Bolivia: el silencio cómplice de los intelectuales

Written by on 25 septiembre, 2014 in Critica, Literatura - No comments
Literatura. Crítica.
Por Claudio Ferrufino-Coqueugniot…

Bolivia

 

Siempre escuché que la papaya ablanda la carne. Lo repiten chefs y sofisticados gourmands ahora que la cocina se ha aristocratizado y convertido en fenómeno cultural de primera. Antes no importaba el anticucho, por ejemplo; ahora, abundan explicaciones sociológicas, económicas, étnicas del por qué de su presencia. Está bien, muy bien, no hay nada más esencial que comer.

¿Qué ocupa el lugar de la papaya en política? Dinero. Y para este proceso, llamado en Bolivia “de cambio”, no se necesitan calificados gourmets, bastan matarifes de afilada cuchilla y abundancia de efectivo. Sobando billetes en el cuerpo, no solo de los pobres, ablandan hasta el lomo más duro, que otrora se situaba geográficamente en el oriente. Caperucita seduce al lobo y no viceversa.

Sin embargo, no solo cuenta lo contante y sonante, lo inmediato y fácil de conseguir. No hay que llenar aplicaciones ni someterse a pruebas de capacidad. Una simple jura de lealtad, un simbólico lamer de nalgas al caudillo, suelen facilitar las cosas, aflojar las monedas. Al fin el pueblo boliviano es espantosamente básico, humanidad reducida a actividades de devorar y expulsar. La metáfora de la fiesta como síntesis de felicidad, y hasta de vida misma, ha hecho de nosotros multitud simple de conformar. Mesa puesta, alcohol escanciado, orquesta y mariconería de votos de amistad entre hombres, con arrumacos que incluyen besos, conforman el panorama perfecto. Y mano libre para golpear mujeres, que, a pesar de hematomas y heridas abiertas, si no mueren por la golpiza, son las que manejan la economía y las que mandan. Mientras más abajo el grupo social, mayor el fenómeno. En esas amplias polleras no muy aireadas y castigadas radica el futuro nacional, algo que no es nuevo ni invento del catalizador masista; viene de antiguo. En occidente, sí, y poco a poco hacia el este ya que el oriente como elemento autónomo ha cesado de existir. Una parte del trato por preferencias es la aymarización de llano y trópico. Invasión y revuelo de polleras, nuevos mitimaes (no del tipo rebelde sino acólito) con carga milenaria y moderna de ritos, santones, vírgenes, acullico, coca.., ideas preconcebidas y saber “popular” por encima de ciencia o conocimiento.

Decía que no es lo único. Otro aspecto clave está en el caos organizado, manejado desde el gobierno, que da carta blanca a actividades productoras de moneda, sin importar costo ambiental, para delinear una nueva clase amorfa de pillos y delincuentes, apostando que esta en retorno garantizará permanencia e incluso quizá eternidad (aquí entran en juego supuestas tradiciones, alucinaciones, con ánimo de conformar para esa realidad caótica una ideología y una casi religión más caóticas incluso) a los inquilinos del poder.

Superchería y engaño; circo y chicote, dorados por un aura que anula el razonamiento y hace de pensantes europeos tristes bobalicones y de una vil intelectualidad local un hampa literaria y periodística afín al desmadre. La tierra de Peter Pan, donde todo es posible e inmediato. Los saberes ancestrales no exceden ignorantes esputos de trivialidad, lugares comunes con bendición tatal (del tata, no del papa). Inmediatez, la gallina que pone huevos de oro. No importará que la paja en la que se acuesta la ponedora vaya secándose, que la estructura que la alberga comience a colapsar. Nada de eso, viva la fiesta si como por arte de magia hay manera de pagarla. Fiestas a todo nivel, desde la mínima con pífano y tamborita hasta la grande de jumechi y relumbrantes instrumentos.

Para eso se necesita un payaso, alguien que tome el controversial rol de bufón y amo al mismo tiempo. Todas las mitologías abundan en estos seres maliciosos y hábiles, desde la maya hasta la noruega, y, mientras existan, el mundo deja de ser lugar de equilibrio y se convierte en región de mareo: bamboleante, pendular, peligrosa.
Ablandaron hasta las voces. Sobre Bolivia prima el silencio cómplice de los intelectuales.

[22/09/14]

Claudio Ferrufino-Coqueugniot
©Claudio Ferrufino-Coqueugniot

 

About the Author

Nació en Cochabamba, Bolivia, en 1960. Poeta y novelista, ha publicado la colección de prosas breves "Virginianos" y las novelas "El señor don Rómulo", Mención Casa de las Américas 2002, y "El exilio voluntario", Premio Casa de las Américas 2009. "Diario secreto", su tercera novela, ha ganado el Premio Nacional de Novela 2011. Mantiene, desde 1984, columnas periodísticas en diversos diarios del país. Vive desde 1989 en Denver, Colorado.

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