Adicciones

Written by on 4 Junio, 2017 in Critica, Literatura - No comments
Literatura.
Por Mario Blanco…

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El término del título es usado comúnmente como un factor negativo, pero algunos lo usan en sentido de broma y hasta quizás positivamente, para expresar sentimientos fulgurantes como aquel que dice enamorado: “Soy adicto a tu amor o persona”. Los hay también adictos a la escritura, como un amigo médico que tengo en Miami, escribe todos los días: “… lo malo es que creo me ha contagiado y si no me curo de este virus perderé a mi mujer y a mi perro, ambos se quejan de que no les dedico el tiempo acostumbrado”.

Pero esta denominación es más bien usada para expresar determinadas tendencias hacia algunas emociones o actividades dañinas para el ser humano. Una de las más viejas “adicciones” ha sido la del alcohol y el tabaco.

La historia recoge tantos y tantos casos de grandes frustraciones apagadas con el alcohol, de la misma manera que la vía del alcohol ha sido para muchos el sendero de saciar las penas, preferiblemente las amorosas y otras de carácter social o económico. El alcohol etílico se conoce desde antes de Cristo  por la fermentación de cereales y frutas, y desde entonces el sentido de enajenación, sopor, euforia, ha producido tendencias en algunos individuos, a la cual le  llamamos alcoholismo. Tuve un tío alcohólico, Pepe,  que vivía con nosotros y fue una persona maravillosa, su gran desgracia adictiva lo llevó a una valoración negativa por los demás; para mí fue un ser extraordinario, y en los diálogos con él bajo el efecto etílico comprendí la génesis de su tendencia, un fracaso amoroso. En lo particular, solo soy amante de un trago de coñac.

El tabaco, oriundo de nuestra América, vino a conocerse en Europa a finales del siglo XV, pero ya nuestros ancestros americanos lo mascaban y fumaban. De todos es conocido sus efectos nocivos en la salud, pero a pesar de ello probablemente ha sido uno de los vicios o adicciones mas propagados en nuestro mundo, abarcando un porcentaje importante en la población. Últimamente, por toda una serie de razones, la guerra a este tipo de hábito, que al igual que el alcohol, proporcionó en el campo económico cuantiosas ganancias por su explotación, ha ido tomando fuerza y su tendencia es paulatinamente a la disminución. Esta tendencia la hemos llamado tabaquismo. Mi esposa dos veces fue adicta, pero llegó a superar este hábito y, al lado de ella, sufrí su lucha constante por ganar esta batalla. Todavía hoy me dice, a veces el olor del tabaco aun la atrae, pero emerge su voluntad y vence la seducción. En lo personal he fumado cigarrillos por acompañar algún amigo,  y todavía hoy me fumo un habano por entretenerme o puro disfrute, pero jamás llegar al vicio.

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Y qué decir de las drogas, como el opio, la cocaína y la mariguana, que se han constituido en un azote inescrupuloso en los siglos XX y XXI, y que hasta el día de hoy, a pesar  de las batallas y restricciones, sigue siendo una epidemia, pues los adictos sufren en su cuerpo con mayor fuerza las consecuencias del consumo. Por otra parte el mercado de las drogas ha sido tan grande, que pudiera competir con cualquiera de los productos más necesarios para la vida humana, en cuanto a generación de ganancias para aquellos fabricantes y mercaderes. Esta actividad de la cual se pudieran escribir páginas y páginas, de la misma manera que ya  ha  producido novelas y cine, destacándose casi como héroes sus grandes exponentes, tal en nuestra América, Pablo Escobar y el Chapo Guzmán, este último actualmente encarcelado en los Estados Unidos. Pero la “riqueza” obtenida por la explotación de estos productos es una de las más cuantiosas. Esta tendencia se denomina drogadicción. En lo personal nunca he tenido ninguna experiencia ni nadie cercano a mí tampoco.

Pero hoy queremos hablarle de otra droga mucho más sutil y no por ello menos desastrosa para la humanidad. Quizás justamente por esta razón, por su aparente carácter inofensivo y su expresión social aglutinadora y de carácter divertido, resulta más dañina que las otras, y a su vez los récords de destrucción humana, no se perciben ni propalan, en cambio su naturaleza adictiva de penetrar en la vida de las sociedades de forma lenta y aparentemente inocua, ha destruido no solo seres de manera individual, sino familias completas llevadas a la bancarrota y a la miseria, se trata de la adicción al juego, tendencia llamada “ludopatía”.

Hoy leía incluso una noticia relacionada con el “juego de la ballena azul”, donde algunos sádicos aprovechando la tecnología actual, inducían a los jóvenes inexpertos a llevarse paulatinamente a un juego donde cada paso resulta cada vez más desafiante y de mayor temeridad, aspecto que atrae al adolescente y lo incita a lacerarse y auto agredirse, llegando incluso a la incitación del suicidio.

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Justamente este último término, suicidio, ya como la decisión non plus ultra, la mas contradictoria en el comportamiento humano, pues tal como me decía hoy un amigo: “Si no te diste tú mismo la vida, cómo puedes quitártela”. Pero a esos extremos, parte de la humanidad ha llegado, entre otras causas por la adicción compulsiva al juego. Esta epidemia afecta lo mismo a jóvenes que adultos y resulta más grave (porque hace perder las ilusiones en la existencia) cuando se trata de ancianos que después de trabajar toda una vida y luchar por una jubilación, al ingresar en el ejército de los de la tercera edad y buscando entretenimiento, caen en las secuelas del vicio, al punto de quitarse la vida ante los fracasos lúdicos.

La historia de estos suicidios en mi ciudad de Montréal, Canadá, es numerosa. Incluso han tomado la decisión en los mismos terrenos del Casino de Montreal, de colocar fotos de múltiples ganadores a la entrada de ese lugar de juegos, ¡pero nunca han puesto ninguna de los millones de perdedores!

En específico me refreiré a dos casos de conocidos que han caído en esa turbulencia. Uno incluso me invitó y asistí con él al Casino, y perdí esa noche 200 dólares, cuando él ganó cerca de mil, y le dije entonces, primera y última vez que hago esto. Considero que es un bello lugar para perder el dinero, aquí solo puede asistirse con la plena convicción, de que en aras de divertirte un rato, pagarás una cuota de tu bolsillo, y tratar sea la menor posible.

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Él, eufórico, siguió asistiendo, al cabo de un año lo perdió todo, incluso su trabajo y la jubilación que tenía ya ahorrada en el mismo. Dos años más tarde fue internado en un centro de rehabilitación mental, y por ahí anda incluso sin familia, como un ente humano solitario al amparo de la sociedad, pues hasta este preciado tesoro perdió.

El segundo es más triste, pues recientemente se suicidó, para dejar una familia joven desamparada y siendo él un hombre trabajador, amigo de sus amigos, un muchacho que yo bien conocía y que ha dejado en la comunidad nuestra de Montreal un vacío, una interrogante de cómo pudo ser, una decisión última que quizás para muchos resulta inexplicable y que solo él, abrumado, apenado y avergonzado, y sin buscar ayuda profesional, se llevó a la dizque otra dimensión. Siempre he considerado esa supuesta solución, el suicidio, como una cobardía ante las malas decisiones tomadas en la vida; pero que sean productos del juego es realmente triste, alarmante y desconsolador.

El juego abunda en las sociedades de mil diversas maneras y creo no podrá erradicarse fácilmente. Recuerdo cuando era chico que se jugaba a las cartas españolas, el Tute y la Brisca, el dominó, el ajedrez mas tarde, pero no mediaba el factor dinero. La confusión está cuando primeramente entra el factor financiero en el juego, aunque muchos otros dicen, si no hay ese incentivo el juego de adultos se torna entonces fútil, burdo y sin gracia. Creo que una de las pocas cosas buenas del gobierno actual de mi país ha sido rechazar la inserción oficial del juego, que no por ello ha dejado de existir, constantemente este pulula en la población, pero no es oficialmente aceptado.

En fin, esta epidemia, que afecta hace años a nuestra sociedad, solo la veo controlable si desde la base familiar se educa a nuestros hijos a no caer en ese mal, que corroe y desquicia, y ha traído y trae, tantas desgracias en nuestras vidas.

 [26/04/2017]

©Mario Blanco. All Rights Reserved

 

 

 

About the Author

Mario L. Blanco Blanco, Santiago de Cuba, 1949. Ingeniero naval. Estudió en la Politécnica de Gdansk, Polonia. Trabajó durante algunos años en el Mitrans, organismo central en la dirección de inversiones. Durante el período del 1986 al 1989 se desempeñó como Presidente del Poder Popular del municipio Plaza de la revolución en Ciudad de la Habana. Trabajó luego en el sector marítimo de la Pesca. Fue director de la empresa de Tintorerías y Lavanderías de Ciudad de la Habana. Reside en Montreal, Canadá, desde 1987.

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