posteriormente recibió el premio FACE (Facts About Cuban Exiles) en 2000, año del 75 aniversario de su nacimiento. Otros premios otorgados a De la Vega por la comunidad cubana de Estados Unidos incluyen el Premio Herencia (Herencia Cultural Cubana, Miami, 2004), la Medalla de Excelencia Nacional (Instituto San Carlos, Key West, 2006), el Premio William B. Warren por Creatividad Continua (Fundación Cintas, New York, 2009) y la Medalla Ignacio Cervantes en Reconocimiento a la Creatividad Musical de Toda una Vida (Instituto Cultural Cubano, New York, 2012). A lo largo del año 2016, estuvo recibiendo diferentes homenajes por sus 90 años, cumplidos el 28 de noviembre de 2015. Entre sus más conocidas composiciones pueden citarse el ciclo La fuente infinita (1944), para soprano y piano; Trío para violín, chelo y piano (1949); Epigrama (1953) para piano; Leyenda del Ariel criollo (1953), para chelo y piano; Elegía (1954), para orquesta de cuerdas; Cuarteto en cinco movimientos “In Memoriam Alban Berg”(1957); Estructuras, para piano y cuarteto de cuerdas (1962); Interpolación, para clarinete y sonidos electrónicos (1965); Antinomias, para piano (1967); Intrata, para orquesta (1972); El laberinto mágico, para cualquier número de instrumentos y/o voces (1975); Adiós, para orquesta (1977); Undici Colori, para fagote con proyecciones de collages del compositor (1981); Tropimapal, para nueve instrumentos (1983); Asonante, para soprano y siete instrumentos (1985); Homenagem “In Memoriam Heitor Villa-Lobos”, para piano (1987); Testimonial, para mezzosoprano y cinco instrumentos (1990); Canciones Transparentes, para soprano, clarinete, chelo y piano (1995); Variación del recuerdo, para orquesta de cuerdas (1999); y Recordatio, para soprano, quinteto de alientos y quinteto de cuerdas (2011). [Datos proporcionados por el propio autor. Foto tomada de la revista digital Cubaencuentro]

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